07/08/2022

Mirando la Hidrovía

Noticias sobre la Hidrovía

En un rincón olvidado de Angola una cordobesa ejerce la medicina y pide ayuda para la causa

Una cordobesa de 28 años partió tiempo atrás hacia Angola para ayudar como voluntaria en una región abandonada del mundo a la que no llega el agua corriente ni la electricidad. “Siempre me sentí una agradecida con la vida y siempre pensé en la posibilidad de devolver un poco eso”, explicó.

Magdalena Bringas ejerce su profesión en Lumeje, una localidad de la provincia más pobre de Angola: Moxico. Allí viven cerca de 35 mil personas que viven de las pesca y el trabajo de la tierra pero muchas de ellas se encuentran en aldeas mas alejadas a las que es difícil acceder.

En épocas de lluvia, algunas de estas aldeas quedan aisladas durante meses ya que llueve constantemente y el barro impide la circulación. Nada entra ni sale en este período, ni gente ni medicamento, ni alimento.

Las casas en este lugar son de barro y paja, las escuelas son solo estructuras y de los pocos profesores que hay, la mayoría no asisten.

“Es imposible levarles todo el material que necesitan así que intentamos más que todo de darles acompañamiento, desde lo espiritual hasta un poco de educación y alfabetización”, dijo Magdalena en diálogo con El Doce.

Y agregó: “La verdad que no se puede hacer mucho. Muchas veces me tuve que levantar e irme de atender por las ganas de llorar, porque uno puede saber que tiene el paciente pero igual no puede hacer nada y ellos lo sienten”.

El aislamiento y el abandono

En la región las necesidades básicas no están cubiertas y las personas ni siquiera saben de reglas de higiene básicas. “Los chicos no saben ni abrir la canilla”, comentó Magdalena. Las enfermedades se multiplican y en especial son muy pronunciados los casos de malaria y de fiebre tifoidea que sin acceso al agua potable no hacen más que empeorar.

“Nunca me imaginé al llegar acá tanto aislamiento, es gente que no tiene acceso a nada”, se lamentó la médica cordobesa y contó que junto con otros voluntarios les enseñan a los niños cómo usar una canilla y cómo lavarse las manos en un centro social donde trabajan.

Sin embargo, las barreras culturales se hacen presentes y a veces los voluntarios tienen dificultades para enseñarles a los lugareños que pueden tener una mejor calidad de vida o transmitirles conocimientos a las madres que lamentablemente no saben cómo cuidar a sus hijos.

Muchas de ellas les ponen naftalina a la leche para matar los parásitos de sus hijos y les terminan provocando la muerte. Otras les dan comida sólida desde que nacen con las mismas consecuencias.

Magdalena también recalcó la gravedad que significan los “hechiceros” de la zona: “Algunos les cobran fortunas para curar a sus hijos y les dicen cualquier cosa. Llegan al hospital con enfermedades muy avanzadas”.

Una campaña solidaria: cómo ayudar

Magdalena trabaja en su misión con otras tres personas y siempre utilizaron dos camionetas para moverse por el lugar y llegar a las aldeas alejadas.

Lamentablemente, hace poco ambas se rompieron: “Estamos muy tristes porque hay aldeas que si nosotros no vamos no va nadie y no tienen acceso a nada”.

Para poder arreglarlas necesitan unos 6 mil dólares entre repuestos y mano de obra, por lo que iniciaron una campaña solidaria para recolectar esos fondos.

A través del siguiente link cualquier persona puede donar desde cualquier lugar del mundo: bit.ly/donarmisionangola.

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