09/12/2021

El ron, la salvación para varios exdelincuentes en Venezuela

SABANETA, Venezuela.- Solían usar la casa para esconder a sus víctimas de secuestro mientras esperaban el rescate. Ahora la están convirtiendo en una oficina dedicada al negocio de la distribución de ron.

El drástico cambio del mafioso Luis Oropeza y su pandilla forma parte de un inusual proyecto de reinserción social que ha traído una relativa calma a la ciudad de Sabaneta, mientras la anarquía afecta a gran parte de Venezuela.

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Lo más sorprendente es que el programa también ha hecho que su fundador, el fabricante del Ron Santa Teresa, sobreviva —e incluso prospere— en un país donde la economía lleva años atrapada en una espiral descendente y su gobierno autoritario ha reprimido sistemáticamente a la disidencia.

En vez de unirse a las decenas de empresarios que huyen del país para escapar de los secuestros, las detenciones o la ruina financiera, la aristocrática familia Vollmer, que dirige Santa Teresa, optó por quedarse y comprometerse con las bandas criminales de Sabaneta y con el gobierno socialista que en su día prometió destruir a su clase social. En el proceso, los Vollmer han pasado de declararse en bancarrota a convertirse en exportadores de un galardonado ron añejo.

Como parte de la iniciativa, Luis Oropeza, de 32 años, y los miembros de su pandilla están ayudando a renovar una escuela. (Adriana Loureiro Fernandez/ The New York /)

Si te conviertes en un propietario ausente, no tienes la relevancia y la autoridad para sentarte con quien necesitas”, dijo Alberto Vollmer, de 53 años, el heredero de la familia que dirigió la reestructuración de la empresa. “Tienes que predicar con el ejemplo”.

El liderazgo de Vollmer también ayudó a romper el círculo vicioso de asesinatos y venganzas que había convertido a Sabaneta en una de las ciudades más violentas del país.

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“Queremos aprovechar esta oportunidad comercial para demostrar que es posible otra manera”, señaló Oropeza, el mafioso de 32 años, que relató que a los 16 años mató a su primera víctima.

Cuando el proyecto, conocido como Alcatraz, comenzó en 2003, los alrededores de Sabaneta registraban 174 homicidios por cada 100.000 habitantes, a la par que la capital de El Salvador a mediados de la década de 2010, cuando el país centroamericano tenía la tasa de asesinatos más alta del mundo.

La puerta principal de la antigua casa de Oropeza está plagada de agujeros de bala. En 2018, la pandilla de Oropeza mató a un guardaespaldas y amigo de Alberto Vollmer, cuya familia dirige la empresa ron Santa Teresa.

La puerta principal de la antigua casa de Oropeza está plagada de agujeros de bala. En 2018, la pandilla de Oropeza mató a un guardaespaldas y amigo de Alberto Vollmer, cuya familia dirige la empresa ron Santa Teresa. (Adriana Loureiro Fernandez/ The New York /)

Aunque el gobierno venezolano hace tiempo que dejó de publicar estadísticas, Santa Teresa calcula que la tasa ha bajado a una cuarta parte de esa cifra. Las pruebas anecdóticas parecen respaldar esa afirmación.

“A las 6 de la tarde a mí me daban ataques de nervios”, dijo Kerling Coronado, casada con uno de los antiguos pandilleros. “No podía dormir, yo sentía que me tumbaban la puerta, porque se empezaron a meter en las casas para matar a la gente”.

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Santa Teresa sostiene que el 70 por ciento de los 216 pandilleros que pasaron por Alcatraz —un programa de reeducación de dos años que incluye juegos de rugby, sesiones de psicología y formación profesional— ya no llevan una vida delictiva. Más de 100 han sido contratados por la empresa.

Oropeza, el último cabecilla que ha pasado por Alcatraz, perdió a tres hermanos y dos primos por la violencia de las pandillas. A uno le dispararon 200 veces en la cara una Nochebuena, dijo; otro fue decapitado y sus enemigos usaron su cabeza como balón de fútbol.

