13/04/2021

¿Qué le ven a “MasterChef”?

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Nunca comprendí la fascinación que genera
MasterChef
, en ninguna de sus versiones. Cómo es que capta la atención de tantos. Es un misterio para mí. Sí entiendo su objetivo: el reality de Telefe siempre fue el remanso en un tipo de programación del género signada por el escándalo, como Bailando por un sueño o Gran Hermano.

Acá no hay peleas ni griteríos con la misma incidencia que en el show de Tinelli o en la casa más famosa, pero tampoco hay participación del público. La audiencia queda librada solo a una suerte de tribuneo, muy fomentado por el diálogo en Twitter, en el que no tiene incidencia sobre las decisiones que se toman, es decir, quién sigue o quién queda eliminado del programa. Entonces, ¿cuál es la gracia?

Hay otra cuestión: MasterChef tampoco enseña. Si uno quisiera aprender a cocinar esos platillos exóticos o darle una refrescada culinaria al menú familiar (pienso en cómo creció la cocina hogareña durante la pandemia), tampoco se aprovecha.

El formato de documental, el carácter de competencia y el poco tiempo que está al aire, impiden que uno esté atento y pueda tomar nota sobre cómo preparar algo, o conocer esos tips que hacen a la diferencia de cualquier comida y que mostraban los canales como el Gourmet.

Es como mirar comer desde la ventana de un restaurante: el gusto nos queda librado a la imaginación. Solo podemos confiar en el criterio de los chefs-jurados, que califican a los participantes con principios de alta cocina que solo ellos entienden.

Sin mencionar que palabras más, palabras menos, el dictamen se repite hasta el hartazgo. Ya sabemos que uno va a ser duro, el otro justo y el tercero simpático. No hay ninguna novedad ahí.

En fin, no se cumplen los principios de la lógica televisiva: no aprendemos, no nos informamos, no decidimos los jugadores.

¿Qué nos queda entonces?

Ver a los famosos someterse al jurado y tribunear desde una red social, esto último tan propio de la herencia del fútbol y del argentino en general.

La gente “habla” y “discute” por Twitter lo qué está ocurriendo en una suerte de cofradía en voz alta que no hace más que validar sus propios dogmas. Ese intercambio tuitero es el único alimento del programa que se vuelve palpable y hasta, tal vez, tóxico.

¿La gente mira MasterChef porque le gusta o porque necesita algo de qué hablar en Twitter? Algunos lo considerarán entretenimiento, creo que es un signo más de la decadencia de la tevé por aire y una pequeña prueba de cómo estamos necesitando reunirnos a comer con gente real. Aunque sean panchitos.

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