25/07/2021

Corbalán: «En Los Ángeles 84 tuvimos la fortuna que otras veces se nos negó»

Juan Antonio Corbalán, miembro de la selección de baloncesto que consiguió la medalla de plata olímpica en Los Ángeles y en la actualidad especialista en medicina deportiva. EFE/Salvador Sas/Archivo
Juan Antonio Corbalán, miembro de la selección de baloncesto que consiguió la medalla de plata olímpica en Los Ángeles y en la actualidad especialista en medicina deportiva. EFE/Salvador Sas/Archivo
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Madrid, 21 jul (EFE).- El brillante presente de la selección española de baloncesto, que lleva tres Juegos Olímpicos sin bajarse del podio (dos platas y un bronce), tuvo como precursores a los subcampeones olímpicos de Los Ángeles 1984, cuando España tuvo «la fortuna que otras veces se le negó», recuerda a EFE Juan Antonio Corbalán, base de aquel equipo que logró la primera plata olímpica.
Superando en semifinales a Yugoslavia (74-61), que entonces agrupaba a potencias actuales como Serbia, Croacia o Eslovenia, el conjunto español se presentó ante un ‘Team USA’ formado por universitarios que «ya eran estrellas» como Michael Jordan, Sam Perkins o Patrick Ewing, en un marco incomparable: el Forum de Los Ángeles Lakers.
«Ser medalla de plata en los Juegos Olímpicos celebrados en EEUU, jugados en el campo de los Lakers y contra un equipo donde jugaban jugadores como Jordan, Ewing, Perkins, Fleming, Richardson… Tuvimos esa fortuna que otras veces habíamos llamado a las puertas del destino y no nos había abierto», rememora Corbalán (Madrid, 1954), médico y responsable de la Unidad de Salud Deportiva de Vithas Internacional, hospital madrileño donde atendió a EFE.
Para que el destino abriera esa puerta, España estuvo varios campeonatos golpeando en ella con los nudillos: encadenó cuatro cuartos puestos entre los Juegos de Moscú 1980, el Europeo de Checoslovaquia 1981 y el Mundial de Colombia 1982. Hasta que en el Europeo de Nantes (Francia) en 1983 logró la plata superando a la Unión Soviética en una ajustada semifinal (95-94).
«Éramos una selección emergente en la realidad que había. En algún momento iba a sonar la flauta y sonó en esos Juegos», explica Corbalán, para quien el baloncesto de aquel momento tenía adversarios «mucho más potentes», ya que la Unión Soviética y Yugoslavia agrupaban a muchos países que hoy juegan por separado.
«Eso afectaba solamente a los tres primeros puestos, que eran terriblemente más difíciles, el resto podrían ser similares o un poco más fáciles, porque los equipos que ahora son las antiguas repúblicas soviéticas o yugoslavas, entonces no estaban», explica.
Para llegar a la final de Los Ángeles, aquel conjunto dirigido por Antonio Díaz Miguel y configurado por el núcleo de la generación de 1959 (José Luis Llorente, Fernando Romay, Juanma López Iturriaga, Juan Antonio San Epifanio ‘Epi’, Fernando Arcega) con algunos veteranos como Corbalán o Juan de la Cruz, y dos jóvenes que fueron claves como Fernando Martín y Andrés Jiménez, tuvo que protagonizar un duelo histórico contra Yugoslavia en semifinales.
Corbalán recuerda aquella semifinal como «un modelo» de cómo jugar «un partido muy, muy difícil» en el que supieron cambiar la defensa al hombre por una zonal y maximizar sus posibilidades.
«Jugamos muy ordenaditos y sabiendo que de 100 partidos contra Yugoslavia hubiéramos perdido 95, pero sabíamos que jugando sin errores, en un buen día nuestro y sin ellos en su mejor día tendríamos un 5% de posibilidades. Y eso hicimos, aprovechar al máximo nuestros mejores recursos», recordó.
MILES DE TELEGRAMAS ANTES DE LA GRAN FINAL
En la era de las redes sociales, los deportistas reciben de forma inmediata la repercusión de sus logros aunque estén a miles de kilómetros de distancia. En 1984 los vehículos para conocer cómo España seguía la evolución de su selección -el ‘equipo nacional’ como lo llamaba Díaz Miguel- eran diferentes: los resúmenes de prensa del Comité Olímpico Español, las llamadas de los familiares o los telegramas.
