15/08/2022

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Ataque a hinchas de Talleres: violencia que debe investigarse

El Club Atlético Talleres y su inmensa parcialidad venían disfrutando sin sobresaltos de un éxito deportivo con pocos precedentes para la entidad de barrio Jardín: competir en las instancias finales de la Copa Libertadores de América, el torneo futbolístico de mayor relevancia de la región a nivel de clubes.

Cualquiera sea el resultado final de su participación en la competencia, las vitrinas que van documentando la historia de la institución ya tienen un lugar reservado para este logro internacional.

Sin embargo, habrá otra historia jamás deseada que permanecerá por mucho tiempo en la memoria del club y de su masa de seguidores: la que se encargó de escribir, el pasado miércoles, una patota integrada por barras del club Vélez Sársfield, de la ciudad de Buenos Aires.

La crónica de corte policial y extradeportiva es conocida y ampliamente difundida por los medios de comunicación de Córdoba y de alcance nacional.

Mientras se disputaba el partido de ida por los cuartos de final de la Copa Libertadores, en el estadio de Liniers, un grupo de inadaptados de la divisa local ingresó con llamativa impunidad al sector de plateas donde se había ubicado a la delegación de Talleres. Unas 300 personas, entre directivos, familiares de los jugadores (con niños y niñas incluidos) y algunos allegados a la institución.

Todos ingresaron al estadio velezano con las entradas de protocolo que, por cortesía, se entregan a los clubes que hacen las veces de visitantes.

El ataque detonó cuando barras de Vélez accedieron a ese sector y atacaron a los cordobeses con elementos punzantes y a golpes de puños. Decenas de lesionados (a los que se suman dos heridos de gravedad) coronaron la barbarie.

Primera reflexión: las autoridades del área de Seguridad del Gobierno de la ciudad de Buenos Aires habían decidido que el partido se jugara sin público visitante, para prevenir incidentes.

Pero aun así fracasaron de manera estrepitosa en el operativo de seguridad, que debe ser diligenciado por la Policía y no por una suerte de acomodadores de cine, con chalecos amarillos y sin poder de represión frente a irrupciones violentas como las que se vivieron. “Fue una masacre”, llegó a afirmar, indignado, el presidente de Talleres, Andrés Fassi.

Queda fuera de discusión que Vélez Sársfield, como organizador del espectáculo, debe ser sancionado según los reglamentos que rigen los torneos internacionales bajo tutela de la Conmebol. Pero también es tarea de la Justicia investigar los desmanes y tratar de individualizar a los agresores.

Más señales de alerta: el partido de vuelta se disputará el miércoles próximo en el estadio Mario Alberto Kempes sin la parcialidad visitante, pero con las aludidas entradas de protocolo a directivos del club de Liniers. Sin entrar a hurgar en las pendencias entre barras de Talleres y la conducción de barrio Jardín, es imperativo tomar las precauciones a fin de que no se desate una especie de vendetta agitada por grupos de dudosa moral.

La violencia en las canchas no será erradicada mientras cierta dirigencia continúe apañando a sujetos a los que poco interesa la pasión deportiva.

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