19/05/2022

Mirando la Hidrovía

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Una enfermera viaja 800 kilómetros y vuelve en el mismo día solo para jugar al fútbol: “Es mi vida”

A orillas del Río

Cuando tenía 11 años, Valeria se mudó sola a Esquel para poder ir al secundario. Vivió con 33 compañeras en un albergue y allí, cuenta, se enamoró del fútbol para siempre. “Los fines de semana nos dejaban jugar y para mí era increíble. Imagínese que, acá en Cerro Cóndor, yo jugaba sola o con varones más grandes”, describe.

En esa época, Valeria también aprendió de sacrificios, distancias y reencuentros. “Al principio tenía miedo. Era chica y en aquella época no tenía forma de comunicarme con mi mamá, que además era mi único sostén económico”, recuerda. Y sigue: “Ella trabajaba como cocinera en la Escuela N°31, la única que hay en Cerro Cóndor, y tampoco podía ayudarme mucho”.

Futbolista y enfermera, dos sueños marcados por los mismos obstáculos

En 2001, Valeria partió a Comodoro Rivadavia para iniciar la carrera de Enfermería. Tras un año de cursada, debió interrumpir sus estudios: debido a la crisis no pudo seguir costeándolos y volvió a Cerro Cóndor.

Vive y trabaja como enfermera en una aldea rural habitada por 44 personas. (Foto: gentileza Valeria Currumil)
Vive y trabaja como enfermera en una aldea rural habitada por 44 personas. (Foto: gentileza Valeria Currumil)

No bajó los brazos. Cuatro años después comenzó a trabajar como agente sanitaria en la aldea, luego hizo una Tecnicatura en Salud Comunitaria y más tarde estudió Enfermería en Bariloche y El Bolsón. En febrero de este año se recibió de licenciada y al objetivo cumplido le sumó una satisfacción especial: camino a su rumbo profesional, Valeria había sorteado las mismas distancias y los mismos obstáculos que en su sueño de futbolista.

“Hoy tengo un trabajo que me permite entrenar y jugar. El fútbol implica gastos: tener una ropa adecuada, un calzado adecuado y ni hablar de los viajes”, precisa. Y continúa: “En el club no tenemos movilidad propia y nos encantaría contar con eso. Es duro, porque cada jugadora debe arreglarse los viajes por su cuenta. Y si yo no puedo viajar, tampoco pueden hacerlo algunas compañeras a las que llevo en el auto”.

A 60 kilómetros de la aldea, entre Trelew y Esquel, la localidad de Paso de Indios fue moldeando la ilusión de Valeria: en 2016, la convocaron para jugar en el club del pueblo. Allí empezó a perfeccionar los entrenamientos y conoció las pretemporadas.

Con latas de pintura y cemento, Valeria fabricó sus propias pesas. (Foto: gentileza Valeria Currumil)
Con latas de pintura y cemento, Valeria fabricó sus propias pesas. (Foto: gentileza Valeria Currumil)

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El año pasado, Atlas fue admitido en el torneo femenino de la Liga del Valle y el club convocó a futbolistas del Deportivo Paso de Indios. Valeria volvió a coincidir con el entrenador -Patricio Ñanculeo- que la había llevado al club del pueblo, y el Diario Jornada, de Trelew, dio a conocer su historia: “En el primer torneo llegamos a semifinales. Ahora estamos jugando la Copa de Oro y venimos bien posicionadas, con chances de pelear por el campeonato”.

Patricia, hincha de Boca y admiradora de Carlos Tevez, dice estar viviendo un sueño. Y todos los días, con la asistencia de Eduardo -su esposo- corre feliz por las lomas de Cerro Cóndor para cumplir con el entrenamiento que le demanda su participación como futbolista federada. “Hasta me fabriqué mis propias pesas con latas de pintura y cemento”, cuenta orgullosa, y vuelve a soñar.

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