26/01/2021

Quién es Soledad Acuña, la ministra de Educación porteña que encendió la polémica: casada con otro político y madre de dos hijos

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En marzo, antes de las declaraciones que formuló respecto a la edad de los docentes, y de que se la cuestionase por haber estudiado en una escuela dirigida por un ex oficial de la organización nazi SS, habló con GENTE sobre su modelo educacional y su paso por aquel colegio de Bariloche.

La frase que pronunció la última semana pronto la elevó al candelero de la polémica: «La mayoría elige la carrera docente luego de haber fracasado en otras». Y la portada de Página 12, donde se la relaciona a Erich Priebke, el ex capitán de la Oficina Central de Seguridad de las SS que dirigía en Bariloche el colegio alemán Primo Capraro, donde ella estudió, no hizo más que terminar de conformar el mayor combo posible de ataques a su persona… Pero, ¿quién es en realidad María Soledad Acuña, la ministra porteña de Educación que se convirtió en Trending Topic nacional a partir de ambas situaciones?

Nacida el 23 de marzo de hace 45 años, la esposa de Diego Kravetz(49, jefe de Gabinete de Néstor Grindetti, intendente de Lanús) y madre de dos varones (Santiago, de 11, y Tomás, llegado al mundo en plena pandemia), así hablaba con GENTE en marzo respecto a esos y otros temas de plena actualidad…

La portada que la relaciona a Erich Priebke.

–Un desafío ser mamá de dos varones en una época considerada bisagra en la relación entre mujeres y hombres, ¿verdad? –le preguntaba entonces GENTE.

–Exacto. Y es difícil formar ahora a un varón. Gran responsabilidad. Cuanto cuestiono de la cultura machista y del patriarcado histórico de nuestra sociedad, debo modificarlo ahora ante mis hijos; y sin pasarme de rosca. En los últimos tiempos hubo un cambio que notamos en la Capital. Al tiempo que la discusión sobre el aborto y los abusos provocó que las chicas dieran un paso y visualizaran y desnaturalizaran un montón de situaciones de desigualdad, desde el mundo adulto no supimos acompañar semejante proceso y las llevamos a un punto, en algunos casos, donde las volvimos enemigas de los varones.

–Y eso tampoco está bien…

–Tampoco está bien, porque no ayudamos a que ellos asuman esa mirada. De la misma manera que aprendí sobre jugadores de fútbol para tener un diálogo con mi hijo, debo acercarme para formarlo en la igualdad de género… Cuando me vine de Bariloche para estudiar traje un libro de mamá, Cocina fácil para la mujer moderna, que nunca abrí –soy cero cocinera gourmet– y quedó en casa. El otro día Santi lo descubrió y me preguntó: “¿Por qué tenés ese libro estereotipado? ¿El hombre no cocina?”. Le contesté: “Te doy la razón” y pensé: “Venimos bien”.

Embarazada, en la sede del Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires ubicada en el Barrio 31, Retiro.

–¿Cómo educa a su joven hijo la ministra de Educación –valga la redundancia– y cómo educará al que viene?

–De chica transité todas las opciones de gestión: pública (Escuela Nº 71 de Bariloche), social (el Colegio Integral Vuriloche, un modelo innovador pedagógico, que promovía la autoevaluación y abundaba en debate y diálogo con los docentes) y privada (Instituto Primo Capraro, alemán, estructurado), para terminar en la Universidad de Buenos Aires (Facultad de Ciencias Sociales). A partir de la experiencia, elegí para mi hijo una escuela privada con un modelo de la zona de Reggio Emilia, Italia, que se construye sobre la base del descubrimiento, de escuchar la palabra de los chicos y darle libertad al aprendizaje, respetando sus tiempos y permitiéndoles crear.

–¿Entonces?

–Bueno, acerqué la idea reggiana cuando era subsecretaria y la pusimos en práctica cuando asumí como ministra. Entonces extendimos la filosofía de este modelo a la capacitación de los jardines públicos, con los mismos materiales desestructurados y enfocando a la autonomía de los niños y niñas… Se trata de una base que ayuda de cara a la formación primaria y secundaria, en plena transformación a nivel nacional y mundial. Antes discutíamos si en el aula debía haber una computadora por alumno: ahora no sólo queremos que los alumnos usen su lenguaje, sino además que aprendan a razonar, para que el día de mañana puedan crear tecnología.

Su esposo Diego Kravetz (jefe de Gabinete de Néstor Grindetti, intendente de Lanús) junto al recién nacido Tomás.

–¿Y de qué manera se aborda tal transformación?

–Hace cuatro años iniciamos la Secundaria del Futuro, que busca preparar a los alumnos para estos desafíos. Teníamos un plan de estudios actualizado. Ya sabíamos qué debíamos enseñar, pero necesitábamos cambiar la forma en que los docentes transmitían contenidos. Hoy no sirve enseñar las capitales de la Unión Europea (toda la información se encuentra en cualquier teléfono).

–¿Qué sirve hoy?

–Saber cómo influye el Brexit en las capitales de los países y en la UE. Por eso venimos trabajando por cambios de conocimiento y no por asignaturas segmentadas, con parejas pedagógicas, y por proyectos y no por temas aislados. Las escuelas públicas y privadas vienen preparándose. No es lo mismo lo que un chico espera en la actualidad de un docente, que lo que necesitaba hace diez o cinco años. Debemos ayudarlo a pensar, seleccionar y usar la información para resolver problemas.

Soledad tras dar a luz.

–¿Léase que cambia el rol de los maestros y su forma de enseñar?

–¡Y cómo! Por eso nosotros venimos reentrenando fuerte a los de la Ciudad (pasamos de 20 horas anuales de capacitación, a 100), y a la vez buscamos un perfil distinto de los nuevos docentes. De allí que dos años atrás creamos la Universidad de la Ciudad de Buenos Aires –ya salió la ley–, que complementa la formación previa de los institutos terciarios. Apostamos a la educación universitaria de nuestros maestros, para que sean los líderes de estos procesos de transformación en las escuelas. Se necesita…

–¿Qué se necesita…?

–Sumar las herramientas que les permitan a los alumnos, una vez que termina su educación obligatoria, sentirse preparados para un mundo en el que habrá empleos que ahora no existen y dejarán de existir otros que ahora hay.¡Atención! Tampoco descuidemos un aspecto fundamental: no alcanza sólo con la escuela, se necesita el complemento de la familia…

En la sede porteña de Educación.

–Volvamos a su caso en general, y a su hijo en singular…

–Mi hijo es un lector ávido porque, si bien en la escuela aprendió a disfrutar de los libros, observa que en casa leemos bastante. Mi hijo ve cómo tratamos sus padres al portero, al verdulero y a la cajera del súper y toma nota. Mi hijo protesta, pero el fin de semana nos muestra sí o sí sus carpetas y controlamos que no falte nada en su cartuchera. Mi hijo acepta los horarios de uso de tecnología…

–¿Y qué lugar ocupa el Ministerio desde su posición?

–Nuestro Ministerio cuenta con programas destinados a que la familia se involucre. Es tan importante la educación en casa como en la escuela. Ninguna alcanza por sí sola. Son una sociedad. El oficio de ser estudiante se lo enseña la escuela; los hábitos, los valores, se los da el hogar… Sí, sí, nosotros también tenemos que ser un poco maestros Siruela.

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