19/05/2022

Mirando la Hidrovía

Noticias sobre la Hidrovía

El humor social, tan negativo como en lo peor de la pandemia

Ejercitemos la memoria: abril-mayo de 2020. El país parado sin que nadie supiera exactamente hacia dónde iba la pandemia. Sin vacunas y sin horizonte claro, la mitad de los argentinos que vive de la diaria estaba sin poder trabajar. Las ayudas del Estado que llegaron después ni siquiera se habían anunciado. En ese contexto, la percepción económica personal se derrumbó y el pesimismo alcanzó máximos históricos.

El 85% de los cordobeses declaraba estar peor que en 2019 y el 69% creía que en 2021 la cosa iba a estar mal también, según la encuesta de opinión que elaboran D’Alessio Irol y Sergio Berensztein.

El mismo trabajo relevó el humor social hoy y detectó idénticos niveles de hartazgo y pesimismo: al igual que en lo peor de la cuarentena, el 85% de los cordobeses hoy dice estar peor que hace un año. Pero hay un dato adicional que acentúa la desesperanza: el 80% cree que en un año estaremos todavía peor.

“En Córdoba, el pesimismo es mayor que a nivel país”, remarca Nora D’Alessio, una de las autoras del trabajo. Efectivamente, a nivel nacional los números son malos, pero menos malos que en la provincia: el 73% dice estar peor que hace un año y el 68% cree que dentro de 12 meses estaremos peor.

La pregunta es por qué. ¿Qué está pasando en la ciudadanía para que se registre semejante desesperanza? La pandemia pasó, el 92% de la población accedió a las vacunas y en 2021 la economía recuperó lo perdido en el 2020. “Es que los problemas no cambiaron: la inflación, la inseguridad y la delincuencia siguen presentes”, apunta D’Alessio.

Al 91% de los argentinos les preocupa la inflación; al 71%, la inseguridad, y al 69%, la incertidumbre económica. Son las grandes preocupaciones de todos, de los que votaron tanto al oficialismo como a propuestas de la oposición.

“Es muy lógico que la inflación sea uno de los flagelos que más afectan a la gente, porque se pueden tener problemas de trabajo e ir sobreviviendo con una changa o algo temporal, pero con inflación trabajás para seguir siendo pobre”, remarca el economista Christian Buteler.

Los datos marcan un desempleo del 7% en el país al cuarto trimestre del año pasado, y si bien para muchos se deterioró la calidad del trabajo, el problema es que nada alcanza. En el 44% de pobreza que relevó al Observatorio Social de la Universidad Católica Argentina, hay muchos trabajadores que aun con ingresos fijos son pobres.

A ritmo del 6,7% de inflación de marzo, el año termina en el 115%. Si corriera al ritmo del 6% de abril, cierra 2022 en el 94%. “Urge bajar el ritmo porque se nos va de las manos”, advierte el economista Esteban Domecq, de la consultora Invecq. Eso no será fácil porque -dice Domecq- el tipo de cambio oficial en 2021 avanzó 23% y las tarifas un 30% en la gestión de Alberto Fernández, con una inflación acumulada del 140%.

El dato central que están recogiendo las encuestas que pulsan el humor social es que la ciudadanía advierte que resolver la inflación no será fácil, ni rápido, pero que no hay en el horizonte herramientas ni dirigentes capaces de dar respuesta a esto tan estructural y enquistado en el país.

El humor social de los argentinos

Una década de estanflación

“La desesperanza se vincula con la situación económica puntual, que es la inflación, pero para entender la falta de perspectiva hay que agregar una segunda cuestión, y es que llevamos una estanflación de más de una década. Es mucho tiempo con una situación jodida”, dice sin vueltas Berensztein. “Y a eso hay que agregarle varias desilusiones en el medio: la desilusión de Macri, algunos se habían ilusionado un poco con Fernández… hay una fatiga de gente que no la ve”, agrega.

La década de estancamiento se paga con hartazgo y con una desesperanza colectiva pesada, agobiante. No hay manifestaciones públicas ni cacerolazos como pasó en 2001, cuando el corralito bancario empujaba el famoso “que se vayan todos”. Este hartazgo es diferente porque la inflación corroe de a poco, inclina cada vez más el tobogán.

“La nominalidad de la Argentina se fue al demonio, todo tiene muchos ceros en pesos”, dice Guillermo Olivetto, especialista en consumo y titular de la consultora W. “Y hoy pasa que es muy difícil sacar a la sociedad de la apatía desde el consumo, son parches sobre parches. Claro que es mejor el bono que el no bono, es un paliativo, pero eso no cambia la realidad: la sociedad está pidiendo algo más estructural”, agrega.

Lo evidente es que los cambios estructurales no aparecen. En la diaria, las peleas cada vez más públicas y virulentas dentro de la alianza gobernante hacen inviable cualquier gestión de gobierno, aunque sea mínima, porque lo que se decide por un lado, por el otro no se cumple, se desconoce o se impulsa lo contrario.

El 57% de los encuestados afirma que la pelea entre Alberto y Cristina Fernández obstaculiza la gestión, especialmente en el tratamiento de la economía. Esta situación es tan insólita que hasta el propio Presidente dice que sus socios de la coalición le “obstaculizan” el cumplimiento del programa económico.

El desánimo a futuro que recoge la encuesta tiene que ver también con la falta de respuesta que el abanico de la política hoy está ofreciendo.

Toda la dirigencia está embarcada en la discusión de los candidaturas y cargos, pensando en una elección para la que faltan casi 18 meses, sin ofrecer absolutamente ninguna pista sobre cómo resolvería los problemas del país. Hasta en la inseguridad y en el avance del narcotráfico el Poder Judicial, con su movida en Rosario, se mostró más activo que el Ejecutivo.

Por eso, cala cada vez más el discurso libertario de Javier Milei: aun con todas las dudas posibles, es un outsider que dice algunas de las cosas que haría para resolver la economía. No le importa a la ciudadanía si son viables o no, es algo diferente a probar, porque -al decir de Berensztein- hace “mucho tiempo que estamos jodidos”.

Ir a la fuente

close

Suscribite a nuestro boletín informativo diario. Completamente GRATUITO.

¡No enviamos spam!