25/05/2022

Mirando la Hidrovía

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Dos miradas sobre el alambre de púas

En su libro La evolución de la tecnología (1991), el historiador estadounidense George Basalla propone una teoría sobre el cambio tecnológico: ninguna tecnología se crea de la nada, antes bien, como en la evolución biológica, descienden de otras tecnologías, aunque con pequeñas variaciones. Pero, entonces, ¿de dónde salieron los primeros artefactos? Para Basalla, de la naturaleza. Los primeros recipientes imitaron las manos ahuecadas con la que los humanos antiguos bebían agua; los primeros martillos son una variación artificial del puño humano; las primeras sierras descienden de los dientes.

Sin embargo, nos advierte el autor, el paso de la naturaleza al artificio humano “se pierde en las penumbras de la época prehistórica”. A pesar de ello, hay algunos casos más cercanos, que nos permiten estudiar este proceso.

Uno de ellos es la aparición del alambre de púas, en Estados Unidos en la década de 1870. En aquel momento, para cuidar el ganado se armaban hileras de arbustos espinosos, como zarzas, cactus y rosas, pero el naranjo de Osage era la más requerida para tal función, a tal punto que se conocía como la “alambrada viviente”. La alta demanda de este tipo de planta hizo que su precio se volviera exorbitante, lo que aseguró el éxito de la imitación de alambre de estos arbustos. Fue la Thorn Wire Hedge Company, fundada en 1876, la que comenzó a fabricarlo y venderlo masivamente por primera vez.

Por su parte, en el primer capítulo de su libro, El alambre de púas una ecología de la modernidad (2004), el historiador israelí Reviel Netz también estudia los orígenes del alambre de púas en el oeste estadounidense, para vigilar y custodiar el ganado, pero luego reconstruye la trayectoria de esa “tecnología de control y dolor” hasta su utilización militar y política en los campos de batalla y en los centros de exterminio nazi y los gulags rusos.

En los 80 años que van desde 1874 hasta 1954, desde la invención del alambre de púas hasta el crepúsculo del Gulag, muestran que el alambre de púas fue central en los principales acontecimientos de la historia mundial. “El enorme alcance del alambre de púas a lo largo de la historia –asegura Netz– que va de la agricultura a la guerra y la represión humana, y de un extremo a otro del mundo, se debe a la simple e inmutable ecuación entre la carne y el hierro. La primera cede necesariamente ante el segundo y su consecuencia inevitable es el dolor”.

Así, la diferencia entre naturaleza y humano no solo se vuelve difusa en la era prehistórica, también en el pasado reciente y en el presente “se pierde en las penumbras”. La historia del impedimento del movimiento a través de las tecnologías de la violencia y el dolor trasciende las especies. La historia muestra que entre el ganado y los humanos, en muchas ocasiones no hubo un alambrado divisorio.

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