08/12/2021

Se perdió el viaje de egresados por jugar un torneo y el pádel cambió su vida: llegó a ser número 1 del mundo

Si le hubiera quedado un objetivo por cumplir, no hubiera tomado su decisión. Si le hubiera quedado una pelota por disputar, confirma que no estaría en esta situación. Porque él es así: un hombre apasionado, luchador y convencido de su talento. Un jugador profesional, aguerrido y que dio todo. Se entregó al máximo por un deporte que le devolvió aún más. Anunció su retiro en octubre, con 45 años, pero la decisión la había tomado a comienzos de temporada. Convencido y satisfecho, no dudó. Debieron pasar esos meses de procesos, asentamiento emocional y conclusiones para darla a conocer. Hoy, con una sonrisa y el disfrute a flor de piel, se muestra en Buenos Aires Pádel Masters, auténtico.

Representó al país en Mundiales (fue campeón en dos oportunidades) y disputó 279 partidos oficiales en 2021. Tuvo en su carrera profesional pocas parejas deportivas: Gaby Reca, con quien compartió 12 años del circuito; Cristian Gutiérrez, con quien pasó cuatro, y estas últimas temporadas compartió el circuito junto a Maxi Grabiel. Este hecho fue algo que lo caracterizó. Se considera un jugador paciente, obsesivo pero que confía en los procesos. Prefiere mantenerse ajeno a la vorágine y verticalidad que produce la obsesión por lo inmediato.

“No es fácil adaptarse al cambio de pareja. Pero el cambio creo que corresponde un poco a lo que es la vida misma, a la ansiedad por lograr resultados automáticamente. Entonces es difícil confiar en un proyecto que no arranca con buenos resultados en un principio. Por eso hoy, en vez de apostar, se prefiere cambiar y tratar de buscar otra cosa que te dé resultados instantáneos. Es complejo, pero es así. A mi es de lo que menos me gusta”, reflexiona el jugador, que se despide siendo número 88 del mundo.

-En tus 25 años de carrera profesional, ¿Cómo ves la evolución del World Padel Tour?

-En este momento el circuito está imparable, cosa que siempre me costó creer. Durante toda mi carrera escuché decir ‘voy a invertir, voy a hacer que el pádel crezca’ y eso nunca sucedió. Y hoy, no se puede detener. Entró en muchos países nuevos, y con tanta fuerza, que el fenómeno es justamente eso, imparable. Es verdad que cambió y hubiera estado bueno que el nivel de premios y patrocinios que hay hoy hubieran existido 15 años atrás. Pero bueno, creo que formó parte de este crecimiento y pude aportar mi granito de arena en este desarrollo.

-¿Qué te llevás de tu carrera profesional?

-El pádel me dio todo. Me dejó amigos, historias y títulos, me dio la posibilidad de conocer el amor y formar una familia. Veinticinco años atrás no me lo esperaba, pero estaba convencido de qué era lo que quería. Dejé de ir a mi viaje de egresados por jugar un torneo en Mendoza y gracias a ese resultado es que devino todo lo demás. Dejé la Argentina muy chico, me costó pero valió la pena. Me moldeó, porque lo que me pasó a mi es lo que nos pasa a la mayoría de los argentinos que emigramos en busca de este sueño: estás solo y cada derrota que tenés afuera del país, duele, y duele muchísimo. Entonces el perder duele tanto que buscás hacer todo lo posible para ganar y evitar ese dolor.

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