30/06/2022

Mirando la Hidrovía

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A propósito de la película “Lightyear”: animaciones desangeladas

Uno de los placeres de las cuatro películas de Toy Story protagonizadas por Buzz Lightyear y el sheriff Woody, como también de las extraordinarias Monster Inc y Buscando a Nemo, radicaba en la multiplicidad de criaturas que poblaban cada uno de esos relatos. Todos los personajes, principales y secundarios, tenían un semblante que los singularizaba, y se lucían cada uno en su debido momento.

Fue un período de gloria de los estudios Pixar, una época en la que se desplegaban ideas notables, matizadas por un amor a los personajes y verificadas en el ingenio dedicado a los mundos imaginados que permitían desplegar aventura, lealtad, amistad, placer, miedos. Las pasiones humanas y los grandes temas de la vida se introducían con gracia y ternura.

Algo ha sucedido en la última década en el cine de animación industrial y autoral. Las películas se parecen inexorablemente entre sí: los relatos se estructuran de un modo homogéneo, la recurrencia de tópicos familiares predomina, la aventura es acotada y sustituida por la acción (no es lo mismo), y los dibujos en sí son remedos del esplendor pretérito.

Lo más curioso son las facciones de los rostros. Se repiten fisonomías, como si la criatura animada tuviera una vida antes y después del filme, y se tratara casi de un actor de animación real que va de una película a otra, apenas transformado por las circunstancias narrativas de cada caso, al igual que los intérpretes de carne y hueso.

El caso de Lightyear es modélico. Más que una película es un remedo de una película de Pixar poblado por personajes que remiten a otros personajes, pero sin el plus de singularidad y de creatividad que resplandecía en las precedentes. Que llene los cines de este y otros países significa solamente que la nobleza del personaje y las memorias asociadas con él encienden todavía el deseo de ir a encontrarse con todo aquello que ese viajero del espacio supo prodigarle a su audiencia, una riqueza ausente en este desangelado regreso del personaje, a quien la exigencia de la acción permanente le desdibuja los matices que caracterizaban la hermosura de su personalidad.

El secreto de las películas de antes residía en una dialéctica simétrica entre los lazos de los personajes y la acción, y el anudamiento existente entre el ser de las criaturas y las misiones a las que se encomendaban.

Lo que sucede con el cine de animación es correlativo a lo que sucede en el cine de entretenimiento para adultos e incluso en el llamado cine arte. Es un momento paradójico: cualquier idea se puede plasmar en imágenes en movimiento, pero no hay cineastas y guionistas que den un salto cuántico y demuestren que aún puede haber espacio para visiones inesperadas del mundo.

Esto explica la razón por la que la nostalgia es hoy el negocio de los estudios y las productoras. Volver al pasado (muerto) para copiarlo, no para hallar en él una referencia y de ahí reinventar. La cartelera de hoy cuenta con hits reciclados de las décadas de 1980 y de 1990. Es un síntoma, una evidencia del conformismo estético que define el cine de hoy.

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