12/06/2021

‘Encuéntrenlo y mátenlo’: El desesperado escape de un piloto en Kabul

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The sister and brother of Afghan Air Force Maj. Naiem Asadi throw water behind the family as they leave their house in Kabul Ñ a tradition that is supposed to bring light to the path of a traveler and bring them home sooner Ñ on June 1, 2021. Threatened by the Taliban and considered AWOL by the Afghan military, Asadi, a decorated helicopter pilot, fled for the United States with his wife and daughter. (Kiana Hayeri/The New York Times)
The sister and brother of Afghan Air Force Maj. Naiem Asadi throw water behind the family as they leave their house in Kabul Ñ a tradition that is supposed to bring light to the path of a traveler and bring them home sooner Ñ on June 1, 2021. Threatened by the Taliban and considered AWOL by the Afghan military, Asadi, a decorated helicopter pilot, fled for the United States with his wife and daughter. (Kiana Hayeri/The New York Times) (Kiana Hayeri/)

Especial para Infobae de The New York Times.

KABUL, Afganistán — La familia Asadi se levantó antes del amanecer del martes tras una noche de sueño agitado.

Se vistieron rápidamente con ropa nueva comprada el día anterior y metieron unas cuantas pertenencias valiosas en dos maletas y dos mochilas.

El comandante Naiem Asadi estaba a punto de hacer la mudanza de su vida, una que separaría a su familia de sus seres queridos y del único país que han conocido. Mientras él y su esposa, Rahima Asadi, subían el cierre de su equipaje, les preocupaba que obstáculos imprevistos bloquearan el camino hacia su destino final.

El condecorado piloto de helicóptero de las fuerzas aéreas afganas llevaba siete meses escondido con su mujer y su hija, Zainab, de 5 años. Los talibanes lo amenazaron de muerte y publicaron su fotografía en internet con la consigna “Encuéntrenlo y mátenlo”, comentó.

Además de ser piloto, es hazara, miembro de una minoría étnica que ha sido atacada repetidamente por los talibanes y el grupo del Estado Islámico en Afganistán. Asadi dijo que incluso los comandantes de la fuerza aérea lo discriminaban con frecuencia por su origen étnico.

Además, sus comandantes estaban furiosos porque se había ausentado sin permiso desde el otoño pasado. Le habían ordenado en repetidas ocasiones que se presentara a trabajar, pero él se negaba.

“Me preocupaba que nunca me permitieran salir porque entonces todos los pilotos querrían ir a Estados Unidos”, dijo en un inglés con un poco de acento.

Sin embargo, ahora Asadi, de 32 años, hijo de un agricultor, graduado en la academia de oficiales militares de Afganistán y, según muchos informes, el principal asesino de combatientes talibanes de la fuerza aérea afgana, dejaba su país natal, probablemente para siempre.

En la pálida luz de la mañana en Kabul, el piloto sostenía tres pasaportes afganos de color verde oscuro. En el interior de cada uno había un sello en toda la página con la imagen de Abraham Lincoln, el cual los llevaría a Estados Unidos: “El titular ha recibido un permiso de permanencia temporal por parte del USCIS durante un año”, decía.

Un abogado estadounidense había ayudado a la familia a obtener el documento conocido como permiso humanitario —una autorización poco conocida del Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos para ingresar al país durante un año—, pero solo después de que el Ejército estadounidense revocara abruptamente una solicitud de refugio similar que había sido aprobada inicialmente en octubre, como informó en primer lugar Stars and Stripes.

El Departamento de Defensa consideró que la solicitud del piloto, presentada el pasado otoño, “no había sido examinada en su totalidad”, lo que llevó al departamento a retirar su apoyo, dijo el mayor Robert Lodewick, portavoz del Pentágono, mediante un comunicado.

El Departamento de Defensa “habría estado en la posición de instigar la deserción de un oficial afgano en servicio, ya que Asadi no había informado a su cadena de mando de su solicitud del permiso”, dijo Lodewick.

“Es una pena. Lo hizo para escapar de servir a su patria”, dijo el teniente coronel Jalaluddin Ibrahimkhel, portavoz de la fuerza aérea afgana, y añadió que ahora es más probable que otros “pongan excusas y escapen”.

Ahora que las fuerzas aéreas afganas luchan por apoyar a las tropas de tierra a medida que las fuerzas estadounidenses retiran el apoyo aéreo y los mecánicos de vuelo esenciales, la huida furtiva de Asadi planteó una cuestión elemental: si el piloto estrella de los helicópteros de ataque del país podía abandonar su puesto, ¿qué iban a pensar otros pilotos afganos y otros soldados?

Muchos pilotos y soldados han sido amenazados por los talibanes. La mayoría solo puede soñar con trasladar a sus familias a Estados Unidos.

Asadi admitió que sus acciones podrían minar la moral de las fuerzas aéreas, pero dijo que actuó para protegerse a sí mismo y a sus familiares. Dijo que ignoró las órdenes de presentarse al servicio porque temía ser detenido por deserción.

