05/08/2021

Cómo se terminó de concretar la primera donación de vacunas de EE.UU. a la Argentina

WASHINGTON.- Fue una agria buena noticia. El 21 de junio, Estados Unidos anunció que la Argentina era uno de los países de América latina que recibiría una donación directa de vacunas contra el coronavirus por estar dentro de las “prioridades regionales”. Pero el país se quedaba afuera del reparto: para enviar las vacunas, el gobierno de Joe Biden pedía que cada país tuviera un marco regulatorio y legal para aplicarlas, y la Argentina no lo tenía.

La Casa Blanca había descartado despachar dosis de AstraZeneca –la apuesta estelar del Gobierno– porque su producción en Estados Unidos ha tenido problemas, y aún no fue validada ni habilitada por las autoridades. Y la Argentina no había firmado, hasta ese momento, un contrato con Pfizer, Moderna o Johnson & Johnson. Además de eso, la única vacuna con aprobación de la Anmat, la agencia que regula los medicamentos en el país, era la de Pfizer, protagonista visible de una larga discusión legal con el Gobierno.

EE.UU. confirmó la donación de 3,5 millones de dosis de la vacuna de Moderna a la Argentina

A los pocos días del anuncio, Estados Unidos comenzó a despachar vacunas a América latina en aviones –el Departamento de Estado se encargó de mostrar cada envío con fotos en las redes sociales–, y la Argentina quedó relegada. Desde principios de julio, 14 países en la región recibieron más de 18 millones de vacunas del gobierno de Biden: México, Canadá –los primeros en recibir envíos, por ser vecinos–, Colombia, Perú, Paraguay, Bolivia, Ecuador, Uruguay, Brasil, Honduras, El Salvador, Haití, Guatemala y Costa Rica. Hoy, la Argentina finalmente logró sumarse a esa lista: el gobierno de Biden confirmó el envío de 3,5 millones de dosis de la vacuna Moderna.

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El giro comenzó a gestarse cuando la Casa Blanca dejó en claro que solo entregaría vacunas de Pfizer, Moderna o Jonshon & Johnson. Los tiempos se aceleraron, y lo que no se había logrado durante ocho meses terminó por concretarse en tres semanas: primero, Alberto Fernández modificó por decreto la ley de vacunas que bloqueaba las negociaciones con los laboratorios norteamericanos; después, el Gobierno cerró el primer acuerdo con Moderna, y eso terminó de destrabar la primera donación de Biden.

En el medio quedaron incontables horas de negociaciones, discusiones, gestiones e idas y vueltas en Buenos Aires y Washington, que finalmente terminaron con la llegada al país de la primera vacuna ARNm de Estados Unidos a la Argentina. Luego de apostar por China, Rusia y México, la Casa Rosada dio un giro y en abril retomó las empantanadas negociaciones con los laboratorios norteamericanos ante las demoras en las entregas comprometidas con el Kremlin, Pekín, y con AstraZeneca en México, donde se debía fraccionar el activo de sus vacunas que se elabora en la Argentina, en mAbxience, la biotecnológica de Hugo Sigman.

Mientras el Gobierno avanzaba con esas negociaciones, el gobierno de Biden pulía su política de donación de vacunas. A fines de abril, la Casa Blanca anunció la distribución de 60 millones de dosis de AstraZeneca. En el Gobierno se mostraron confiados en que la Argentina sería uno de los países beneficiados. La entrega se esperaba, inicialmente, para fines de mayo, pero se demoró. Para liberar esa donación, la Administración de Alimentos y Drogas (FDA, según sus siglas en inglés) debía aprobar primero la calidad de la producción de la vacuna de la Universidad de Oxford, que tuvo problemas en Estados Unidos. La aprobación aún no ocurrió.

A mediados de mayo, Biden elevó el reparto total de vacunas a 80 millones al sumar al anuncio inicial de AstraZeneca una entrega de 20 millones de dosis de las vacunas de Pfizer, Moderna y Johnson & Johnson.

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“Así como en la Segunda Guerra Mundial Estados Unidos fue el arsenal de la democracia en la lucha contra la pandemia de Covid-19 nuestra nación será el arsenal de vacunas con el resto del mundo”, reiteró el mandatario, una de sus frases de cabecera de las últimas semanas.

A principios de junio, Estados Unidos detalló cómo haría el primer reparto. El Gobierno sufrió una primera decepción: la Casa Blanca dijo que la Argentina recibiría vacunas donadas, pero a través de Covax, el mecanismo de Naciones Unidas. Ya en ese momento, el gobierno de Biden advirtió que las vacunas debían contar con las “aprobaciones legales y regulatorias”.

El Gobierno pensó que podía “canjear” las vacunas que le asignara al país por las de AstraZeneca, pero Estados Unidos descartó rápido esa posibilidad. La Casa Rosada buscaba una donación directa. El canciller, Felipe Solá, se había visto unos días antes en Quito con Juan González, principal asesor de Biden para América latina, y le había ofrecido enviar aviones argentinos a buscar vacunas. Unas semanas después, el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, viajó a Washington. Massa dijo que el tema de las vacunas estaba “encaminado”, y en su entorno descartaron cambiar la ley. El Gobierno evaluaba otro camino: recurrir a una suerte de seguro del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), creado por Mauricio Claver-Carone, para zanjar las diferencias con Pfizer. Esa alternativa tampoco prosperó.

Unos días después, el 21 de junio, la Casa Blanca hizo el anuncio clave: la Argentina sí recibiría una donación directa, pero, una vez más, los envíos dependían de “aprobaciones legales y regulatorias”. Ese día se confirmó además que Estados Unidos ya no repartiría las vacunas de AstraZeneca. Para recibir la donación, el Gobierno debía si o si darle luz verde a alguna de las tres vacunas que ofrecía Estados Unidos. A los pocos días, el 2 de julio, el Gobierno anunció el decreto de necesidad y urgencia de Alberto Fernández que modificó la ley de vacunas. Ese mismo día, el Banco Mundial confirmó la negociación de un préstamo con la Argentina para la compra de vacunas. Seis días después, el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, anunció el acuerdo con Moderna en el Congreso.

Finalmente, dos aviones de Aerolíneas Argentinas traerán las vacunas a la Argentina.

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