26/09/2022

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Ricardo Lorenzetti: En la Magistratura están todos los consejeros y ya puede funcionar

Varios jóvenes esperan a un costado del escenario. Quieren que Ricardo Lorenzetti, ministro de la Corte Suprema, les firme su último libro, El nuevo enemigo (Un llamado urgente para evitar el colapso ambiental), que vino a presentar en Córdoba. El juez accede amablemente, a los saludos y también a las fotos.

Fue el jueves pasado, en un evento en el que además accedió a una entrevista con La Voz.

Ese jueves, al mediodía, la Corte le tomó juramento a los dos consejos que faltaban de asumir en el Consejo de la Magistratura: Roxana Reyes y Martín Doñate, el representante del kirchnerismo, que llegó allí luego de la división del bloque oficialista en el Senado.

–¿Es tema terminado lo del Consejo? ¿El jueves que viene, cuando tengan la primera reunión, comenzará a funcionar, o ustedes prevén que que los conflictos avancen?

–Conflictos no hay porque ya está integrado.

–Pero hay un recurso de per saltum, presentado ante la Corte por Luis Juez.

–Hay cuestiones judiciales, sí. Pero el Consejo puede funcionar perfectamente. De hecho ya se tomaron decisiones. En el Consejo hoy están todos los consejeros y pueden funcionar. Tiene que funcionar porque las necesidades son muy grandes. La cobertura de cargos es muy grande. Hay muchísimos cargos vacantes en la Justicia Federal y hay una gran necesidad de cubrirlos. Además, hay una gran necesidad de desarrollo de recursos administrativos en todos los juzgados, en los edificios, con los empleados. Tiene que funcionar porque el Consejo es el pulmón del Poder Judicial.

–Al reconocer a Doñate como representante de la minoría del Senado, ¿ustedes están diciendo que no van a avanzar sobre las decisiones del Congreso de la Nación?

–No, son cosas distintas. El juramento que toma la Corte expresamente dice, y eso lo puse yo en una acordada hace muchos años, que no significa una decisión judicial. Se toma juramento, se empieza a trabajar y listo. ¿Por qué? Porque el Consejo tiene que trabajar. La decisión judicial se resolverá cuando llegue el caso a la Corte. Si se lo resuelve y cambia, bueno… cambiará. Pero tiene que funcionar ahora porque si no está todo paralizado.

–¿Cuáles serían las prioridades del Consejo?

–Las definirá el Consejo. Pero son muchísimas. Por ejemplo, las vacantes. El Consejo tiene una función que es la selección. Tiene que decidir muchísimos cargos. Cargos importantísimos en cámaras federales, en tribunales federales y en primera instancia en todo el país. Además, tiene una función que es acusación que también tiene que funcionar. Porque nosotros creemos que el Poder Judicial tiene que depurarse también. Las denuncias tienen que tener un trámite. Y la tercera función, que es muy importante, es la administración. Hay edificios que mantener, alquileres que pagar, tecnología que desarrollar.

Lorenzetti: “Los jueces tiene que hablar”

Lorenzetti ha dado varias entrevistas en las últimas semanas (de hecho, el jueves en Córdoba dio cuatro). En varias oportunidades, afirmó que los “jueces tienen hablar”.

–Usted está hablando. ¿Es una manera de defender a la Justicia en general, o es una cuestión individual a partir de los ataques que ha sufrido el Poder Judicial en los últimos tiempos?

–Entré en la Corte en el año 2005. En el 2006, convocamos a la Conferencia Nacional de Jueces, que fue la primera decisión que tomé en la presidencia de la Corte. El tema que era: “Los jueces y la sociedad”. El Poder Judicial tiene dos actividades. Una se da cuando un juez dicta una sentencia. Ahí, no habla con nadie. Tiene que escuchar a las partes, aplicar la ley y se terminó. Pero hay una función institucional porque el Poder Judicial brinda un servicio a la sociedad. Y ese servicio es buscar la paz social, resolver los conflictos. Hay que explicar, hay que hablar. En esa decisión de 2006, todos los jueces y juezas del país decidieron eso. Yo siempre hablé, eh… Tal vez porque vengo mucho del mundo académico y siempre di clases. Y hay que explicar también permanentemente sobre la división de poderes, de por qué el Poder Judicial tiene que poner límites a los otros poderes. Para qué sirve eso. Hay cuestiones que a veces parecen muy elementales, pero no lo son. Es muy importante que la gente tenga la tranquilidad de que sus jueces los van a proteger. Y si no es así, tienen que actuar, tienen que denunciarlos. Es muy importante que haya un diálogo institucional, no solo con la sociedad sino con los demás poderes del Estado.

