21/05/2022

Mirando la Hidrovía

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El Gobierno necesita hallar alternativas

La crisis política en la que está inmerso el Gobierno nacional y su coalición gobernante ha entrado en una nueva etapa. Si hubiera que apelar a una imagen para describirla, diríamos que se parece demasiado a un callejón sin salida.

Casualmente, el arte de la política radica en poder proponer alternativas ante las situaciones más complejas, en vez de generar esas situaciones. Pero tanto Cristina Kirchner como Alberto Fernández se muestran convencidos de que no es tiempo de sugerir alternativas o de discutir sus discrepancias en privado, sino que ambos han elegido diferenciarse en público.

Más allá de reivindicar una vez más los supuestos logros económicos de su segundo mandato presidencial –contexto en el que reconoció, de manera implícita, que durante su gestión se adulteraron los datos de inflación–, ella explicó por primera vez el motivo que la llevó a plantear la candidatura presidencial de Fernández: quien uniera a las distintas corrientes peronistas no debía tener peso político propio.

Dijo algo más: ganada la elección, ella tuvo la generosidad de dejarlo formar su propio gabinete económico. O sea que Fernández habría cometido el error de creer que podía hacerlo por el simple hecho de haber sido elegido presidente. Desde la perspectiva de Cristina Kirchner, hizo algo que no le correspondía por derecho propio.

Alberto Fernández usó algún acto local para responderle que en su gestión no se ha ocultado nada, al mismo tiempo que el ministro de Economía calificaba como insostenible en el tiempo el programa económico implementado en la última etapa del cristinismo, con Axel Kicillof en el ministerio.

Pero su siguiente andanada discursiva llegó desde Europa, lo que significa que el presidente Fernández no deja regla protocolar sin transgredir. Un principio clave y de larga data, reconocido en todo el mundo, sostiene que durante una gira internacional un líder político debe abstenerse de hacer comentarios despectivos sobre sus adversarios en las discusiones internas que se desarrollan en su país.

Pues en su paso por España y por Alemania, Fernández desafió a Cristina Kirchner a disputarle la candidatura presidencial de su espacio en las internas abiertas del año que viene; en una velada comparación con ella, aseguró que casi no tiene bienes y que no enfrenta ninguna causa por presunta corrupción porque él no llegó al gobierno para enriquecerse; y amenazó con despedir a los funcionarios que no acompañen las medidas que implementen con su ministro de Economía, en clara referencia, como mínimo, a un subsecretario que ese ministro dio por despedido hace un año y aún se mantiene en su cargo.

En este juego de espejos, donde el uno intenta diferenciarse del otro, y viceversa, ante propios y extraños, pero en el que ambos se ven igualmente compelidos a seguir juntos, ¿quién puede confiar en el rumbo del país?

Así no se atraen inversiones ni se generan climas de negocios favorables. Así se multiplica la incertidumbre, que agrava, más temprano que tarde, la crisis económica.

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