02/07/2022

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24 de junio: por qué es un día icónico para la Argentina en los Mundiales

De por sí es un día muy futbolero para los argentinos por los nacimientos de Lionel Messi, Juan Román Riquelme y hasta de Osvaldo Zubeldía, el entrenador que hizo historia grande con Estudiantes de La Plata. Pero hay algo más, porque el 24 de junio es un día icónico para la Argentina en los Mundiales.

La respuesta es inmediata: es por dos goles que quedaron grabados para siempre en la memoria colectiva. El primero, el gol de Claudio Caniggia a Brasil en el Mundial de Italia 1990. Y el segundo, el gol de Maxi Rodríguez a México en el Mundial de Alemania 2006. Cada uno con su estridencia, con su resonancia e importancia.

El grito sagrado de Caniggia el 24 de junio de 1990

Hasta el triunfo en la final de la Copa América en el Maracaná, la victoria más resonante de Argentina sobre Brasil en los últimos tiempos era en Italia 90. En realidad, lo sigue siendo. El equipo de Carlos Salvador Bilardo defendía el título obtenido cuatro años antes, en México 86, pero había transitado la primera fase a los tumbos y en octavos se cruzó con su clásico de Sudamérica.

El partido es recordado por la falta de coherencia entre el desarrollo del juego y el resultado final. Brasil fue muy superior y generó un sinfín de situaciones de gol, pero no convirtió ninguna. Entre el palo y alguna atajada de Sergio Goycochea, que a esa altura todavía no se había convertido en el héroe de los penales, Argentina sostuvo el cero en su arco.

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Como detalle, en ese encuentro ocurrió el famoso episodio del “bidón de Branco”. Aquella vez el futbolista brasileño tomó agua de un recipiente argentino y después dijo que se sintió muy mareado. El mito quedó y el DT nunca lo confirmó, pero los propios argentinos reconocieron años más tarde que sabían de qué bidón no tomar.

Pero la razón por la que la Selección ganó el partido tuvo dos protagonistas: el 10 y el 7. A falta de 9 minutos para el final del tiempo regular, Diego Maradona, que durante todo el Mundial sufrió por su tobillo maltrecho, armó una gran jugada y asistió con el último aliento a Claudio Paul Caniggia. Y el delantero eludió al arquero Claudio Taffarel para estampar el único gol del partido.

“En ese momento decidí ir por ese sector porque vi un espacio. Vi un hueco enorme, porque había cinco jugadores contra dos. No estaban el lateral derecho ni el carrilero. Fue una jugada bárbara, porque había cuatro hombres contra uno; y cuando te dan una milésima oportunidad en un campeonato del mundo, hay que aprovecharla. Tuve mucha frialdad, porque si definía se me podía ir afuera o me la podía sacar el arquero”, reflexionó más de una vez el Pájaro.

El grito sagrado de Maxi Rodríguez el 24 de junio de 2006

Iban ocho minutos del suplementario. La Selección de José Néstor Pekerman no había podido en el tiempo regular contra el combinado mexicano dirigido por el argentino Ricardo La Volpe. El 1-1 parecía inalterable y los penales esperaban al final del camino. Hasta que Maxi Rodríguez recibió un cambio de frente por parte de Juan Pablo Sorín, la paró de pecho y, sin mediar duda alguna, sacó un zurdazo para la historia, que le dio la clasificación a la Selección a los cuartos de final del Mundial 2006.

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Además de meter a la Argentina en la fase siguiente, fue elegido luego como el Mejor gol del Torneo, premio que se otorgaba por primera vez en esa edición. “Ese gol no cambió quién era yo, pero sí marcó mi carrera. ¡A dónde voy me lo recuerdan!”, dijo más de una vez el ahora ex futbolista. “Todos soñamos con hacer un gol para que Argentina gane y pase de ronda. Cumplirlo fue muy fuerte”, expresó.

El inolvidable golazo de Maxi Rodríguez a México en el Mundial de Alemania 2006. (Foto: Reuters)

Maxi Rodríguez aportó su propio relato sobre el gol: “Me acuerdo de la secuencia como si fuera hoy. Sorín recibe por izquierda, yo pico por derecha y se la pido a los gritos. Juampi no era de cambiar de frente, pero se ve que lo cansé… ¡Y le salió perfecto! Al verla venir, decido bajarla con el pecho para mi derecha, la pierna hábil. Pero ahí noté que había un defensor, entonces solo la bajé y le di de zurda. Y apenas salió del botín, me di cuenta que le di bárbaro. Vi todo el recorrido, y cuando cayó detrás del arquero, ¡me volví loco!”.

En ambos casos, las selecciones de Bilardo y de Pekerman no pudieron festejar. La primera perdió la final contra Alemania y la otra, llegó hasta los cuartos de final, también contra los germanos, instancia en la que perdió por penales. Pero esos goles, los de Cani y Maxi, ocurrieron un día como hoy. Y quedaron en la historia.

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