06/10/2022

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Cómo explicar la diversidad y la discapacidad a los niños

¿De qué manera hablar con los niños y las niñas de jardín de infantes acerca de discapacidad y de diversidad? ¿Con qué estrategias?

Estas suelen ser algunas de las preguntas de las familias cuando sus hijos ingresan en el sistema educativo. Aunque las escuelas son cada vez más diversas e inclusivas, en ocasiones aún falta acompañamiento desde las instituciones que permita a todos conocer sobre los procesos de inclusión.

Los expertos en infancia coinciden en que conversar con las chicas y los chicos pequeños es más sencillo de lo que se cree porque aceptan las diferencias y la diversidad con más facilidad que los adultos, y sin prejuicios, que están mucho más presentes en los mayores que en ellos.

Cuando ingresa algún niño o niña integrado en la salita, con o sin su docente de inclusión o acompañante terapéutico, los chicos suelen contarlo en casa porque les llama la atención o porque observan comportamientos o características diferentes a las que conocen.

La recomendación es escuchar el relato de los chicos y estar atentos a sus preguntas, responder de manera sencilla, de forma lineal y veraz, acercarse a la escuela para conversar del tema y pedir asesoramiento.

Una buena herramienta, que recomiendan todos los especialistas, es recurrir a cuentos o relatos que permitan a los niños y niñas interpretar la realidad a través de la ficción.

Cambio de estrategia

En los últimos años, las políticas públicas se orientaron hacia la inclusión en las aulas (el número de integrados ha crecido de manera notable), lo que obligó, entre otras cosas, a un reacomodamiento de los recursos humanos en las escuelas especiales.

Sin embargo, todavía se reportan casos de incomprensión, de rechazo en establecimientos que argumentan “no estar preparados” para atender un gran número de chicos integrados, y se advierten ciertas situaciones de discriminación por parte de los adultos.

Según alertó una mamá a su terapeuta, semanas atrás un grupo de padres presentaron una nota a la directora de un jardín de la ciudad de Alta Gracia para solicitar que un alumno con discapacidad fuera separado de la sala.

“Hay que hacer hincapié en la actitud de los adultos, porque los niños y las niñas vienen sin prejuicios”, dice Gisela Schwab, acompañante terapéutica de niños de nivel inicial y primario con trastornos del espectro autista (TEA) en procesos de inclusión en colegios estatales y privados y miembro del Observatorio de Discapacidad (Odis).

Schwab insiste en que los niños carecen de preconceptos y aceptan de manera natural las diferencias. En ocasiones, es lógico que se angustien o cuestionen porque necesitan un acompañamiento o un anclaje para comprender la situación.

Por eso, en el momento en que explican a sus padres las diferencias o actitudes de algún compañero o compañera de sala o de grado, las familias deben ocuparse del tema. Si no encuentran herramientas para abordar la situación, deben buscar ayuda en la escuela o en la palabra de algún experto.

“Lo que observo en los últimos 10 años es que hay una apertura de los colegios, hay una predisposición de los docentes a aprender, a aceptar a los chicos que van con acompañantes terapéuticos o con su docente de apoyo a la inclusión, a empezar a hablar de inclusión”, opina Schwab.

Apunta que las escuelas suelen tocar el tema de la diversidad en reuniones de padres, pero no siempre ocurre.

“Muchas veces, en la casa no saben cómo abordarlo o no saben que hay un niño integrado que a lo mejor pega o grita porque no tiene otra manera de expresarse y van a la escuela con la queja. El colegio debe dar información a los padres sobre que hay niños en proceso de inclusión y sobre que se trabaja en cómo aprender a convivir; la convivencia es el paso más allá de la inclusión”, dice.

“Con respecto a los niños, no he observado actos de discriminación o de bullying; y si los hubo es algo que viene del hogar”, remarca la acompañante terapéutica.

Opciones pedagógicas

Entre las opciones para hablar del tema, la literatura suele ser una buena aliada. “Hay cuentos que se pueden contar a los niños. Hablar y responder lo que preguntan. No hace falta ir más allá ni ser tan específico. Con una explicación se quedan tranquilos y son mucho más flexibles y tienen más apertura que un adulto”, remarca la acompañante terapéutica.

Entre las cosas simples por compartir con los niños, está la idea de que el mundo es hermoso porque está lleno de cosas diferentes, de familias y personas diversas, aunque tenemos muchas en común.

En este sentido, se puede proponer como una de las opciones el juego del mapeo del cuerpo humano, donde cada niño se acuesta sobre un papel y se marca el contorno: allí se verá que algunos son altos y otros bajitos, por ejemplo. Allí aparecerán las coincidencias y las diferencias.

Los libros, buenos aliados

Melina Maina, doctora en Estudios Sociales de América latina, especialista en enseñanza de la Lengua y la Literatura y licenciada en Letras Modernas, explica que la literatura infantil y juvenil muchas veces es sinónimo de “la escritura de un mensaje, adornado con una historia”, aunque, también, se sostiene en sí misma a través de la exploración estética del lenguaje y de las ilustraciones. Como considera la reconocida escritora cordobesa María Teresa Andruetto, remarca Maina, la literatura infanto-juvenil es “una literatura sin adjetivos”.

Entre estos dos polos, asegura Maina, es posible encontrar literatura para las infancias que aborde la pregunta sobre cómo abordar la diferencia o la discapacidad en las escuelas.

“Hay una serie de libros que están escritos para transmitir este mensaje de inclusión, de una revisión sobre aquellos niños, niñas y niñes que no cumplen con los parámetros hegemónicos de una sociedad, ya sea por su comportamiento o por su conformación corporal”, refiere la experta.

“La cuestión de cómo se podría trabajar la diferencia tiene que ver con posicionarnos en que la literatura para niños es un arte en sí mismo que se sustenta por su capacidad de mostrar otros mundos posibles y una experiencia estética”, agrega.

Aunque es imposible dar “recetas” o un compendio cerrado de recomendaciones, sí es posible armar un corpus de libros que permiten pensar ciertos recorridos de lecturas posibles.

“Hay algunos que trabajan con personajes que son disruptores de la doxa, es decir, de la hegemonía del grupo al que pertenecen”, plantea Maina, y cita a Ferdinando El Toro o Elmer.

“Es muy importante tener en cuenta que la lectura es una cacería furtiva, como dice (el semiólogo francés Michel) De Certeau. En ese sentido, no podemos como docentes regular todo lo que pasa y tampoco puede ser un trabajo de la literatura solucionar un problema, sino que la literatura es una posibilidad de recorrer otras historias, otras experiencias, otras formas de vincularse con el mundo”, dice Maina.

En ese sentido, agrega, puede ser un refugio. “Pero no sabemos muy bien cuáles de esos libros, cuáles de esas metáforas pueden significar un refugio para las infancias”, aclara.

La premisa, refiere la experta, es poder mostrar la mayor cantidad posible de historias y quizá en alguna de ellas cada quien encuentre su forma de vincularse con el mundo, ya sea desde una diferencia propia o una que encuentre con los demás.

“Las diferencias son las que nos permiten ser diferentes, nos permiten mostrarnos al mundo con nuestras peculiaridades y nuestros modos diversos de vincularnos y de ser. En este sentido, no hay recetas y no hay un guion ni tenemos certezas; es una invitación a explorar ese mundo, el mundo de la literatura, de la metáfora y de la posibilidad de leer de distintas maneras”, concluye Maina.

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