25/07/2021

Encuestas falaces y comparaciones desleales en política internacional

Una protesta en Hong Kong es reprimida (Foto: Reuters)
Una protesta en Hong Kong es reprimida (Foto: Reuters) (TYRONE SIU/)

He leído con gran interés, y algo de sorpresa, la columna de opinión publicada por Gabriel Tokatlian días atrás en el diario Clarín, bajo el título de “Opinión pública y política exterior”. El autor de la misma es un académico de larga experiencia en el ámbito de las ciencias sociales y, además, se desempeña actualmente como vicerrector de la Universidad Di Tella.

El texto en cuestión destaca que, tras décadas de una posición pasiva y volátil por parte de la ciudadanía en materia de asuntos internacionales, “hoy se reconoce que la opinión pública tiene principios y preferencias y la incidencia de la ciudadanía obliga a los líderes a recalcular el nexo entre opinión pública y política exterior”. Hasta acá no se puede disentir con lo afirmado por el autor de la columna, aunque sí cabe destacar a priori la velocidad y la inmediatez informativa que brindan las redes sociales, la mayoría de ellas prohibidas y censuradas en China.

A renglón seguido, Tokatlian introduce como referencia conceptual una variedad de encuestas sobre la mirada de la ciudadanía argentina con relación a los Estados Unidos y a China. El Pew Research Center, el Argentina Project del Wilson Center y Poliarquía, sumado a un think tank de la Universidad de Vanderbilt, son las instituciones en las que se basa el vicerrector de la Universidad Di Tella para evaluar los datos estadísticos. En un balance general, según el autor mencionado, los números arrojan un “avance paulatino” de China, y un “declive gradual” de los Estados Unidos. También destaca que, tras la administración de Donald Trump, se percibe una mayor desconfianza hacia los Estados Unidos y una mejor imagen de China, influenciada por el gran crecimiento del intercambio comercial.

Al día de hoy existen múltiples análisis sobre los motivos políticos y comerciales que llevaron al expresidente Donald Trump a acercarse, tal vez como ninguno de sus antecesores, al gobierno de Rusia, hecho que le valió un pedido de juicio político, finalmente desestimado por el parlamento norteamericano.

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, y a lo largo de casi medio siglo, Estados Unidos y Rusia rivalizaron en el marco de la Guerra Fría bajo la amenaza cierta de una contienda nuclear entre ambas potencias, con consecuencias catastróficas para todo el planeta. China observó en silencio y con prudente distancia esa disputa geopolítica. Producido el derrumbe de la antigua Unión Soviética entre 1989 y 1991, la nación oriental comenzó a desplegar una agresiva diplomacia comercial a partir de su imparable crecimiento económico.

Ahora bien, lo que fue una disputa geopolítica bilateral entre 1945 y 1989 basada en sistemas políticos y económicos antagónicos, ha devenido hoy en un triángulo de competencias comerciales entre Estados Unidos, China y Rusia. La primera potencia mundial se ha desarrollado a lo largo de dos siglos y medio bajo un sistema democrático que garantiza la división de poderes republicanos y el ejercicio pleno de las libertades civiles y de expresión. Por su parte China y Rusia, a pesar de haber adoptado un sistema económico capitalista en las últimas décadas, presentan un régimen político autoritario con amplia censura a la prensa y al pleno y libre desarrollo de las redes sociales, como así también con altos índices de inseguridad jurídica derivada de la falta de independencia del poder judicial.

Llama la atención entonces la simplificación con que Tokatlian presenta su análisis derivado de las distintas encuestas, las que caen en el viejo vicio de plantear un antiamericanismo solapado con preguntas sobre preferencias y opciones entre un país que, con sus falencias, respeta plenamente el estado de derecho, con otro que no solo no lo hace, sino que se aprovecha de esa ventaja competitiva en el marco de las relaciones comerciales internacionales.

A su vez, en anteriores declaraciones periodísticas, el vicerrector de la Universidad Di Tella sostiene que América Latina es un territorio de disputa entre los Estados Unidos y China, y a renglón seguido señala que la elección para la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) de un funcionario estadounidense es una “señal de debilidad política” de ese país, que además “ha erosionado significativamente tres elementos del sistema interamericano”.

Y en este sentido, en el marco de la crisis institucional de Venezuela, destaca la convocatoria al TIAR en 2019 “por presión de Estados Unidos”, y también la injerencia del secretario general de la OEA, Luis Almagro, en el marco de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Tokatlian finaliza sosteniendo que, “entonces tenemos afectados los pilares de defensa, derechos humanos y financiero”.

Concluyo esta lectura crítica de la columna del profesor ditelliano con un párrafo del ensayista francés Jean F. Revel de rigurosa actualidad: “Es una paradoja; desde el fin de la guerra fría los Estados Unidos son más detestados y desaprobados, a veces incluso por sus propios aliados, que durante ella por los partidarios declarados o no del comunismo. Observemos la diligencia y la constancia con que las autoridades democráticas o religiosas se han puesto de parte de Fidel Castro, por la única razón de que es objeto del embargo americano, por lo demás falazmente bautizado «bloqueo» para las necesidades de la causa. Ahora bien, Cuba no ha cesado de comerciar con el mundo entero, salvo con los Estados Unidos, y el bajo nivel de vida de los cubanos se debe ante todo al régimen socialista”.

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