02/12/2021

Las últimas horas de Maradona: el documento final

Ya pasó un año. El 25 de noviembre 2020, la muerte Diego Armando Maradona paralizó al mundo entero. Tan rápido pasó el tiempo que el dolor por su ausencia se siente como si hubiese sido ayer entre sus fanáticos, ex compañeros, amigos, familiares y allegados. Sus vivencias aún están frescas en la mente de sus seres queridos, los homenajes en los estadios de fútbol se multiplican.

Una vez difundida la noticia y luego de lo que fue su velatorio público y masivo en la Casa Rosada, fueron innumerables las veces que se repasó la vida del astro nacido en Villa Fiorito, sus logros deportivos o los tributos hechos en su honor, pero sin dudas de lo que más se habló fue de sus últimos días de vida. Testimonios, hechos y especulaciones fueron develándose poco a poco y causaron estupor por el impensado contexto en el que se dio su adiós.

Todavía quedan por resolverse varias cuestiones meramente fácticas que dejó el fallecimiento de Pelusa, como las causas judiciales en curso y la herencia, pero hay otras, más abstractas, puertas adentro de la intimidad. Por ejemplo, en qué condiciones socio-afectivas se fue Maradona. ¿Murió solo, como se dice? Y si fue así, ¿qué tan solitarios fueron sus últimos días?

De esta manera, “Las últimas horas de Maradona” es un documental producido por Infobae con la intención de reconstruir – o acercarse lo más posible- el final de la vida de Diego, desde su cumpleaños, pasando por la internación en la Clínica de Olivos y su operación por un hematoma subdural, hasta su mudanza definitiva al Barrio San Andrés de Tigre. Quiénes acompañaron -o no- a Diego en sus últimos días, de qué manera los transitó, qué personas pudieron brindarle cariño y cómo fueron sus últimas charlas con él.

Es así que Lalo y Rita Maradona -dos de sus hermanos-, Héctor Enrique y Mariano Israelit -como amigos-, Verónica Ojeda -su ex pareja-, Matías Morla -su apoderado-, y Gabriel Pellegrino -presidente de Gimnasia de La Plata- brindaron sus testimonios, cada uno desde su punto de vista y su lugar, de lo que fueron viendo, sintiendo y actuando en el recorrido de Maradona hasta su trágico final. Todos con dos puntos en común, tan claros como contradictorios: su ánimo y salud fueron en declive, pero al mismo tiempo nadie vio venir el doloroso epílogo.

Absolutamente todos coinciden en que un punto de inflexión en la salud física y mental del entonces DT del Lobo fue el aislamiento obligatorio decretado el 19 de marzo del año pasado por el gobierno nacional ante la pandemia de coronavirus. Sin la posibilidad de recibir las visitas de sus seres queridos, sumado a la falta de fútbol, fue el comienzo de una pendiente que se hizo cada vez más abrupta. “Hay que tener en cuenta que para Diego el mejor perfume es el olor del pasto y estaba privado de eso, se le habrá hecho muy pero muy difícil”, resaltó Enrique.

“Se le negaban todos los mensajes. No sé qué mal se le podía hacer a Maradona yéndolo a ver, comer un asado y hablar de los momentos lindos y no tan lindos que tuvimos”, contó el Negro sobre las veces que intentó contactar por celular a ex compañero, con quien levantaron juntos la Copa del Mundo en México 86. Algo que, hasta hoy, repiten todos los miembros de aquel plantel dirigido por Carlos Salvador Bilardo: la imposibilidad de hablar o ver a su capitán.

Quizás el primer aviso de lo que ocurriría con Diego se dio el 30 de octubre, día en que celebró su cumpleaños número 60 en la cancha de Gimnasia. Previo al partido del Tripero frente a Patronato, las transmisión prometía una fiesta con Diego como protagonista. Incluso asistieron Cladio Tapia y Marcelo Tinelli, ambos en carácter de presidente de la AFA y de la Liga Profesional de Fútbol respectivamente. Pero lejos estuvo de ser un festejo ameno, dado que la imagen que dio el entrenador fue triste para los fanáticos que estaban del otro lado de la pantalla, imposibilitados de asistir por las restricciones gubernamentales.

