24/10/2021

Los “roballaves”: las pruebas contra la banda acusada de desvalijar departamentos porteños

Sus golpes nunca fueron al azar. La banda, según la Justicia, tenía un alto “grado de organización y coordinación”. El primer paso era elegir un barrio de la ciudad de Buenos Aires “para operar”. Después, la “ingeniería criminal” estaba enfocada en obtener las llaves de las puertas principales de los edificios elegidos como blancos. El paso siguiente era ingresar en departamentos para robar dinero, joyas, relojes de alta gama, equipos de electrónica y perfumes importados. Durante 11 meses estuvieron fuera del radar de los investigadores, pero los denominados “roballaves” ahora están tras las rejas y acaban de ser procesados con prisión preventiva por integrar una asociación ilícita dedicada a cometer asaltos en viviendas de Villa Urquiza y Caballito.

Así lo informaron a LA NACION fuentes judiciales. En los últimos días, el juez en lo criminal y correccional porteño Martín Yadarola procesó a cuatro integrantes de la banda de los “roballaves”. Se trata de cuatro colombianos identificados como Milton Uriel Romero Bernal, de 39 años; Steven Pedro Mendoza Rodríguez, de 25; Carlos Alfredo Muñoz Salazar, de 25, y Sandra Paola Izquierdo, de 38.

La agrupación presentaría un alto grado de organización y coordinación para concretar las acciones delictivas, más allá de la puntual intervención individual de cada miembro en los episodios desplegados en ese contexto, haciendo uso de vehículos automotores utilizados en general para llegar a la zona de los domicilios atacados, concretar el seguimiento de potenciales víctimas y huir de los lugares sin ser alcanzados por la autoridad policial o terceros”, sostuvo el magistrado en la resolución, a la que tuvo acceso LA NACION.

La banda habría actuado, por lo menos, desde el 8 de octubre de 2020 hasta el 14 de septiembre pasado, cuando sus integrantes fueron detenidos por detectives de la Policía de la Ciudad tras una serie de allanamientos.

Para robar las llaves de las puertas de los edificios donde después irrumpían, los ladrones tenían distintas metodologías, según sospechan los investigadores: usaban inhibidores de señal para abrir autos sin que se activaran las alarmas y también se las sustraían a las víctimas cuando caminaban por la calle; después seguían a las víctimas hasta su lugar de residencia.

Los delincuentes entraban en los edificios después de robar las llaves de acceso y de hacer un trabajo de inteligencia que les permitía saber a qué departamentos podrían ingresar (Captura/)

Los primeros golpes que se le adjudican a la banda de los “roballaves” ocurrieron en dos edificios de Villa Urquiza situados a 300 metros de distancia uno de otro. Para poder irrumpir en esos inmuebles, los delincuentes utilizaron las llaves que tenía una paseadora de perros.

Así se desprende del expediente. El primer robo sucedió en un edificio de Echeverría y Bauness. Los ladrones ingresaron por la puerta principal con una llave magnética y después se metieron en tres departamentos del cuarto piso, de donde se apoderaron de tres notebooks, una tablet, seis perfumes, dos carteras, dos mochilas, tres pares de anteojos, anillos, pulseras, collares, relojes y 300 dólares.

Ese golpe fue el 1 de noviembre pasado. Cinco días antes, la paseadora de perros había extraviado las llaves. “Es posible que la muchacha no haya perdido las llaves, como creía, sino que se las haya sustraído alguno de los ladrones sin que ella se diera cuenta”, sostuvo un investigador.

Una semana después del primer robo ocurrió el segundo, en un edificio de Bucarelli y Olazábal. En ese lugar la joven también entraba y salía para buscar perros y llevarlos a pasear. Entre las 13.50 y 16, los cuatro sospechosos ingresaron en un departamento del séptimo piso y se apoderaron de dos laptops, un reloj, dos pares de auriculares, dos consolas de juegos, un teléfono celular y dos cámaras fotográficas.

“Como pudo apreciarse de las filmaciones analizadas, en ambos casos los autores ingresaron con la utilización de lo que resultaba ser una llave, por lo que se desprende, a todas luces, evidente, que el grupo criminal logró apoderarse de aquel manojo de llaves y, tras realizar constataciones sobre los movimientos de la paseadora de perros, verificaron el sitio de cada domicilio para luego poner en marcha el tramo final del plan criminal”, sostuvo el magistrado en su resolución.

La banda siguió “operando” en Villa Urquiza. El 17 de enero pasado los ladrones ingresaron en un edificio de Ávalos al 1900: robaron en tres departamentos del quinto piso. A diferencia de los hechos de las calles Bucarelli y Echeverría —donde, además de la llave de la puerta principal del edificio tenían las de los departamentos, que le habían sacado a la paseadora de perros—, en esa oportunidad forzaron las puertas de las tres unidades. Se llevaron 20.582 dólares, 10.000 pesos y tres notebooks, entre otros objetos de valor.

En esta ocasión, la llave que utilizaron para ingresar en el edificio pertenecía a una vecina; se la habían robado cuando caminaba por Echeverría en dirección a la avenida Triunvirato. Ese hecho sucedió el 15 de diciembre de 2020.

“Creemos que uno de los delincuentes se dedicaba a robar las llaves y tenía el rol de seguir a esa víctima para determinar en qué edificio ingresaba”, explicó una fuente judicial.

Algunos de los elementos secuestrados a los sospechosos de integrar la banda de "los roballaves"

Algunos de los elementos secuestrados a los sospechosos de integrar la banda de «los roballaves»
(Policía de la Ciudad/)

Con el correr de los meses hubo por lo menos dos atracos más: uno en otro edificio de Villa Urquiza y otro, en un inmueble de Caballito.

“Creemos que cuando advertían que, por la reiteración de hechos, el barrio en el que operaban se convertía en una ‘zona caliente’, los ladrones decidían cambiar de locación”, dijo una fuente con acceso al expediente.

Para poder identificar a los sospechosos, fueron clave las imágenes de distintas cámaras de seguridad: las instaladas en los edificios donde ocurrieron los robos, otras de las adyacencias —que permitieron determinar los modelos y las patentes de los vehículos a los que se subían los delincuentes después de salir de la escena de los hechos investigados— y las del Centro de Monitoreo Urbano (CMU) de la Policía de la Ciudad, que posibilitaron la reconstrucción de parte del recorrido de los automóviles.

“La agrupación utilizaba diversos vehículos automotores para acceder a la zona donde se emplazaban los domicilios atracados, concretando mediante los mismos el seguimiento de potenciales víctimas, y sirviendo fundamentalmente para huir cargados con el botín obtenido en cada oportunidad”, explicó el juez Yadarola.

En los allanamientos donde fueron detenidos los sospechosos, concretados por personal de la División Sumarios y Brigadas de Prevención de la Comuna 6 de la Policía de la Ciudad, fueron secuestradas una gran cantidad de objetos de importante valor económico, similares a los que había sido denunciados como robados por las víctimas.

La prueba producida es contundente y define la factibilidad de sostener que la banda presentaría un grado de organización y coordinación suficiente que le permitió el despliegue de tales conductas ilícitas de forma eficaz durante un largo período”, sostuvo el juez Yadarola en su resolución, de poco 100 páginas.

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