09/08/2022

Mirando la Hidrovía

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Trece robos, dos vidas por un estéreo y una semana en la cárcel: la vida del ingeniero Santos, 32 años después

El sábado 16 de junio de 1990,

“No pudo trabajar durante cinco años, no estaba en condiciones anímicas ni físicas de hacerlo”, contó Gerome. “También se tuvo que mudar con toda su familia, tenían miedo a las represalias”, completó.

El matrimonio con Norma no solo sobrevivió todo lo ocurrido, sino que se hizo más fuerte el lazo entre los dos. Con el tiempo, siguió el letrado, fueron sus hijos los que lo sucedieron en el manejo de la empresa familiar, vinculada al rubro de la pintura.

Santos y Gerome no se conocían antes de aquel mes de junio hace ya más de tres décadas, pero fue “tan intensa” la relación que construyeron durante la instrucción que actualmente mantienen una amistad.

Santos y su familia se mudaron tras el incidente por miedo a las represalias. (Foto: gentileza La Nación).
Santos y su familia se mudaron tras el incidente por miedo a las represalias. (Foto: gentileza La Nación).

Extraoficialmente, se supo que el ingeniero siguió adelante con su vida en un barrio cerrado de Nordelta. No obstante, él nunca dio ni una sola entrevista a la prensa. “La última vez que le pregunté si quería hablar del tema me dijo: ‘Si me preguntás de nuevo se termina la amistad’”, subrayó Gerome.

“Ni justiciero ni asesino”

El artículo 34 inciso 6 del Código Penal establece que para que se configure la legítima defensa debió haber una agresión ilegítima, la necesidad de usar un medio racional para impedirla o repelerla y la falta de provocación por parte del que se defiende.

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Luis Cevasco, el juez de instrucción que resolvió liberar a Santos, explicó en una nota años atrás que su decisión se basó en una pericia psiquiátrica, según la cual el ingeniero había tenido una “alteración morbosa de las facultades” en el momento del robo. “Era técnicamente lo que correspondía, pero no era esa mi convicción”, dijo en ese momento al diario Clarín.

“Seguramente hoy lo condenarían por homicidio simple”, indicó por su parte Gerome a TN, en una clara alusión “a la manga ancha con la que muchos jueces favorecen al delincuente”, según sus palabras.

“Existe una mirada abolicionista para con ellos”, afirmó el letrado, y apuntó: “El delincuente es un producto de la sociedad, entonces hay que ser benévolo con él”. Distinta es la situación cuando la decisión recae en un jurado popular, que tiende a la absolución, opinó.

Actualmente, el ingeniero Santos tiene 74 años. (Foto: gentileza Clarín).
Actualmente, el ingeniero Santos tiene 74 años. (Foto: gentileza Clarín).

Hace 32 años, Santos era solo un vecino más del barrio. Trabajador, el corazón lo tenía a mal traer y siendo todavía un hombre joven ya tenía colocados dos stent. Se preocupaba entonces por cuidar de su familia y siguió haciéndolo después, como si mantener intacta esa intimidad que los unía fuera una suerte de escudo para protegerlo de todo el caos que se armó a su alrededor.

El del ingeniero de Devoto se convirtió en un caso emblemático que con los años se fue replicando con otros nombres y otras historias similares, tales como la del carnicero Daniel Oyarzún o la del médico Lino Villar Cataldo. La polémica sigue abierta y quizás nunca encuentre una respuesta cierta. Para el abogado Gerome la diferencia pasa por esto: “El delincuente elige a la víctima. La víctima no elige serlo”.

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