20/05/2022

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Lionel Scaloni, el DT de la Selección que se apasionó por el fútbol en el Bulevar Colón

Yolanda tiene más de 90 años y abre una mirilla de la puerta de su casa, sobre el bulevar Colón de Pujato, para averiguar qué pasa. Apenas en diagonal hacia su izquierda, a menos de 20 metros, el domicilio de la familia Scaloni se destaca por sobre el resto, rompe el molde de las fachadas típicas del pueblo. El sol del mediodía enceguece y a esta hora, apenas pasadas las 12, solo se escuchan las cigarras.

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“De chiquito Lionel era todo un personaje. Me acuerdo de que venían con el hermano -Mauro- a pedirme el inflador para bicicletas. Lo recuerdo como si fuera hoy, me hacían reír mucho, no te das una idea”, dice Yolanda, y sonríe como solo saben hacer las abuelas y como si pudiera volver en el tiempo para repetir en su mente esa escena. Asomada a una pequeña ventana, mientras habla, señala y mira hacia la casa en la que se crio el entrenador de la Selección argentina. “Es ahí, sí, justo ahí”, confirma.

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Scaloni creció en Pujato, un pueblo santafesino de cuatro mil habitantes ubicado a 40 kilómetros de Rosario, pero sobre todo lo hizo sobre el bulevar Colón, una de las arterias principales. Cuando volvía del colegio Lionel salía junto con su hermano para jugar al fútbol en la calle o andar en bicicleta. No había día en el que eso no ocurriera.

La primera infancia de Scaloni pasó en distintas coordenadas del pueblo, pero hubo dos focos principales: el club Sportivo Matienzo y estas diez cuadras -pavimentadas, llenas de árboles, aroma a glicinas, ni una reja- del bulevar, orgullo pujatense.

Bulevar Colón, de Pujato, donde creció Scaloni (Foto: TN / Leandro Heredia)..

Tradición de pueblo, mucho más a fines de los ochenta, se podía jugar hasta tarde sin que hubiera episodios de inseguridad. No los hay hoy, menos en aquellos años. “Muchas veces jugábamos acá mismo, sobre la calle, hasta que se hacía de noche y entonces nos llamaban para la cena, y bueno, recién ahí se terminaba todo. Eran momentos muy lindos. Lio siempre fue alguien muy atento, y, te digo, no dejó de serlo nunca: cada vez que pasa por acá nos saluda”, detalle Luciano mientras toma mate con su madre, María del Carmen, también vecina, a un terreno de distancia del de la familia Scaloni.

Luciano era uno de los chicos con los que Scaloni jugaba todo el día en la calle. A veces salían en bicicleta, o armaban un partido de paddle, uno de los deportes favoritos del DT de la Selección incluso ahora.

Luciano, vecino de Scaloni en Pujato (Foto: TN / Leandro Heredia).
Luciano, vecino de Scaloni en Pujato (Foto: TN / Leandro Heredia).

Diego, Emiliano, Gerardo, Silvio, Leonardo (su primo) también se sumaban. Cuando podía, Mauricio Sesana, su gran amigo, se unía a los partidos, pero le quedaba lejos. “Son esos momentos que no te vas a olvidar nunca más. Es muy fuerte ver todo lo que logró en su carrera como jugador y ahora como entrenador de la Selección”, reconoce Luciano, encargado de una distribuidora de alimentos.

Su carrera avanzaba y el tiempo con sus amigos comenzó a evaporarse para Scaloni

El tiempo libre para jugar en la calle empezó a evaporarse mientras su carrera en las inferiores tomaba forma. Scaloni tuvo que repartir su tiempo entre la escuela y las categorías formativas de Newell’s, donde comenzó a construir su carrera profesional. Su padre, Ángel, lo llevaba a cada entrenamiento en Rosario a bordo de su camión de carga. Sus días eran intensos: viaje de ida, práctica, viaje de vuelta, colegio, tarea y un rato para sus amigos. Pero lo que le sobraba, según cuentan sus vecinos, era -y es- energía.

“Siempre fue muy inquieto. No paraba un minuto. Cada vez que tenía un rato quería jugar al fútbol o salir a dar una vuelta en bicicleta”, asegura María del Carmen, vecina, mientras observa con una mirada cómplice a su hijo, compañero de aventuras de Scaloni.

En las escaleras de la casa de la familia Scaloni están grabados los nombres de Lionel y sus hermanos (Foto: TN / Leandro Heredia).
En las escaleras de la casa de la familia Scaloni están grabados los nombres de Lionel y sus hermanos (Foto: TN / Leandro Heredia).

Iluminado por las luces del éxito tras haber ganado la Copa América en Brasil, el Mundial se presenta como un desafío supremo, un evento elevado que pone al planeta entero a los pies del fútbol. Pero en esa misma casa donde todo era alegría, no lo es por completo: sus padres, Ángel y Eulalia, no están bien de salud. Es por eso que cada vez que viaja a la Argentina Scaloni se queda en la casa de su infancia para acompañarlos.

Lionel Scaloni, el pujatense que conduce a la Selección argentina rumbo a Qatar 2022 (Foto: AFP).
Lionel Scaloni, el pujatense que conduce a la Selección argentina rumbo a Qatar 2022 (Foto: AFP).

Aunque cada vez que está de regreso su prioridad es estar con sus padres, cuando puede trata de mantener su rutina y sale a recorrer el pueblo en bicicleta. Es normal verlo por los calles de Pujato. Scaloni tiene su mapa. Pasa por el campo, el club, el centro, recorre el bulevar y saluda a todo quien lo mire. Los niños tienen una admiración suprema por el DT y, cuando pasa por la escuela, se toma fotos con quien se lo pida.

“Te soy sincero, Lionel siempre se comportó como uno más. Es cierto que con todo esto de la Selección cambiaron algunas cosas, porque los chicos le piden más fotos, pero él cada vez que viene al pueblo trata de tener su vida normal. Lo veo asentado y profesional, pero tiene mucho sentido del humor y eso lo conserva de cuando era chico, es una parte importante de su esencia”, detalla Mauricio Sesana, con quien el entrenador de la Selección tiene una relación de amistad que perdura con los años.

Orgullo eterno de Pujato por Lionel Scaloni

Scaloni es sinónimo de Pujato y Pujato le rinde un tributo eterno. Tres murales sobre la ruta -atascada de camiones, sobre todo ahora, en época de cosecha- recuerdan lo que significa para ellos que el entrenador del seleccionado nacional sea pujatense. En la esquina del club Sportivo Matienzo hay otra imagen en homenaje al DT de la Selección, como si fuera necesaria consolidar aún más el afecto.

Uno de los murales dedicados para Scaloni en la Ruta 33, a la altura de Pujato (Foto: TN / Leandro Heredia).
Uno de los murales dedicados para Scaloni en la Ruta 33, a la altura de Pujato (Foto: TN / Leandro Heredia).

El sentimiento es recíproco. Hay una historia que sirve para reflejarlo. Ocurrió el día que fue invitado a la Escuela Número 227 Bernardino Rivadavia -donde estudió- tras haber ganado la Copa América y se puso a llorar mientras les hablaba a los nenes del colegio. En ese momento, dicen los que lo conocen, Scaloni había recordado esas tardes en las que lo único que necesitaba para ser feliz era una pelota de papel y las calles de Pujato para correr. Nada más, nada menos.

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