12/04/2021

Se complicó la situación del comerciante: le sumaron otra imputación, y para el fiscal, no hay legítima defensa

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La situación judicial del comerciante que baleó a una joven y a un asaltante en la ciudad de La Calera se complicó por estas horas. El fiscal del caso, Guillermo González, decidió agravar la acusación con la inclusión de la figura de lesiones graves agravadas, además de la de abuso de arma, que ya pesaba sobre él.

El episodio delictivo ocurrió el lunes a la noche en La Calera y se inscribe en una seguidilla de robos y asaltos de todo tipo que hace meses tiene a maltraer, sobre todo, a vecinos que viven en la Capital provincial y en el Gran Córdoba.

De acuerdo a la reconstrucción policial que lidera el fiscal Guillermo González, minutos después de las 21.30 en calle Los Claveles al 2300, de barrio Cuesta Colorada, en La Calera, a esa hora, una mujer de 37 años que había salido a pasear al perro fue abordada por un solitario motochoro, quien bajo amenazas verbales le quitó el teléfono celular iPhone 8.

El robo fue advertido por un hermano de la víctima, quien salió rápido hacia la calle y se abalanzó sobre el motochoro. El forcejeo y los gritos pusieron en alerta a un comerciante vecino, Omar Leandro Marty (47), quien se asomó con una pistola Bersa semiautomática en la mano.

Los testigos contarían después que escucharon varias detonaciones. Hasta ahora, las referencias apuntan a una sola arma en toda esta historia, la de Marty, pero todo está en suspenso: falta mucho aún por investigar.

Lo concreto es que el motochoro fue herido por la espalda. Alcanzó a escapar, pero minutos después fue capturado cuando llegó por sus propios medios al hospital de La Calera: tenía una herida en la zona lumbar, con orificio de entrada. El sospechoso fue identificado como Maximiliano Zárate (20).

Y en la balacera también resultó herida Ludmila Olivera (19), una vecina de la zona que terminó alcanzada por un tiro cuando corría en auxilio de la mujer abordada por el motochoro.

Imputación y agravamiento

El fiscal González decidió imputar al comerciante por abuso de arma y, por estas horas, agravó su situación judicial. Le sumó lesiones graves agravadas (por el disparo a Ludmila).

Para el fiscal, «no se da, por lo que hay de la prueba , ni legítima defensa propia ni de terceros. Cuando empezó a disparar ya había courrido el asalto».

Al respecto, señaló que no aparecen los dos elementos fundamentales que justifiquen las condiciones para la alegación de una legítima defensa: la falta de racionalidad en el medio empleado (el asaltante estaba desarmado) y la carencia de respuesta proporcional (el asaltante estaba armado y el comerciante, armado). 

El funcionario judicial indicó a La Voz que en momentos en que el asaltante estaba escapando, el comerciante le disparó por la espalda. 

 

 

La zona del hecho. (La Voz/Nicolás Bravo)
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