15/08/2022

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De La Garma, el pueblo de la leyenda de Maradona que hoy pide piedad tras el escándalo con el jugador agresor

Responden, sí. Pero están a la defensiva, como quien se siente atacado, atosigado, en shock o todo eso. No más el mensaje de WhatsApp que dice “Hola, buen día” fue enviado y, evidentemente, recepcionado, la respuesta no tarda en llegar y dice mucho (muchísimo) en solo dos palabras que no tienen ni puntos, ni comas, ni tildes ni signos: “Quien sos”, responde en tono amenazante el receptor que sin exclamación suplica sin embargo piedad porque, saben los vecinos de De La Garma, el pueblo de Cristian Tirone, el futbolista que agredió brutalmente a una árbitra, que ni ese mensaje ni el resto de los cientos que los invaden desde el pasado domingo, jamás hubieran existido de no ser por “la macana”, como se refieren a lo ocurrido y como los pueblos chicos llaman a casi todo aquello que represente una problemática, sea una dificultad menor o algo de esta magnitud.

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De La Garma tiene una población de entre 1600 y 1800 personas. Y sí, se conocen todos. Fundada el 8 de diciembre de 1912 sobre un ramal ferroviario, se emplaza a 33 kilómetros al noroeste de Adolfo Gonzales Chaves y a 80 de Tres Arroyos. Esas localidad grandes que los pueblerinos nombran -muchas veces a regañadientes por las rivalidades entre vecinos- cuando de ubicarse en el mapa se trata. La cosa arranca así: “¿De dónde sos?”, y sigue así: “De un pueblito que queda cerca de XXX” ,y las equis son esa “gran urbe en cuestión” que facilita la explicación porque decir De La Garma (o cualquier otro de esos pueblos recónditos) implica un “¿de la qué?”.

De La Garma depende de Adolfo Gonzales Chaves, ciudad cabecera de alrededor de 10 mil pobladores. Y su motor económico es la actividades ganadera y agrícola. La vida es rutinaria, los negocios abren sobre las 8 de la mañana y cierran al mediodía, momento al que le continúa uno de los más sagrados, la hora de la siesta (que en relidad son dos o tres en los que reina el silencio) y luego, a partir de las 16 o 17 y hasta las 20 (con excepción de alguna despensa que se estira hasta bien tarde), se completa la segunda parte de la vida comercial que termina con el regreso al hogar para volver a arrancar al otro día y así cada vez.

¿De la qué? De Maradona

Sí. De La Garma tiene su “historia famosa”, aquella por la que es conocido y tiene que ver nada menos que con Diego Maradona.

El 6 de abril de 1991, Diego fue declarado culpable de haber tomado cocaína en el partido Napoli – Bari del 17 de marzo de ese año y fue suspendido por el Comité de Disciplina de la Liga italiana de fútbol hasta el 30 de junio de 1992. Ante la sentencia, el 10 regresó a la Argentina y en el verano siguiente, el de 1992, se dirigió a un balneario bonaerense que visitó cuatro veces a lo largo de su vida, Marisol, porque allí nadie lo molestaba.

Diego Maradona en Marisol, el balneario bonaerense al que solía ir porque allí nadie lo molestaba.

Fue específicamente en febrero de 1992, cuando Maradona ya preparaba su regreso a la actividad tras la suspensión, que aceptó disputar un partido benéfico para la unidad sanitaria de Oriente, otros de los pueblo de la zona, y conformando un equipo con algunos amigos de Buenos Aires y jugadores de Quequén y de Oriente Fútbol Club, se enfrentó a un conjunto compuesto por empleados de la radio AM de Coronel Dorrego. ¿Dónde se jugó ese partido? En De La Garma.

Los garmenses, del orgullo al impacto

Estar a la defensiva es una actitud, en principio, de autoprotección en previsión de un peligro o de alguien que pueda causar un daño. Así se sienten desde el último domingo los habitantes de De La Garma, el pueblo donde se formó la familia Tirone (sus padres ya no viven allí, pero sí él y sus hermanos). Antes fue un WhatsApp respondido con ese talante y ahora es un llamado directo el que es respondido de contraataque: “Qué quiere”, responde el hombre que, en cualquier otra circunstancia debería, tal vez, decir el nombre de aquello que representa (un espacio conocido del lugar), pero ahora creen es mejor no identificarse.

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Reticente primero (y hasta el final) a hablar, pero a sabiendas, también, de que lo ocurrido fue una acción individual que no puede en modo alguno crucificar a un pueblo que hasta el domingo se jactaba de haber hecho feliz a Diego Maradona en uno de sus días más tristes y ahora clama piedad (la del silencio), uno de sus habitantes habla con TN y nunca, en los casi 10 minutos de la charla, dijo su nombre y casi nunca su voz dejó de estar entrecortada por las emociones que los abordan en una semana que parece la vida eterna.

“La gente de De La Garma no lo apoya (a Cristian Tirone, a quien nunca nombró en la charla). Nadie está de acuerdo con lo que hizo. Nosotros lo conocíamos como un chico que trabaja, muy tímido y mirá. Condenamos lo que hizo… y ya se sabe que lo va a pagar… que lo está pagando (reafirma)”, y su relato comienza a tener infinitos puntos suspensivos frente a la primera y constante postura de no querer hablar y a la vez por qué no hacerlo.

