16/10/2021

La selección argentina elige la vía seductora para llegar al Mundial de Qatar

La Argentina volvió al Monumental para renovar con una goleada su idilio con un público cada vez más numeroso. Otro 3-0, como frente a Bolivia, pero ahora frente a un rival más jerarquizado. Uruguay empezó siendo un hueso duro, pero la Argentina Y cuando no alcanzaron sus reflejos y buen posicionamiento, el palo fue el aliado salvador.

Además de su notable capacidad, es evidente que Martínez disfruta de la responsabilidad de haberse adueñado del arco. El público ya lo ovacionó en el calentamiento como solo se hace con los indiscutidos. Más combustible anímico para un jugador que crece en la adversidad, que no se borra cuando las papas queman. Y la Argentina tenía motivos para preocuparse en los primeros 25 minutos, ya que tenía el control y la iniciativa, pero el partido se jugaba como quería Uruguay.

El Maestro Tabárez cerró los pasillos interiores que acostumbra a transitar la Argentina con tres centrales en una línea de cinco y una línea de volantes que achicaba espacios en campo propia. La Argentina se entretenía con la pelota sin lastimar. Muchas veces obcecada en la búsqueda por el medio.

El saludo entre Messi y Lautaro Martínez, con un gol tras estar ausente en Paraguay

El saludo entre Messi y Lautaro Martínez, con un gol tras estar ausente en Paraguay (Mauro Alfieri/)

Uruguay se sentía bastante seguro en la contención y era punzante en sus ataques selectivos, sobre todo por el lado de Otamendi y Tagliafico, donde había desinteligencias. Lo Celso era el que más se ofrecía en el ataque escalonado, pero el juego se espesaba por falta de fluidez. Paredes no encontraba línea de pase y las progresiones por los costados se ensuciaban.

El panorama no llegaba a ser preocupante, pero sí inquietante, porque se ajustaba más a las pretensiones uruguayas que argentinas. Pero si algo desarrolló el seleccionado en este fructífero ciclo es no sucumbir en los momentos complejos. No se desalienta si las cosas no le salen. Hay paciencia, convencimiento y confianza. No es un equipo que pierda definitivamente los papeles o se le vuele la cabeza. Síntoma de madurez, de cohesión colectiva y crecimiento individual.

La Argentina recién pudo inquietar cuando Romero anticipó en campo rival y Uruguay se encontró por primera vez desacomodado. Al centro cruzado de De Paul no llegó Lautaro por centímetros. Iban 25 minutos fue un indicio de que lo mejor estaba por venir.

La pelota empezó a correr con otra intensidad y lo que eran ataques estáticos cobraron vértigo. Messi había aparecido poco, su influencia era escasa, algo extraviado en el bosque de piernas charrúas. Pero Messi también es otro en versión seleccionado; sus ausencias o desniveles no duran un partido entero, como ocurría en el pasado. Ahora se lo espera como siempre y él aparece, se enciende e ilumina.

Rodrigo De Paul festeja su gol durante el partido de eliminatorias de la Copa del Mundo Qatar 2022 entre Argentina y Uruguay

Rodrigo De Paul festeja su gol durante el partido de eliminatorias de la Copa del Mundo Qatar 2022 entre Argentina y Uruguay (Mauro Alfieri/)

Su disposición es tan positiva que hasta hace un gol cuando no quiso tirar al arco. Porque empaló la pelota de zurda para buscar a Nico González, que no llegó a tocarla, pero su movimiento desorientó a Muslera, mientras lo que era una asistencia entró mansamente junto a un poste.

Iban 38 minutos y el gol fue una bisagra. El encuentro que se disputaba dejó de existir. A Uruguay se le aflojaron todas las certezas y la Argentina se soltó definitivamente, como lo hizo De Paul para llegar desde atrás y definir dentro del área. Se conseguía un 2-0 en apenas seis minutos, algo impensado hasta un rato antes.

La Argentina se fue al descanso con una sonrisa amplia y volvió dispuesta a que la gente disfrutara más de la noche. Uruguay arriesgó con el ingreso de dos delanteros (Cavani y Núñez) y rompiendo la línea de cinco. Se desfiguró y la Argentina le entró con asiduidad. Llegó el tercero, de Lautaro, y Muslera empezó a multiplicarse con una seguidilla de atajadas.

El clásico rioplatense había quedado reducido a una exhibición de la Argentina, que solo adeudó una cuota de mayor efectividad. Un reclamo que solo se permite en épocas de abundancia.

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