La delincuencia se ha reducido drásticamente en la localidad de Sabaneta. Cuando comenzó el proyecto Alcatraz en 2003, los alrededores de Sabaneta registraban 174 homicidios por cada 100.000 habitantes.

La delincuencia se ha reducido drásticamente en la localidad de Sabaneta. Cuando comenzó el proyecto Alcatraz en 2003, los alrededores de Sabaneta registraban 174 homicidios por cada 100.000 habitantes. (Adriana Loureiro Fernandez/ The New York /)

O eran ellos, o eras tú”, dijo Gregorio Oropeza, uno de los hermanos que sobrevivió y exmiembro de la pandilla, al referirse a la incesante violencia.

La mayoría de los 14 hombres que se inscribieron en el programa con Oropeza pasaron por la cárcel, habían matado o sus familiares fueron asesinados. Tuvieron que pasar varios años de negociaciones para que Santa Teresa superara el miedo de los pandilleros a ser emboscados por sus rivales o exterminados por la policía, y se sometieran a la reeducación.

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Aceptar a Oropeza en el programa también supuso un reto para la empresa. En 2018, su pandilla mató a un guardaespaldas y amigo de Vollmer.

“Nosotros le pedimos a tanta gente que perdonara”, dijo Gabriel Álvarez, gerente del proyecto Alcatraz. “Cuando nos tocó a nosotros no podíamos dejar de hacerlo”.

Kerling Coronado con su esposo, Brayan Hernandez, en la pastelería que abrieron con la ayuda de Alcatraz. “A las 6 de la tarde a mí me daban ataques de nervios”, dijo sobre la violencia por la que se conocía la ciudad.

Kerling Coronado con su esposo, Brayan Hernandez, en la pastelería que abrieron con la ayuda de Alcatraz. “A las 6 de la tarde a mí me daban ataques de nervios”, dijo sobre la violencia por la que se conocía la ciudad. (Adriana Loureiro Fernandez/ The New York /)

Para intentar pedir disculpas al pueblo que una vez aterrorizaron, los miembros de la pandilla de Oropeza ahora están creando una empresa que distribuirá los productos de Santa Teresa, además de renovar una escuela y una iglesia.

“Ojalá este proyecto hubiera llegado antes”, dijo una vecina, Cristina Ladaez, de 40 años. “No hubiese habido tantas muertes”.

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El hecho de que Alcatraz se dedique a ofrecer oportunidades financieras y formación psicológica a los pandilleros contrasta con los intentos del gobierno venezolano de tolerar o exterminar a los delincuentes. Las pandillas no han hecho más que crecer y coordinarse, según Verónica Zubillaga, socióloga venezolana que estudia el crimen organizado.

En un país en el que se calcula que tres de cada cuatro personas viven en la pobreza extrema, la delincuencia puede ser una de las pocas opciones disponibles para los jóvenes de los barrios marginales, dijo.

Gregory Oropeza, al centro, hermano de Luis Oropeza y expandillero, después de una práctica de rugby. Ha perdido hermanos y primos a causa de la violencia de las pandillas.

Gregory Oropeza, al centro, hermano de Luis Oropeza y expandillero, después de una práctica de rugby. Ha perdido hermanos y primos a causa de la violencia de las pandillas. (Adriana Loureiro Fernandez/ The New York T/)

El colapso económico también destruyó la capacidad del gobierno para hacer cumplir la ley, lo que obligó a las empresas a buscar sus propias soluciones para enfrentar la delincuencia rampante, dijo Ricardo Cusanno, expresidente de la Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela.

Alcatraz ha demostrado ser una buena estrategia comercial para Santa Teresa, subrayando la capacidad de la empresa para combinar la conciencia social con el beneficio comercial.