“Esto nos ha afectado un montón… Si bien ahora se han apaciguado un poco las cosas… la familia está consternada y un poco todos también porque acá no somos ni dos mil personas, nos conocemos todos, lo conocemos a él desde chiquito”, dice con angustia.

Los puntos suspensivos tienen como función dejar en suspenso un discurso. Y eso intenta este hombre, acaso por temor, por bronca, por tristeza, por incredulidad o por todo eso. “Se trata de … creo que la mayoría del pueblo, todos estamos en contra de esto, hay mucha gente que lo critica, pero hay que darle la posibilidad de rescatarlo”, considera sobre el futbolista.

Cristian Tirone y Mayra Ramos, la madre de su hijo. En la actualidad están separados.
Cristian Tirone y Mayra Ramos, la madre de su hijo. En la actualidad están separados.

El pueblo está impactado por lo ocurrido y creen injusto que los medios, las redes, las personas, bah, se hayan ensañado con ellos por lo que pasó: “Nosotros tenemos mucho cuidado en hablar. Casi nadie quiere hacerlo porque cualquier cosa que se diga sirve para decir cualquier cosa en las redes sociales y nos dan con todo (sic)”.

“Nosotros”, dice en nombre del pueblo que es, en definitiva, esa famosa “gran familia”, una de tantas en el interior, “queremos ser reservados, es lo ideal… tratar de no herir a la gente que no es culpable ni responsable de nada. Claro que acá, entre nosotros, hablamos de eso, primero sorprendidos por lo que había pasado y no lo creíamos. Incluso viendo el video nos costaba creerlo, más de él que haya tenido una reacción así”, reconoce.

Y agrega que automáticamente el pueblo quedó sumido en la angustia. “Estábamos (estamos, aclara), todos muy mal. Había una angustia generalizada e incertidumbre, mucho nervio también porque a veces la gente se apura en opinar, pero bueno, como todo, lo que primero era un escándalo, a medida que pasa el tiempo se calma y así pasa las cosas”.

Consultado por su reacción al ver el video de la agresión a la árbitra Dalma Cortadi, el hombre responde: “Lo primero que pensé fue ‘uh, qué macana’ y sentí pena porque tengo un hijo que es amigo de él, se conocen de chiquitos y bueno, estamos todos preocupados. Acá nos han llamado muchas personas, han venido medios a Tres Arroyos y a Chaves (por Gonzalez Chaves) pero nosotros no queremos hablar más ni dialogar con el periodismo para no afectar más a la familia”.

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El hombre quiere cortar la charla porque advierte que está hablando, pero por qué no habría de hacerlo. Le pregunto si me deja un par de preguntas más, le cuento que imagino, que incluso entiendo el impacto emocional por el que atraviesa porque yo también soy de un pueblo chico que en modo alguno es un gran infierno sino un grupo de vidas que se entrelazan permanentemente, con historias cruzadas entre todos, con resquemores, celos e inseguridades, orgullos y, por sobre todo, solidaridad que, lógicamente, es atrevesado por completo cuando a uno de los suyos (de los propios) le pasa algo, comete un acto que hace que la vida del lugar reciba un cross a la mandíbula.

“Bueno, sí, decime…”, dice y firma el contrato de palabra entre paisanos. ¿Hay alguna historia por la cual De La Garma fue conocido antes del episodio de Cristian Tirone?, le pregunto y alza la voz, gesto que hasta ahora nunca se había permitido. “¡Pero claro que sí, la de Diego! Maradona vino a jugar un amistoso acá, en febrero del 92 e hizo un gol. Un maestro Maradona”, dice y, ahora sí, no quiere parar de hablar.

De aquella historia de Diego Maradona jugando en De La Garma un partido que terminó empatado entre el plantel superior de Agrario y los Amigos de Marisol con un gol del “10″, quedó nada menos que un estadio con su nombre, el primero con su nombre en la Argentina, que es el “Estadio Diego Maradona” del Club Atlético Agrario. Cuando al astro le pidieron permiso para bautizar el recinto con su nombre, él se emocionó y dijo que sí, que ese iba a ser el primer estadio que él iba a dar el consentimiento para que se llame Diego Armando Maradona.

Diego Maradona en De La Garma.
Diego Maradona en De La Garma.

El hombre agrega, casi sobre el final, que De La Garma “también es conocido por un partido que Horacio Elizondo vino a dirigir poco después de haber dirigido el Mundial Alemania 2006″. Efectivamente, el árbitro argentino estuvo en la Cancha del Club A. Agrario, el Diego Armando Maradona, dirigiendo una final de la Copa Adolfo G. Chaves entre Agrario e Independencia.

Finalmelmente, el tema que nos reunió, y la pregunta que me quedó pendiente ante su permiso. ¿Qué piensa de lo ocurrido? Y vuelven los puntos suspensivos, el miedo, la sensación de ya no más de esto: “Queremos que se resuelva lo más pronto posible y que vuelva pronto (al pueblo). Se equivocó, pagará, que le den lo que le tengan que dar y ya está. Creo que no es para condenarlo para toda la vida y bueno, tratar de que se recupere”.

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