–Diálogo que es muy difícil si se ven los continuos ataques de otros poderes. Ante esos ataques, ¿qué cree que la gente ve en la Justicia y en ustedes, que son los máximos representantes?

–La Justicia no puede buscar la aprobación del mismo modo que lo hace la política porque eso sería muy malo. Si la Justicia fuera populista y fallara según lo que dan las encuestas, sería muy malo para la población…

–Pero las encuestas influyen. Influye la opinión pública.

–Pero no puede ser así. Eso pasaba en el Medioevo.

–¿Hoy no?

–No debe pasar. Y si pasa, está mal. En el Medioevo se juzgaba a la gente de acuerdo a la aprobación de las mayorías en las plazas. Se quemaban a las brujas, que a veces no eran brujas… Por eso se creó el estado de derecho. Que tiene dos partes esenciales. Una es la parte en la que se elige el presidente y el Congreso, y ahí están las mayorías. Pero las mayorías pueden equivocarse, cometer errores. Las mayorías pueden aprobar la discriminación, las persecuciones. Y para eso se necesita un poder que no funcione en base a las mayorías, que es el Judicial. Eso genera una tensión permanente. Pero la función nuestra es no ceder a esas presiones y por eso tenemos que ser firmes, proteger a nuestro pueblo de los abusos, aplicar la Constitución y la ley. Y punto. Ahora, que haya críticas… Estoy en contacto con muchas cortes del mundo, tengo muchísimo vínculo y todos tienen eso. No es que Argentina es una excepción. Por ejemplo, en Estados Unidos donde hoy hay un enorme debate sobre el aborto y hasta el presidente (Joe Biden) opinó en contra de la corte. O en Brasil, en todo el proceso del Lava Jato, también hubo un ataque muy fuerte contra la corte. Lo importante no es que pase, lo importante es que las cortes sean firmes. Que se mantengan. Y eso se ha logrado. Cuando yo ingresé estaban el doctor (Carlos) Fayth, (Enrique) Petracchi, Carmen Argibay, Elena Highton, (Juan Carlos) Maqueda, (Eugenio) Zaffaroni. Eso cambió. En un momento éramos cinco, después pasamos a cuatro, después tres… Después entraron los doctores Rosenkrantz y Rosatti, y pasamos a cinco, luego a cuatro… Pero lo que no cambió fue la jurisprudencia.

Lorenzetti, el narcotráfico y Córdoba

Lorenzetti y los demás ministros de la Corte estuvieron en Rosario, semanas atrás, para enviar un mensaje a la sociedad y al poder político sobre el avance del narcotráfico. A partir de allí, se abren interrogantes sobre cómo está el resto del país.

–Todos sabemos lo que pasa en Rosario, pero los jueces y fiscales de Córdoba, ¿qué temores les trasladan a ustedes sobre la situación del narcrotráfico?

