11/07/2020

La ilusión de Larreta para despegarse: “Si para el 17 estabilizamos, abrimos”

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Apuesta a que baje el COVID en la Ciudad y diferenciarse un poco de Alberto Fernández y Axel Kicillof.

Cada uno tiene su propio aislamiento. Esta semana están retrocediendo a una cuarentena más rígida los quince millones de habitantes que viven en el AMBA, esa megalópolis que va de Campana hasta La Plata, y de la Ruta 6 al Río de la Plata. Pero también tiene que someterse a un encierro Horacio Rodríguez Larreta. La pandemia se transformó en un laberinto político para el jefe del Gobierno porteño: está obligado a tomar medidas coordinadas con Alberto Fernández y Axel Kicillof​, ambos peronistas, preservando su perfil opositor. Y hay días en en que suena a quimera.

Sabe que no le queda mucho tiempo para marcar esa diferencia. Después de compartir la quinta conferencia de prensa consecutiva con Alberto Fernández y con Axel Kicillof, intentará ponerle un horizonte a la cuarentena de los porteños. Apuesta todo a quebrar la tendencia ascendente de los contagios y las muertes en las próximas tres semanas. “Si el 17 de julio estabilizamos, abrimos otra vez”, ha prometido delante de su gabinete. Una invitación privada al riesgo.

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Lo primero que hace Rodríguez Larreta cuando llega a la mañana a la sede del gobierno en Parque Patricios es chequear el factor R0 de los porteños. Es una variable epidemiológica compleja que se ha convertido en lugar común del argot ciudadano. A falta de partidos de fútbol local o de la última obra de teatro de la calle Corrientes, se ha vuelto frecuente discutir en la calle sobre el R0 del barrio de La Recoleta o el de La Boca. Se trata del factor que evalúa la cantidad de contagios que puede generar una persona que acaba de infectarse con coronavirus.

La cuestión pasa por conservar el factor R0 por debajo de 1. Si está por encima, el virus se multiplica y, si el R0 es menos de 1, la señal es que la contagiosidad disminuye. El R0 actual de la Ciudad evoluciona alrededor de 1,12. La novedad es que en los barrios vulnerables como la Villa 31 el R0 está por debajo de 1. Rodríguez Larreta necesita que el R0 total de los porteños descienda y la contagiosidad se ponga en retirada. Si eso ocurre, para el 17 de julio podrá cumplir con la promesa de reabrir la cuarentena extrema. En caso contrario, tendrá que extenderla.

La apuesta sanitaria confluye ahora con la apuesta política. Como le sucedió al Presidente, Rodríguez Larreta creció en las encuestas en los primeros meses de la cuarentena. Pero esos mismos sondeos le han comenzado a mostrar los límites de la estrategia del consenso permanente. La suspensión de las salidas a correr, el pulmón de alivio físico y psicológico que habían encontrado muchos porteños en medio de la pandemia, es el mayor costo político que debe pagar el Jefe de Gobierno. Y la frase del ministro Ginés Gonzalez García​, admitiendo que se suspendió a los runners más por simbología que por una cuestión epidemiológica, lo dejó a Horacio un poco más expuesto.

“Si cerramos los comercios, no podemos dejarlos a los runners que sigan corriendo”, es la justificación con la que Rodríguez Larreta afronta internamente los diecisiete días que pueden ser decisivos para su posicionamiento futuro. No fue una decisión fácil. A las seis de la mañana se acerca cada día a los bosques de Palermo y trota durante media hora. Desde que se había retomado el running, muchos lo saludaban y el “vamos Horacio” se escuchaba con frecuencia en ese territorio favorable. Son varios, entre los dirigentes que lo acompañan, los que creen que haber mantenido los paseos recreativos con chicos puede no alcanzar para compensar políticamente el malhumor de los corredores.Mirá tambiénCoronavirus en Argentina: confirman 48 muertes y otros 2.335 nuevos casos, en las últimas 24 horas

El nombre de Rodríguez Larreta apareció durante el fin de semana en el documento de Juntos por el Cambio que denunció las últimas movidas del kirchnerismo como un modo de buscarse un espacio de impunidad. Fue un gesto de opositor duro que resulta oportuno para contrarrestar las críticas del ultra macrismo por sus apariciones frecuentes con el Presidente. Entre los firmantes no se dejaron ver los gobernadores radicales Gerardo Morales y Rodolfo Suárez, necesitados como Horacio del auxilio de los fondos nacionales y mucho más con la enormidad de la crisis.

Es cierto que si la salida de la pandemia esta lejos todavía, el momento de pensar en las elecciones legislativas de 2021 está políticamente a años luz. Rodríguez Larreta debe salir indemne del alud de contagios y muertos; necesita conseguir que no se quiebre el presupuesto de la Ciudad y lograr que la coalición con los radicales y Elisa Carrió​ no naufrague. Dentro del PRO, sabe que su mayor adversario puede ser Mauricio Macri si es que el ex presidente decide ponerse a prueba otra vez ante la sociedad que lo rechazó mayoritariamente hace un año.

Si hay algo que mostró «el almuerzo del COVID”, como llaman irónicamente al encuentro que Horacio mantuvo con Martín Lousteau, Emilio Monzó y María Eugenia Vidal en el edificio inteligente de Parque Patricios, no es sólo que la ex gobernadora estaba contagiada del virus. También dejó en evidencia que el proyecto que allí se cocinaba es el de una coalición opositora sin Macri. O al menos con Mauricio en un plano secundario. Una hipótesis que los últimos tuits del ex presidente pusieron en suspenso.

La otra gran incógnita que se plantea sobre el futuro del jefe del Gobierno porteño es cuánto rating tiene la moderación como oferta electoral en la Argentina. Rodríguez Larreta apuesta a consolidar esa bandera. Cree que Alberto Fernández se seguirá radicalizando hasta mimetizarse completamente con Cristina y el kirchnerismo duro. Y que allí puede encontrar el camino abierto para su proyecto, mezcla rara de tecnocracia, chomba negra y acuerdismo político.

Ya se sabe lo que la crueldad sin pausa del país adolescente suele hacer con los moderados, las avenidas del medio y los intentos fallidos de cambio cultural. Lo cierto es que la pobreza avanza y el desarrollo se sigue postergando mientras pasan las décadas y los enamorados de la política extrema se suceden en el poder.


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