23/10/2021

Copenhague, la capital europea que deslumbra: meca culinaria, la más segura y el barrio más cool

Los dos , el restaurante de tres estrellas Michelin consagrado como el mejor del mundo en 2021 –al que le sigue otro en la capital danesa, Geranium, según la lista The Word’s 50 Best Restaurants–, fue fundado por René Redzepi, hijo de un inmigrante musulmán procedente de Albania. El chef, que confesó públicamente haber llevado una vida “llena de conflictos de identidad”, logró trazar con éxito su carrera profesional y posicionar su restaurante en el tope y primeros puestos de la lista desde 2010, halagado por su enfoque holístico y la creación de platos autóctonos con técnicas de cocción milenarias.

“Es una paradoja. Dinamarca es como el yin y el yang”, remarca Bengtsson.

El argentino formó familia con una brasileña, Miriam, con quien tiene dos hijos de 17 y 19 años, Nicholas y Thomas. Todos los días agradece poder criarlos en Copenhague. “Intenté volver a la Argentina dos veces. Durante la hiperinflación de [Raúl] Alfonsín y durante la época de [Carlos] Menem. Me asusté y me fui. Acá la inflación no supera el 3% anual. Si le preguntas a mis hijos el precio de la leche, te van a decir que es el mismo desde que son chicos”, grafica.

Sus hijos accedieron a colegios públicos –como casi la totalidad de los daneses– y el mayor, Thomas, recibe 150 dólares mensuales por asistir a la universidad, gratuita y becada.

Bernardo Bengtsson y su familia en Copenhague, durante la graduación del bachillerato de Thomas, su hijo mayor

Bernardo Bengtsson y su familia en Copenhague, durante la graduación del bachillerato de Thomas, su hijo mayor

Costear el aparato estatal implica el pago de impuestos que superan el 35% de los ingresos, según cuenta el argentino, quien reconoce la alta presión impositiva, pero hace una salvedad: “Lo que pagas vuelve. Hay un retorno. No tenés que destinar plata extra a salud, prepagas, educación ni otros servicios”.

Uno de los desafíos más difíciles para Bengtsson es, quizás, lidiar con el clima de la capital danesa. “Los días de invierno son muy cortos y anímicamente eso afecta. Si no podés escapar, de vacaciones, cuando llega fin de enero estás tocando fondo”, reconoce.

Eduardo Sharf lleva 50 años en Copenhague y tampoco se lamenta haber emigrado, pese a coincidir con Bengtsson en aspectos negativos como el del clima. “Es una ciudad arreglada, pero no todo es una danza sobre rosas”, dice a LA NACION el cordobés, que este sábado cumplió 70 años.

Los argentinos destacan la diversidad de espacios públicos y áreas de esparcimiento que ofrece Copenhague, que han sido un plus en tiempos de pandemia

Los argentinos destacan la diversidad de espacios públicos y áreas de esparcimiento que ofrece Copenhague, que han sido un plus en tiempos de pandemia

“No me arrepiento de estar acá. Al contrario, digo: ‘Menos mal que estoy acá’”, afirma Sharf, arquitecto especializado en diseño de interiores y mobiliario, ahora jubilado.

Sharf está casado con una danesa, con quien tiene dos hijas de 23 y 32 años, y vive con su familia en el centro de la capital, a pocas cuadras del Palacio de Amalienborg, la residencia de la familia real.

En coincidencia con el resto de los argentinos, destaca el gran nivel de seguridad, que le permitió criar a sus hijas con tranquilidad: “Cuando andan solas, de noche, no me preocupo como si estuviera en Buenos Aires. No hay motochorros, no roban los teléfonos. No pasa nada de lo que leo en los diarios argentinos. Por ejemplo, está prohibido por ley mendigar, la policía saca de la calle a los que piden limosna”.

Eduardo Sharf vive en Copenhague desde los años '70; se casó en segundas nupcias con una mujer danesa con quien tiene dos hijas, de 23 y 32 años

Eduardo Sharf vive en Copenhague desde los años ’70; se casó en segundas nupcias con una mujer danesa con quien tiene dos hijas, de 23 y 32 años

Las medidas para sobrellevar la pandemia también han sido amables para los residentes de Copenhague. El barbijo supo ser obligatorio solo en algunos espacios, como el transporte público, el confinamiento nunca fue exigido para quienes no portaran Covid-19, y muchos jóvenes sub 30, como Castillo, ya recibieron su vacuna de refuerzo.

La capital cerró rápido y abrió rápido, pero, con la vuelta a la normalidad, empiezan a hacer falta trabajadores que cubran las vacantes que fueron liberadas en hoteles y otros centros de trabajo, según explica Sharf. Sobre ese punto, indica, vuelve a pesar el dilema migratorio sin resolver: “El danés es mimado, no va a hacer cualquier trabajo, y el gobierno no define cómo hacer para incorporar mano de obra de otros países”.

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