07/12/2021

“Rodrigazo”: similitudes y diferencias entre la situación actual y la de 1973, que derivó en una fuerte devaluación e hiperinflación

El congelamiento de precios para un listado de productos de consumo masivo se sumó a otras medidas similares que el Gobierno implementó en el último año para reducir la inflación, sin tener que atacar el problema de fondo (la gran emisión monetaria para financiar el gasto del Estado). Estas políticas incluyen la decisión de no actualizar los precios de las tarifas de luz y gas, los precios de los combustibles y atrasar el tipo de cambio. Estas medidas ya se tomaron en el pasado y terminaron, en una ocasión, con el famoso “Rodrigazo”, que significó una brusca devaluación y el estallido de la inflación, que alcanzó el 800% anual en 1976. Sin embargo, la situación actual no es exactamente igual a la de aquella época y el Gobierno tiene margen para evitar un desenlace de esas características, según explican los economistas.

Fernando Marull realizó un informe en el cual analiza similitudes y diferencias de hoy con la previa del “Rodrigazo”. “En 1973, Juan Domingo Perón asume su tercer mandato con el 62% de los votos, pero con una inflación elevada de 62%. Para reducirla, el entonces ministro de Economía, José Ber Gelbard, recurrió a una política antinflacionaria focalizada en congelar dólar y salarios antes que atacar las causas, originadas en crecientes desequilibrios fiscales y monetarios. El año 2021 es un déjà vu de hace casi 50 años”, contextualiza el analista.

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Luego señala que el Plan Gelbard consistió de un pacto social, en el cual los empresarios se comprometían a no aumentar precios, los sindicatos acordaban aumentos muy acotados de salarios y el Estado se comprometía a no aumentar tarifas públicas ni el dólar oficial. “El plan tuvo un éxito inicial para contener la inflación y bajó a niveles de 24%. Sin embargo, en julio de 1974, falleció Perón, Gelbard fue reemplazado por Alfredo Gómez Morales y empezaron a salir a la luz los problemas de este plan económico. Si bien el tipo de cambio oficial seguía congelado, la brecha con el paralelo subía constantemente y para diciembre de 1974 había llegado al 340%. El déficit fiscal venía creciendo todos los años y en 1974 era de 7% del PBI”, recordó.

Aquí se observan varias de las similitudes: atrasos de precios, salarios y tarifas; cepo y brecha cambiaria; déficit fiscal alto y financiado con emisión monetaria, y un gobierno con bajo apoyo popular. Sin embargo, dentro de esas similitudes hay diferencias que permiten explicar por qué el equipo económico de Alberto Fernández tiene margen para evitar una hiperinflación.

En 1975, el dólar oficial tenía más atraso cambiario y había una brecha con los paralelos de 340%, mientras que actualmente hay una brecha de casi 100%, explica el economista. El déficit fiscal, si bien en 2020 fue del 8% del PBI, para este año se espera uno rojo menor, de 4% (en 1973 y 1974, el déficit era de 7%).

Además, los salarios están casi en línea con la inflación y los sindicatos están “alineados”. También el contexto internacional actual con altos precios de los commodites es mejor que la crisis del petróleo de 1973.

En el único punto donde el contexto actual es peor es con los atrasos en las tarifas de luz y gas (170%, según las estimaciones de Marull) y de naftas (otro 40%). Si se aplicaran estas correcciones, la consultora estima 10 puntos más de inflación.

“Con las crisis recurrentes que tiene la Argentina, es muy difícil afirmar que esta vez no va a ocurrir. Las chances siempre están, lamentablemente. Si bien la Argentina sigue vulnerable, los niveles de atrasos de 2021 lucen más manejables que los previos a 1975. En parte, gracias al ajuste de precios relativos ocurrido entre 2015 a 2019 en tarifas y dólar. Otra manera de verlo es que en la previa del Rodrigazo, la inflación bajó fuerte, de 62% a 24%, antes de saltar por el aire; mientras que en 2021 se aceleró a 50%, desde 36% en 2020″, explicó Marull.

Bajar la inflación podría ser perjudicial

La situación actual encierra una gran paradoja: disminuir la inflación bruscamente, si bien es una promesa electoral, podría hacer estallar la tensa estabilidad macroeconómica. El economista Carlos Melconian dijo la semana pasada en una columna de LA NACION que el contexto actual cierra “sí y solo sí con una tasa de inflación alta en torno del 40% o 50% anual”. Y advirtió que intentar reducir la inflación al 25% anual, por ejemplo, “es de alto riesgo”. “La inflación actúa como atenuador de bombas nominales riesgosas”, explicó.

Marull coincide con este punto de vista y señala que “las chances de Rodrigazo en 2022 son mayores si: luego de las elecciones de noviembre, Guzmán da un giro ortodoxo y busca corregir los atrasos con ajustes en tarifas y devalúa el dólar oficial 50%, y si los sindicatos y los gobernadores le quitan el apoyo al Gobierno”.

El ex ministro de Economía Celestino Rodrigo, quien quiso aplicar medidas ortodoxas sin el apoyo político necesario

El exministro de Economía Domingo Cavallo también comparó la situación actual con la que había previo al Rodrigazo y dijo que, si se decidiera hacer una fuera devaluación, a través de la unificación del mercado cambiario, “se iría a un Rodrigazo”. Pero aclaró: “con este Gobierno pasaría eso, no con otro”.

La conclusión que prevalece entre los economistas es que, ante la falta de confianza y credibilidad que tiene el Gobierno, realizar una política de shock para corregir el atraso cambiario y el de tarifas podría ser contraproducente, como le pasó a Celestino Rodrigo, que quiso aplicar un descongelamiento de las variables sin apoyo político (el gobierno de María Estela Martínez de Perón estaba muy debilitado, luego de la muerte de Perón).

Por eso los analistas económicos señalan que el Gobierno debe lograr un acuerdo con el FMI que le devuelva la credibilidad necesaria para llevar adelante un plan de estabilización económica, sin que termine en hiperinflación y más pobreza. “Seguir atrasando precios o corregir desequilibrios ‘con shock, sin apoyo’ puede ser un salto al vacío”, concluyó Marull en su informe.

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