30/11/2021

Después de la ventana de noviembre: de los riesgos físicos a la desigualdad

La ventana de noviembre en el otoño del Hemisferio Norte registró un hecho histórico para los países que juegan el Seis Naciones: por primera vez todos sus seleccionados vencieron a los del Sur en un mismo fin de semana. Francia, Inglaterra, Gales e Irlanda superaron a los 4 de la Sanzaar, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Australia y Argentina, respectivamente. Escocia e Italia, por su parte, doblegaron a Japón y Uruguay. Los All Blacks habían perdido también con Irlanda, mientras que los Wallabies fueron derrotados además por Escocia e Inglaterra. Al margen del progreso de los mejores equipos europeos, quizá como nunca quedó evidenciado que los del Sur llegan agotados a esta etapa del año. Lo mismo podría decirse de los del Norte cuando viajan a disputar la serie de julio. Es que el calendario del rugby profesional prácticamente no da descanso para un deporte que en ese nivel ofrece un alto desgaste físico y mental para los jugadores. Es un sistema de tanta exigencia que en algún momento, no lejano, se va a romper si no se le encuentra una vuelta.

Un calendario unificado, que en su momento fue la propuesta que llevó Agustín Pichot cuando era vicepresidente de la World Rugby, podría haber sido un comienzo de solución. Pero la negativa del poder europeo no sólo frustró esa opción, sino que dejó, luego en la elección, al argentino fuera de la entidad. Los Pumas, sin que esto sea una excusa a su flojísimo 2021, lo están sufriendo más de lo que se pensaba cuando la pandemia dejó sin efecto el Super Rugby y, con ello, la franquicia Jaguares. Veamos: los jugadores que estuvieron en esta ventana de noviembre ahora regresarán a sus clubes y, salvo por un par de fechas durante el Seis Naciones, jugarán todos los fines de semana en sus clubes hasta junio. Sin vacaciones. ¿Cómo llegarán a la serie de locales de julio de 2022, a un año del Mundial? Quizá lo mejor sea darles descanso.

El resumen de Argentina – Irlanda

La World Rugby no termina de abordar en plenitud el impacto negativo y grave que significa sobre la salud de los jugadores un calendario tan extenuante y una competencia cada vez más física. A las denuncias y juicios que aparecieron en los últimos meses de ex jugadores con serios problemas mentales, la reciente respuesta de la entidad fue lanzar una “Campaña global de educación sobre la salud cerebral” que no termina de atacar el eje central del problema, que también tiene que ver con los reglamentos vigentes.

Sí es un avance la resolución dada a conocer ayer para frenar el hecho de que un jugador nacido en un país pueda representar a otro casi sin ninguna exigencia. Es de algo de lo que se venían aprovechando las potencias, esquilmando especialmente a las Islas del Pacífico Sur. Apenas un ejemplo de los tests de noviembre: Escocia tuvo 46,3% de extranjeros en su plantel; Japón, 37,1; Australia, 29,4; Inglaterra, 27,7. Los únicos dos del Tier 1 sin extranjeros son Argentina y Sudáfrica.

Una de las sorpresas de la ventana de noviembre; triunfo de Irlanda sobre los All Blacks en el Autumn Nations Series (Ramsey Cardy/)

A partir del 1º de enero de 2022, un jugador que quiera representar a otro seleccionado tendrá que estar antes tres años sin jugar internacionalmente y deberá tener un padre o un abuelo nacido en el país para el que quiera jugar. Sin dudas, Tonga, Fiji y Samoa pasarán a ser seleccionados de alto nivel en los próximos años. Aunque habrá que ver cómo es la regulación económica en todo esto, ya que los isleños optan jugar por las potencias porque les pagan más que en sus propios países.

Lo cierto es que esta nueva disposición termina con un despropósito que llevaba años y apunta a disminuir la desigualdad.

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