06/12/2021

La escritora uruguaya Fernanda Trías gana el Sor Juana Inés de la Cruz

Por una “prosa precisa y elegante, capaz de mirar con valentía el vacío, pero también tratar con ternura los temas centrales de la definición de lo humano como la enfermedad, la incertidumbre, la empatía y el dolor”, el jurado integrado por los mexicanos Ave Barrera y Eduardo Antonio Parra y la chilena Andrea Jeftanovic decidió conceder de forma unánime el Premio de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz 2021 a la novela Mugre rosa de la escritora uruguaya Fernanda Trías (Montevideo, 1976). “Garcias [sic], gracias, gracias. ¡Es todo lo que puedo decir por ahora!”, escribió en su cuenta de Twitter la autora, una de las más destacadas narradoras de América Latina. Es, además, traductora y docente.

A días de recibir en su país natal el Premio Bartolomé Hidalgo en la categoría de narrativa, Trías se alza con uno de los galardones más importantes para las escritoras en lengua española de América Latina y el Caribe: el Sor Juana. “De todos los premios posibles este es uno con el que yo siempre soñaba”, declaró la autora desde Bogotá, donde reside. En 2020, lo obtuvo Camila Sosa Villada por Las malas.

Mugre rosa (Literatura Random House) es la cuarta novela de Trías y fue publicada en 2020. Ambientada en un mundo asolado por un virus mortal, una mujer intenta descifrar las claves del entorno que se desmorona, acompañada por un niño en un departamento de Montevideo. Si bien Trías terminó de escribir la novela tres meses antes de que comenzara la pandemia de Covid-19, y existen similitudes entre ambas, la autora aseguró que más que una premonición, destacaba “lo anticipatoria que puede ser la ficción en muchas ocasiones”.

Portada de «Mugre Rosa», de Fernanda Trías (Maqueta/)

Mugre rosa es una metáfora poderosísima de un mundo afectivo en crisis, donde todo está a punto de hundirse, aunque sostenido todavía por los hilos débiles de la memoria, la ternura, la solidaridad y el esfuerzo para llegar a un lugar donde la vida sea otra cosa”, escribió la colombiana Piedad Bonnett en ocasión del lanzamiento de la novela. Trías es la segunda escritora uruguaya en recibir el Sor Juana, que concede diez mil dólares. En 2006, lo ganó Claudia Amengual por Desde las cenizas.

Trías es una autora muy apreciada en la Argentina, y este año, el sello Marciana publicó su novela corta La ciudad invencible, de 2014, que ficcionaliza su experiencia en una Buenos Aires desasosegante, donde pasó una temporada. El libro recrea sus vivencias cuando, antes del #MeToo y en soledad, la autora denunció por abuso a su pareja en ese entonces, que debió cumplir una probation. La reedición de esta nouvelle está dedicada al abogado defensor de Trías: el escritor Ricardo Strafacce.

El sello Paisanita publicó en el país el volumen de relatos No soñarás flores, de 2016, que estuvo nominado al Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez. Publicó además las novelas Cuaderno para un solo ojo (2002), La azotea (2001; Premio Nacional de Narrativa/MEC, 2002) y los relatos de El regreso (2012).

Cuentos suyos integran antologías de nueva narrativa latinoamericana y sus relatos se tradujeron a varios idiomas. Obtuvo la beca Unesco-Aschberg en 2004, y el Premio a la Cultura Nacional en Uruguay en 2006. También recibió el Premio residencia SEGIB-Eñe-Casa de Velázquez que se otorga en España a un escritor latinoamericano, en 2017. Como se dijo, vive en Bogotá, donde es profesora en la Universidad de los Andes y en la maestría en escrituras creativas de la Universidad Nacional.

La entrega del reconocimiento se hará el 1º de diciembre en Expo Guadalajara durante la celebración de la 35ª edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que comienza el próximo 27 de noviembre.

Así escribe Fernanda Trías

Los días de niebla el puerto se convertía en un pantano. Una sombra cruzaba la plaza, vadeando entre los árboles, y al tocar cualquier cosa iba dejando las marcas alargadas de sus dedos. Bajo la superficie intacta, un moho silencioso hendía la madera; la herrumbre perforaba los metales. Todo se pudría, también nosotros. Si Mauro no estaba conmigo, los días de niebla salía a dar vueltas sola por el barrio. Me dejaba guiar por el cartel luminoso del hotel que titilaba a lo lejos: HOTE A ACIO. Seguían faltando las mismas letras, aunque ya no fuera un hotel sino otro de los tantos edificios ocupados en la ciudad. ¿En qué día estoy pensando? Todavía me parece oír el ruido del neón –su vibración eléctrica– y el falso circuito de otra letra a punto de apagarse. Los ocupantes del hotel lo dejaban prendido no por desidia, tampoco por nostalgia, sino para recordar que estaban vivos. Aún podían hacer algo caprichoso, meramente estético, aún podían modificar el paisaje.

Si voy a contar esta historia debería empezar por algún lado, elegir un comienzo. ¿Pero cuál? Nunca fui buena para los comienzos. ¿El día del pez, por ejemplo? Esas cosas minúsculas que marcan el tiempo y lo vuelven inolvidable. Hacía frío y la niebla se condensaba sobre los contenedores desbordados. No sé de dónde salía tanta basura. Era como si se digiriera y se excretara a sí misma. ¿Y quién te dice que los desechos no seamos nosotros?, algo así podría haber dicho Max. Recuerdo que doblé en la esquina del viejo almacén, con su puerta y ventanas tapiadas, y al bajar hacia la rambla sur, la luz verdirroja del cartel luminoso se derramó sobre mí.

De Mugre rosa

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