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El desmantelamiento de las pandillas locales redujo significativamente las amenazas de robo y secuestro contra las propiedades y los empleados de la empresa, dijo Vollmer. Los partidos de rugby organizados por Santa Teresa entre los antiguos miembros de las pandillas han sido una poderosa herramienta de mercadeo.

Y después de que Alcatraz se expandiera a las cárceles de Venezuela en 2007, los ejecutivos de Santa Teresa pudieron fomentar las relaciones con los jefes del hampa, protegiendo a la empresa de las cuotas de extorsión que asolan a la mayoría de las demás empresas del país.

Práctica de rugby. Los partidos que organiza Santa Teresa han sido una poderosa herramienta para promocionarse.

Práctica de rugby. Los partidos que organiza Santa Teresa han sido una poderosa herramienta para promocionarse. (Adriana Loureiro Fernandez/ The New York /)

El crimen organizado tira de hilos invisibles”, dijo Vollmer. “Son claramente un actor muy importante en el país”.

Santa Teresa ahora es el mayor fabricante de ron de Venezuela, y este año superó sus ventas prepandémicas. Su producto estrella, un ron añejado llamado 1796, ha ganado múltiples premios y ahora está disponible en bares de lujo de todo el mundo, gracias a un acuerdo de distribución con el gigante del alcohol Bacardí.

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Alcatraz es solo un ejemplo del novedoso enfoque de la empresa para gestionar el caos de Venezuela.

En el año 2000, cuando cientos de familias pobres invadieron la finca de la empresa con el apoyo del gobierno, Vollmer cedió voluntariamente parte de sus terrenos para una iniciativa de viviendas de interés social.

Integrantes del proyecto Alcatraz durante una clase de psicología en Sabaneta. Santa Teresa sostiene que el 70 por ciento de los 216 pandilleros que pasaron por el programa ya no se dedican a la vida delictiva.

Integrantes del proyecto Alcatraz durante una clase de psicología en Sabaneta. Santa Teresa sostiene que el 70 por ciento de los 216 pandilleros que pasaron por el programa ya no se dedican a la vida delictiva. (Adriana Loureiro Fernandez/ The New Yor/)

Esa iniciativa ayudó a que la empresa escapara de la expropiación y logró que Vollmer estableciera importantes relaciones con el gobierno de Hugo Chávez, quien en ese entonces era el presidente.

“Nosotros convertimos esta crisis en una gran oportunidad”, dijo Álvarez.

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Fue una asociación insólita. Los Vollmer, cuyo linaje se remonta al héroe de la independencia Simón Bolívar, personifican a las élites hereditarias cuya riqueza, según Chávez, pertenece al pueblo.

“¡Oligarcas, temblad!”, dijo Chávez poco después de tomar el poder en 1999. Pasó los siguientes 14 años en el cargo nacionalizando sus empresas y dejándolas fuera de los lucrativos acuerdos de importación que durante mucho tiempo habían alimentado sus fortunas.

Aplicación de etiquetas de la marca 1796 a las botellas. El ron ha ganado premios en bares de prestigio por todo el mundo.

Aplicación de etiquetas de la marca 1796 a las botellas. El ron ha ganado premios en bares de prestigio por todo el mundo. (Adriana Loureiro Fernandez/The New York /)

Las grandes empresas respondieron apoyando un golpe de Estado contra Chávez e intentando derrocarlo del poder mediante una huelga nacional de tres meses.

La colaboración de Vollmer con Chávez y su sucesor, Maduro, ha enfadado a muchos de sus colegas, que lo acusan de ayudar a un gobierno que ha destruido la democracia además de cometer graves abusos contra los derechos humanos.

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Vollmer se encoge de hombros ante los ataques, señalando que es más fácil criticar desde el exilio que intentar crear un cambio positivo desde Venezuela.

“Comenzando en nuestro municipio, queremos construir una sociedad que sea mejor”, dijo.

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