No obstante, dijo que el año pasado había cumplido su compromiso de diez años con el Ejército, al servir ocho de ellos como piloto, registrar 3000 horas de vuelo y participar en innumerables misiones de combate. “No he hecho nada malo”, señaló.

Para aquellos con los que sirvió, era un héroe.

El capitán de la Fuerza Aérea Robert Yost escribió que, en julio de 2020, Asadi voló uno de los dos helicópteros armados MD-530 que protegían el lugar donde se estrelló un piloto de la Fuerza Aérea de Estados Unidos derribado en el norte de Afganistán hasta que fue rescatado.

“Este es uno de los innumerables sucesos en los que las acciones del comandante Asadi han protegido y salvado vidas”, escribió Yost en una declaración incluida en la solicitud de 2020 del piloto.

En la misma solicitud, un subsecretario de Defensa, Ezra Cohen, escribió sobre Asadi: “El solicitante y su familia están en peligro inminente de ser asesinados por los talibanes”.

Después de que su solicitud fuera revocada en octubre, los pasaportes de la familia fueron entregados al Ejército estadounidense, dijo Kimberley Motley, una abogada de derechos humanos que vive en Carolina del Norte. Asustado, Asadi llamó a un amigo, que se encargó de que la familia viviera en la base aérea de Bagram, una instalación estadounidense.

Mantuvieron un perfil bajo. Los miembros del servicio estadounidense ayudaron a alimentarlos y a cuidarlos, afirmó Asadi. Regalaron juguetes y peluches a Zainab.

A principios de diciembre, dijo Motley, los comandantes estadounidenses ordenaron a la familia que se fuera. Dijo que convenció a los militares para que les devolvieran los pasaportes. Entonces, los Asadi se escondieron en una casa de seguridad en Kabul.

“Solo rezamos y rezamos para poder ir de alguna manera a Estados Unidos”, dijo Asadi. La familia rara vez salía, por temor a que alguien los denunciara a los talibanes, quienes, según él, le habían dicho: “Estados Unidos no puede protegerlos”.

El martes por la mañana, Asadi y su esposa, ambos con camisas a cuadros y pantalones vaqueros nuevos, se subieron a una camioneta todoterreno con destino al aeropuerto de Kabul. Zainab, con una rosa color rosa en la mano, se metió al vehículo con su cola de caballo.

Un ejecutivo de la aerolínea validó los documentos que demostraban que los Asadi habían dado negativo en la prueba del coronavirus el día anterior. A continuación, un funcionario de inmigración situado en una cabina de cristal examinó con una lupa los tres sellos antes de dejarlos pasar.

Motley dijo que consiguió el segundo permiso humanitario de los Asadi el mes pasado, sin buscar el respaldo del Pentágono. El martes, acompañó a la familia desde Kabul a Dubái, Emiratos Árabes Unidos, y a Nueva York, y a una nueva vida en Estados Unidos para la familia.

El patrocinador estadounidense de Asadi, que pidió mantener su anonimato para ayudar a salvaguardar la ubicación exacta de los Asadi en Estados Unidos, ha ofrecido alojamiento en Nueva Jersey y pagó los gastos de viaje, comentó Motley. Una decena de asesores y exasesores militares estadounidenses, que trabajaron con Asadi, han prometido su apoyo. Una vez en Estados Unidos, la familia podrá solicitar asilo.

Desde el avión, Asadi telefoneó a su padre en la provincia de Ghazni, en el sureste de Afganistán, para revelar que estaba volando a Estados Unidos. El año pasado, los talibanes escribieron y llamaron por teléfono a su padre y le ordenaron que entregara a su hijo o se enfrentara a la muerte, según una copia de la carta adjunta a la solicitud de permiso humanitario de 2020.

Ahora, cuando el padre se enteró de que la familia estaba de camino a un lugar seguro, lloró y colgó.

Asadi quería que Zainab asistiera a escuelas estadounidenses y aprendiera inglés. Su esposa dijo que había estado practicando su inglés y la pequeña comentó: “Good morning” (buenos días) y “Hi, how are you?” (hola, ¿cómo estás?).

Zainab dijo que quería jugar con el perro de la familia del patrocinador, al que había visto retozar durante una videollamada.

El martes por la noche, la familia Asadi se esforzaba por dormir en los asientos acolchados del moderno y reluciente aeropuerto internacional de Dubái. Nunca habían viajado fuera de Afganistán ni habían volado en un vuelo internacional.

Rahima Asadi y Zainab se encontraron con una escalera eléctrica por primera vez. La niña subió las escaleras con deleite, pero su madre tropezó.

“¡Mamá, no tengas miedo!”, le dijo Zainab.

El miércoles por la tarde, su vuelo de Emirates Airline aterrizó en el aeropuerto JFK de Nueva York. Llevaron a los Asadi a una reunión con funcionarios de inmigración, sin su abogado, pero se les concedió la entrada 45 minutos después.

La familia salió a suelo estadounidense, cansada pero eufórica. “No estoy tan cansado porque pienso en todas las cosas nuevas y bonitas que vamos a hacer ahora”, comentó Naiem Asadi.

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