–El tema del narcotráfico hay que analizarlo en su integralidad. Hace 10 años fui a visitar la Justicia Federal y provincial del norte, en Salta y Tucumán, y en ese momento me contaron que había una caravana a la que llamaban “del mal”. Eran como 100 autos y camiones que pasaban con armas, y a los que no podían detener. Eso llegaban hasta Capital. Por ahí entraba mucha droga. Era un problema muy localizado. Volví a Buenos Aires, lo conversé con mis colegas y dictamos una sentencia que se llamó “Arriola”, año 2009. Allí, la Corte exhortó una política de Estado en la materia. Pero esa política no se hizo. Que no se haya hecho significa un grave fracaso institucional porque el problema, que hace 10 años estaba localizado en un sector, se extendió a todo el país. Hoy no hay región que donde no haya droga. Además, en 10 años hubo muertes, homicidios y futuros frustrados de adictos, de padres que sufren por sus hijos… Una tragedia social, humana e institucional. El problema es reaccionar frente a eso. Y la reacción es entender por qué se fracasa, por qué no hay una política de Estado. En aquel momento creamos la Comisión Nacional de Narcotráfico, tuvimos bastantes experiencias. Y lo que decimos es que el problema es que cada uno ve una parte. Ese enfoque significa que cada uno no puede. Los jueces dicen: ‘Nosotros sancionamos, pero no prevenimos’. Lo mismo dicen los fiscales. El que previene dice: ‘Yo prevengo, pero la policía local no puede porque tiene que venir la provincial’. Y la provincial, que no puede porque es nacional, y así… Es una ineficacia generalizada, a lo que hay que agregar las disputas donde siempre hay vanidades. Hoguera de vanidades. La idea de que lo que tiene que hacer cada uno es una foto, una declaración. Así el problema no se soluciona, se traslada. Y se agrava, porque además hemos empezado a ver situaciones cada vez más complicadas porque asociados al narcotráfico aparecen otros delitos. Lo que dijimos desde esa comisión, que después tomó Ajufe (Asociación de Jueces Federales, que se reunió en Rosario) fue: ‘Planteemos el tema para que todos tomemos conciencia de que hay que hacer una política de Estado’. Política que tiene dos requisitos centrales: uno es tomar el tema en todas sus causas al mismo tiempo. Por ejemplo, ¿hay que hacer política social? Sí. En los barrios donde hay tráfico de droga se genera un gobierno en ese lugar y la gente tiene miedo porque depende de ese gobierno. Bueno, hay que ocupar ese barrio con el Estado. Porque la experiencia dice que si van y detienen a alguien, a los 15 días aparece otro. Hicimos algunas experiencias donde actuaron la policía, el juez, el fiscal y también los estados nacional, provincial y municipal ocupando, dando institucionalidad.

–Habla del estado provincial. ¿Estaría reclamando una participación más activa en ese caso?

–De todos. Tenemos que concatenar los esfuerzos. Nadie puede solo. Si usted dice que el problema lo va a arreglar el municipio, el municipio le va a decir que es de la provincia, y la provincia le va a decir que vienen de afuera de la provincia… Acá lo que no hay es coherencia de todo el sistema. Tenemos que tomarlo con otra madurez institucional. También hay que combatir al mismo tiempo la economía del delito. Porque si hay narcotráfico es porque hay dinero, y si hay ganan dinero hay que combatir eso. El lavado de dinero, la aduana, Afip, IUF, todos. Eso no sucede porque cada uno está en su tema. Y pasa que le ponen este tema a un responsable de esas áreas, y al otro día le traen otro tema. Hay que sacarlo y crear una actividad específica y continuada en ese tema.

–En ese caso,¿ es partidario de fueros especializados? Por ejemplo, en Córdoba existe la fiscalía anticorrupción. ¿Serviría para la lucha contra el narcotráfico?

–Puede ser, pero eso no es suficiente. Lo que tiene que haber es una agencia que coordine todo. No digo al estilo del FBI porque cada país tiene su experiencia. Pero si lográramos que se reúnan los niveles provinciales de todo el país, más el Estado nacional, más las personas que están a cargo de las agencias del control económico, control de lavado, control tributario, de inmigración, las que hacen trabajo social, y los poderes judiciales provinciales y federales… Bueno, llegaría un momento en el que se coordinaría y se produciría una política activa, que hoy no hay.

Lorenzetti y su futuro político

Hay quienes aseguraron, desde hace varios años, que Lorenzetti tiene apetencias político partidarias. Fue el kirchnerismo, en 2012, quien le adjudicó esos intereses.

–Su discurso y sus apreciaciones son bastante políticas en relación a lo que está pasando en el país. ¿Tiene alguna aspiración a futuro de trabajar en política partidaria? ¿Alguna vez se lo planteó?

–Recuerdo que una vez el doctor Fayth dijo eso: “Lorenzetti tiene que ser candidato a presidente”, en una conferencia que dio. De ahí siempre me dicen eso. Lo importante es que uno hable, explique. A los argentinos nos falta diálogo, en el sentido de Borges. En un poema, Los conjurados, donde dice que las personas tomaron la extraña decisión de ser razonables. Eso es lo que tenemos que hacer. La razonabilidad es dar razones. Y cuando uno escucha las decisiones y los debates no hay razones, hay gritos, ruidos, insultos, ataques. Lo que creo, y lo he sostenido toda mi vida, porque vengo de la universidad, que hay que dar razones. Eso es política, pero en el sentido de la polis, la organización de una sociedad. Que es diferente de la lucha partidaria.

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