24/10/2021

Presidentes en la tormenta. De la Rúa y la crisis que marcó el cambio de siglo

El 10 de diciembre de 1999, luego de tres años como jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el radical Fernando de la Rúa asumió la presidencia del país. Dos años después, el 20 de diciembre de 2001, renunciaba en medio de una crisis social, económica y política. Juan Pablo Baylac, exvocero de De la Rúa, sintetiza con una imagen las dificultades a las que se enfrentan los presidentes argentinos: “El sillón presidencial tiene electrodos aunque no los veamos. Tiene un cruce de intereses tremendos y los intereses son desembozados, no hay respeto por la investidura”. ¿Cuáles fueron esos “electrodos” que atormentaron a De la Rúa?

El panorama con el que llegó a la presidencia ya era sombrío: recesión, endeudamiento, apreciación de la moneda, caída en los términos de intercambio, desocupación y crecimiento del empleo informal. La crisis económica y social venía acompañada del “corset” de la convertibilidad que reducía el margen de maniobra de la política económica. Sin embargo, salir de la convertibilidad no solo era impopular sino también muy difícil en una economía que estaba endeudada en dólares. El plan del gobierno de De la Rúa era recuperar la confianza externa bajando el déficit fiscal sin salir de la convertibilidad. Según explicó el ministro de economía de aquel momento, José Luis Machinea, en el podcast Hay Que Pasar el Invierno: “Algo había que hacer, primero porque no éramos creíbles ya, segundo porque no había posibilidad de hacer un acuerdo con el FMI, y sin ese acuerdo la Argentina estaba en una situación de default”.

Pero la tormenta no sólo se asomaba en el frente económico, sino también en el político. No resulta fácil gobernar una coalición, y la de la Alianza mostró sus limitaciones desde el inicio. Baylac revisa aquella decisión de armar la fórmula con Chacho Álvarez: “Esa relación no era la más indicada en aquel 1999, la persona que tenía diálogo con De la Rúa era Meijide, no entendimos por qué terminó Chacho de vice y Graciela de gobernadora. Graciela podría haber sido una gran vice por su perfil y respeto a la institucionalidad, mientras que Chacho tenía un ego muy alto y lo miraba con distancia a Fernando de La Rúa. Las personalidades eran diametralmente opuestas”.

El 20 de diciembre de 2001, Fernando De la Rúa presentó su renuncia como presidente y se fue de la Casa Rosada en helicóptero

Más allá de las personalidades de quienes ocupaban el cargo, la coalición electoral no logró convertirse en una coalición de gobierno. El politólogo Ernesto Calvo presenta el problema de dicha coalición en el podcast La Banda Presidencial: “Ellos pensaban que era amor, que era una coalición de gobierno, pero todos sabíamos que en realidad era una coalición electoral, una noche de pasión. El Frepaso necesitaba al radicalismo y el radicalismo al Frepaso, pero todos pensaban que en dos años dentro del gobierno se iban a chupar al otro”. La relación tensa terminó por romperse a causa de las denuncias de sobornos pagados a senadores para que se aprobara una ley de reforma laboral. Las reticencias del presidente para investigar el tema derivaron en la renuncia de Chacho Álvarez el 6 de octubre de 2000.

La inestabilidad política que desató la renuncia impactó también en la economía. La situación se resume en una anécdota relatada por Machinea que tuvo lugar en septiembre de 2000 cuando vinieron representantes de la calificadora de riesgo Standard & Poor’s. Frente a la decisión de bajar la calificación de la Argentina por la inestabilidad política, Machinea los hace pasar a hablar con Chacho Álvarez: “Chacho Álvarez tenía una enorme capacidad de convencimiento, los puso ahí, les habló como una hora, salieron de esa reunión convencidos de no hacer un downgrade de la Argentina. Un mes más tarde Chacho renuncia y el riesgo país aumenta 300 puntos en un mes”.

En marzo de 2001, Machinea renunció y fue reemplazado por Ricardo López Murphy que, luego de intentar aplicar un drástico ajuste fiscal, tuvo que renunciar. En su lugar asumió Domingo Cavallo, que significó una ruptura con el radicalismo liderado por Alfonsín. De la Rúa quedaba, así, cada vez más aislado. Las elecciones del 30 de octubre de 2001 pusieron en evidencia la crisis de representación: el oficialismo obtuvo el 16,9% de los votos, el PJ el 26,6% y los votos en blanco y nulos sumaron casi un 22%. El vacío institucional y político que se generó tras la elección parecía irreversible. Según Baylac: “La crisis de 2001 es extrapalacio, fue una crisis inducida, crisis de gobernabilidad formada por varios componentes: la renuncia de Chacho, la venida de Cavallo, que debilita la relación con el radicalismo, y el episodio de las elecciones del 30 de octubre de 2001 en las que el peronismo sostenía que iba a volver”.

A partir de ese momento, los tiempos se aceleraron. El 1° de diciembre se anunció el “corralito” que establecía un límite de extracción de dinero de 250 pesos semanales, el 6 de diciembre el FMI decidió no desembolsar más préstamos, a mediados de diciembre se iniciaron los saqueos a supermercados y movilizaciones. El 19 de diciembre De la Rúa decretó el estado de sitio. Las movilizaciones se multiplicaron en todo el país. Las jornadas de protesta terminaron con 39 muertos y miles de heridos. En otro discurso, el 20 de diciembre, el presidente sostuvo: “Me encontrarán frente a la necesidad y si las respuestas son negativas en los actos de renunciamiento que el país necesite (…). Es evidente que está resentida la gobernabilidad, y puede deberse a múltiples factores (…); convoco por eso desde mi legitimidad a los líderes de la oposición del partido justicialista para juntos fortalecer la gobernabilidad”. La convocatoria a la oposición no sería respondida y, así fue como los electrodos detrás del sillón presidencial eyectaron al último radical en ocupar el cargo.

Historiadora

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