Miles de ellos llegaron antes de la gran final contra Estados Unidos. «Del paso de la semifinal a la final recibimos 5.000 ó 6.000 telegramas de españoles que nos daban ánimos y estaban expectantes… Recuerdo antes de la final estar leyendo unos tacos inmensos de telegramas recibidos, uno por uno», comenta Corbalán.
La final fue otro cantar. Contra un equipo formado por los Jordan, Ewing y compañía, entonces en el baloncesto universitario -los jugadores NBA no fueron a los Juegos hasta Barcelona 1992- pero que «ya eran estrellas», recalca el exbase, era prácticamente imposible aspirar al triunfo (65-96).
«Se afronta muy mal, cuando juegas con uno que juega diez veces mejor que tú tienes que jugar muy a la defensiva, intentando no cometer errores, y eso te quita mucha espontaneidad, agilidad mental, valentía, y juegas más pensando en no perder de muchos, que en la mínima o nula posibilidad de ganar», recuerda el exjugador.
Esa final, histórica en 1984, se ha vuelto a repetir en dos ocasiones: Pekín 2008 (107-118) y Londres 2012 (100-107). La primera de ellas es una de las finales más recordadas de la historia olímpica por su calidad. «Era una selección esplendorosa, fantástica. Pero siempre tuve la sensación de que conforme se alargaba el partido, peor para nosotros», opina Corbalán.
El exdirector de juego, hoy médico, considera que las diferencias entre Estados Unidos y España, se han acortado, pero advierte que la generación que dará sus últimos pasos olímpicos en Tokio es difícilmente repetible.
«Tu nivel medio puede estar para ser cuarto o quinto, pero ir de eso a una final es el mérito de una generación como esta. No van a salir jugadores como Pau Gasol cada cinco años, ni (Juan Carlos) Navarro, (José Manuel) Calderón, Raúl López, (Jorge) Garbajosa… No ocurre ni en los países con un gran bagaje. Y en nuestro caso, en unos años que había muchas deserciones de grandes jugadores, tuvimos la fortuna de que teníamos jugadores comprometidos que ponían la selección nacional por encima de los intereses de los clubes. Son condiciones ideales que no siempre se dan», valora.
TOKIO, LA LONGEVIDAD DE PAU Y EL ‘SMALL BALL’
El paso de los años hace que Corbalán prefiera hablar de emociones más que de pronósticos cuando se refiere a la selección española. «Me gustaría que el resultado nos sonriera una vez más, pero no pongo a los chavales la obligatoriedad de la medalla. Para mí está muy bien que quedemos entre los cuatro primeros», opina.
Pau Gasol vivirá, a los 41 años y tras dos lesionado, su última experiencia con la selección, una longevidad que al facultativo no le extraña, por los cuidados y la «clase suprema» del de Sant Boi. «Sí me preocupa que la exigencia pueda producirle alguna lesión si no se le sabe modular bien, pero eso será habilidad del entrenador», alerta.
El baloncesto actual vive el protagonismo de los bases y escoltas, de la mano del creciente acierto del tiro de tres puntos, lo que se denomina el ‘small ball’ por el influjo de la NBA, que es «más espectacular», pero que rompe para Corbalán los equilibrios de este deporte. «Si al baloncesto le quitáramos los grandes, perdería buena parte de su belleza», reflexiona el exbase, que reconoce que el campeonato estadounidense le «aburre bastante, en muchos casos».
Sin espectadores en las gradas por el estado de emergencia por la pandemia, Tokio 2020 perderá el ambiente y la motivación para los atletas, lo que podría influir en los resultados, según el exbaloncestista y médico. «No creo que sean unos Juegos que pasen a la historia por grandes resultados en el atletismo y otros deportes. En los de equipo da igual, pero siempre te acuerdas de lo que hizo quien ganó los 100 metros, altura o longitud, y ahí va a influir», pronostica el subcampeón olímpico en Los Ángeles 1984.
Miguel Ángel Moreno

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