“Como en la pandemia habíamos sido tan cuidadosos con todo, con Diego habíamos hablado que no fuera al partido y después apareció en la cancha solo. Él se sentía triste de que no poder festejar el cumpleaños. Él decía que no era un cumpleaños así, sin gente. El día del partido no lo vimos tan bien”, afirmó Pellegrino.

Recluido durante meses en su casa y sin la posibilidad de celebrar su cumpleaños sentado en una mesa con todos sus hijos, otro de los factores que afectó -o ya venía afectando- a Maradona era la falta de sus padres. Doña Tota murió el 19 de noviembre de 2011, mientras que Chitoro se fue en 2015, algo que según su entorno familiar jamás pudo superar. “Desde hace 5 años para atrás ya no era el Diego que yo conocí, mi hermano, el que yo quería”, explicó Lalo acerca de qué fue de su hermano sin sus padres.

Todo ese combo explotó el 3 de noviembre, cuando se informó que Maradona sería operado de un hematoma subdural. Y, si bien la intervención fue realizada con éxito, Diego permaneció una semana internado y en observación. “El día de la externación fue el último día que lo vi. Estuvimos hablando y estaba mejor”, señaló Rita, su hermana conocida como Kity, y que en el seno familiar apodaron como la Jefa, por ser quien se encargaba de visitar a Diego y pasar el parte médico al resto de parientes.

Ya instalado en su casa de Tigre, con el propósito de estar más cerca de sus hijos y poder estar acompañado en el pos operatorio, Kity reconoció que sus visitas dejaron de ser constantes debido a las recomendaciones médicas de no rodear de tanta gente a su hermano para prevenir un posible contagio de coronavirus, algo de lo que hoy en día se arrepiente de haber respetado. “Lamento no haber ido, de haber acatado eso de que no se podía entrar. Si yo tenía permiso, estaba en la lista de los que podían ingresar, hubiese ido igual”, sostiene con la mirada brillosa.

Una de las últimas personas en ver a Diego con vida fue su ex pareja Verónica Ojeda, quien llevó a Dieguito Fernando a visitar a su padre el lunes 23 de noviembre. “Me llamó Vanesa Morla y me dijo que lleve a Dieguito porque Diego estuvo todo el fin de semana solo. Lo llevé y, al entrar a la habitación, Dieguito se le tiró arriba a su papá para abrazarlo. Se dijeron cosas lindas, se amaban. Se besaban y se abrazaban a cada rato. Dieguito es un nene muy cariñoso. Y estaba muy encima de su papá siempre”, mencionó al describir la situación, que posiblemente haya sido la última muestra de cariño que recibió Pelusa.

“Le dije que Dieguito necesitaba verlo bien, que quería que esté bien. Me prometió que lo iba a estar, que le llevara mañana a Dieguito que iba a estar bien”, añadió. Sin embargo, ese encuentro jamás se dio. Ese martes una fuerte tormenta azotó a la Ciudad de Buenos Aires y sus alrededores, por lo que Ojeda prefirió no viajar sola en auto desde su casa de Ezeiza a Tigre y pospuso el encuentro para el miércoles. Ese mismo día, aproximadamente a las 12.30 del mediodía, se confirmaría la muerte de Diego Armando Maradona producto de una reagudización de una insuficiencia cardíaca crónica, que derivó en un edema de pulmón.

Para el entorno de Diego le es imposible explicar con palabras lo que significa su ausencia. Apenas unas pocas palabras y un llanto melancólico invaden a cualquiera de los interlocutores cuando se les pregunte por el fallecimiento de Maradona o sobre cómo debe recordárselo a uno de los íconos más grandes de la historia argentina.

Así eligió Verónica Ojeda ponerle el hombro a su muerte el día que escuchó a su hijo mencionar que no iba a poder estar más con su padre

– Mi papá se fue. No está más, se fue al cielo y yo estoy triste.

– Sí, Dieguito, papá se fue al cielo… Pero va a estar siempre con vos…

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