26/10/2021

El operativo urgente para rescatar a Alberto Fernández

Las urnas le mostraron el abismo. Alberto Fernández soportó enseguida el como vocera presidencial también era parte del plan, aunque al final surgieron las dudas. ¿Es necesario instalar ahora alguien que hable a diario por el Presidente? ¿Es la persona indicada para representarlo? Se optó por la cautela, para alivio de Manzur, a quien Cerrutti había criticado sin piedad cuando lo designaron en su cargo actual. El episodio evidenció otra vez la dificultad que tiene el Frente de Todos para ordenarse en medio de la crisis.

Hay demasiadas líneas internas y la carencia de un liderazgo unificado ahonda el problema. Los recelos personales no sanan en tres semanas. Wado de Pedro naturaliza su presencia en reuniones con el Presidente y viajan juntos en helicóptero. Máximo Kirchner asiste a actos con Axel Kicillof, a quien sumió en el desconcierto cuando logró intervenirle el gobierno. A los intendentes díscolos les bajan partidas de ayuda. El Movimiento Evita y La Cámpora se disputan fondos, pero comparten escenarios. “No podemos seguir desanimando a los nuestros. El primer objetivo es que no se vayan los que nos votaron”, se sincera un estratega del kirchnerismo. La función debe continuar.

Alberto Fernández, con Máximo Kirchner y Wado de Pedro, camino al helicóptero presidencial; otro intento por transmitir que la crisis interna está bajo control

Alberto Fernández, con Máximo Kirchner y Wado de Pedro, camino al helicóptero presidencial; otro intento por transmitir que la crisis interna está bajo control (Presidencia/)

Incomprensión

En las distintas terminales del poder peronista todavía lloran por el cachetazo del 12 de septiembre. Les cuenta entender cómo fueron incapaces de percibir la magnitud del descontento social con el Gobierno, sobre todo de quienes habían votado al Frente de Todos en 2019.

“La bronca saltaba como primera conclusión en cualquier estudio cualitativo. ¿Es posible que no lo hayan visto?”, se pregunta un consultor que trabaja para la oposición. Fernández ahora se junta con jubilados a escuchar sus demandas, como el cliente de un focus group que sale de la cámara Gesell. Tarde.

Alberto Fernández (de espaldas), en una reunión con vecinos en el conurbano

Alberto Fernández (de espaldas), en una reunión con vecinos en el conurbano

El caso de los jóvenes es sintomático. Cristina lo había intuido en la campaña cuando se le dio por nombrar a cantantes de rap y cumbia. Ella hizo célebre fuera de su círculo a L-Gante (a quien –¡ay!- mencionó como “Élegant”). Sin embargo, ni ella ni sus aliados supieron encontrar un puente que los conecte con un grupo etario que consideraban propio.

Kicillof los quiere conquistar con la técnica de la “platita” que patentó su exministro Daniel Gollán (un médico hablando de economía, otro hito del caos en la campaña frentetodista). Los viajes de egresados gratis para alumnos que ya votan –a quienes se les privó de cursar en las aulas gran parte del último año de secundaria- es un pagadiós de $6600 millones que acaso se quede en promesa, ya que tiene que pasar primero por una Legislatura que el peronismo no domina.

Fernández tuvo un indicio de la desconexión del kirchnerismo con la juventud cuando recibió el domingo pasado a L-Gante, en una suerte de entrevista para la que no había preparado preguntas sino afirmaciones. El cantante lo sorprendió en su jerga con una defensa de la necesidad de estudiar y de conseguir trabajo genuino en lugar de “regalías” (planes sociales). “Vos llegaste acá por tu mérito”, atinó a decirle Fernández en un momento. El mismo Fernández que hace justo un año decía, en una refutación al macrismo: “Lo que nos hace evolucionar o crecer no es verdad que sea el mérito, como nos han hecho creer en los últimos años”.

Los proyectos para reconvertir subsidios estatales en empleo privado recogen una demanda muy evidente de un sector muy representativo del electorado kirchnerista. El Presidente reiteró la promesa en el acto del estadio de Nueva Chicago, lleno de beneficiarios de programas sociales, llevados por el Movimiento Evita.

En el fondo lo que sufre el kirchnerismo es una falta de reacción ante ciertos cambios en la conducta de su votante, al que siempre creyeron reactivo a un único estímulo: el consumo. Por efecto de la pandemia o de la crisis prolongada aparecieron reclamos de otra profundidad. La educación, por ejemplo, en términos de salida de futuro y también de acuciante presente. En los barrios pobres, el chico que no va al colegio queda más cerca de terminar en una pandilla que trapichea drogas.

Las respuestas a la derrota se limitan al discurso y al dinero porque es lo único que puede operar cambios de conducta en el corto plazo. El jubileo que siguió a las PASO es una máscara que busca tapar la realidad desesperante de que la economía vuelve a frenarse en seco, después del rebote de los primeros meses sin cuarentena.

El Gobierno anunció esta semana un refuerzo de las asignaciones familiares que costará $14.000 millones, que se suman a los $25.000 millones del bono que se dará a los jubilados, más los $28.000 de la moratoria a monotributistas, los $16.000 millones que el Estado dejará de recaudar por la suba del mínimo no imponible de ganancias, los $8500 del aumento del salario mínimo… La lista sigue, pero se choca con una pared: la inflación se come todo lo que el Gobierno tira a la calle.

De no creer. No todas son malas noticias: volvió la campaña

Los proyectos se suceden en un intento de mover el consumo, aun cuando en el Gobierno tienen conciencia de que la “platita” no llega a un grupo importante de los necesitados que no acompañaron al Frente de Todos en las urnas. Martín Guzmán se resistió a imponer otra ayuda extraordinaria y universal como el IFE, que el año pasado alcanzó a 9 millones de personas. La suba del gasto de estos meses finales del año se acerca a medio punto del PBI, menos de lo que exigía Cristina en su carta de la derrota. ¿Alcanzará para remontar o solo para agigantar la siguiente crisis?

Andrés Larroque, figura de La Cámpora y ministro de Kicillof, dice: “Tenemos que ordenarnos y recuperar la agenda de 2019″. El peronismo tradicional y los allegados a Alberto firmarían al pie. El problema viene a la hora de describir cuál era esa agenda. ¿El diálogo y el desarrollo productivo que prometía Fernández? ¿El regreso a 2015 con el que soñaba Cristina? ¿Era con aliento a la inversión privada o con proyectos como el que aumenta la injerencia del Estado y los gremios en las empresas? ¿Con un acuerdo con el FMI, como sigue bregando Guzmán, o sin la “intervención imperialista” que otros, con Máximo a la cabeza, se empeñan en denunciar?

El avión está en vuelo, hay tormenta y toca revisar una falla de origen.

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