12/08/2022

Mirando la Hidrovía

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Miradas opuestas a “Santa Evita” ¿una gran ficción o una oportunidad desperdiciada?

A favor: la historia de una obsesión

Juliana Rodríguez

Cada vez que se estrena una ficción inspirada en un personaje de la historia argentina, hay que volver a aclarar lo obvio: es una ficción. Si a usted le interesa ver un registro documental sobre Diego Maradona, Carlos Monzón o Eva Perón, hay libros y películas de sobra.

En el caso de Santa Evita, la aclaración es incluso más pertinente: la serie que estrenó la plataforma Star+ está inspirada en una de los libros más vendidos de Argentina, escrito por Tomás Eloy Martínez, que en sus mismas páginas se encarga de hacer explícitas las licencias y operaciones narrativas que asume para escribir una novela que coquetea con la non fiction pero que se asume literatura.

La adaptación que llevan a cabo en el guion Marcela Guerty y Pamela Rementería, así como la dirección y puesta en escena de Rodrigo García, hacen un retrato preciso y verosímil de la época. Si la novela está plagada de potentes imágenes, ellos encontraron la manera de darles cuerpo y densidad.

Santa Evita no es estrictamente una biografía de Eva Perón, sino una novela que usa esos datos para narrar el derrotero de su cadáver. Si los meros hechos que investigó Martínez para reconstruir el periplo del cuerpo ya eran truculentos, su transfiguración en la ficción suma más elementos. La serie toma nota de ese rumbo y lo hace con las reglas de la TV actual: hay intriga, climas, tensión.

El otro gran acierto de la serie está en decidir contar una relación, la del siniestro Moori Koenig con la Eva muerta. Para poder entender esa obsesión, Santa Evita se arriesga con breves y logradas escenas sobre cómo era ese vínculo cuando ella vivía.

¿Hay cosas para criticarle? Por supuesto, desde algunas actuaciones subrayadas o disonantes hasta el elefante blanco de toda la serie: la peor peluca de la historia del cine, la que usa Darío Grandinetti para interpretar a Perón.

En contra: una oportunidad desperdiciada

Giuliana Luchetti

Desde que se anunció Santa Evita las expectativas estuvieron por los aires. Los tráilers, teasers e imágenes que se lanzaron alimentaron esa curiosidad por saber de qué iba la serie y por verla a Natalia Oreiro encarnando a una de las mujeres más importantes de la historia argentina. Sin embargo, una vez que los capítulos estuvieron libres para ver en Star+, el globo se desinfló.

En los últimos tiempos se realizaron, tanto en nuestro país como en el exterior, un sinfín de bioseries y biopics de personajes relevantes de la cultura o de la historia. En nuestro caso, se puede pensar en la serie de Monzón, la película de “El Potro” Rodrigo Bueno y la de Gilda, entre otras.

Si bien existen películas como Eva Perón, protagonizada por Esther Goris, o el musical Evita de Andrew Lloyd Webber y Tim Rice, esta es la primera vez que se inmortaliza la figura de Eva en una serie que se emite en una plataforma de streaming con un alcance tan enorme. Y el hecho de haber enfocado la historia en el morbo alrededor de su cadáver es, al menos, cuestionable (si pensamos en la riqueza y matices que tiene la historia de aquella primera dama).

Claro que, al estar basada en la novela best-seller de Tomás Eloy Martínez y ser una ficción, hay que tener en cuenta que los hechos narrados cumplen una función dentro de la historia y no necesariamente siguen al pie de la letra lo sucedido en la realidad. No obstante, la representación azucarada de los militares en la serie deja mucho que desear. Un ejemplo claro es la forma en la que se muestra al coronel Moori Koenig: como un hombre con miedo, enfermo, e incluso enamorado de Eva en vez de siniestro, obsesionado, violento y cargado de odio.

En cuanto a la interpretación que logró Natalia Oreiro de Eva Duarte, si bien físicamente fue espléndida y se puede percibir su búsqueda para tratar de emular los gestos e incluso la voz de la esposa de Juan Domigo Perón, en lo actoral se la nota un tanto dispersa. La Eva política, la Eva con Perón y la Eva en la intimidad parecen ser tres personas distintas.

Siguiendo con el personaje de Eva, otro momento cuestionable de la serie es cuando se hace un referencia a su labor en la Fundación. Esto no solo la deja muy mal parada, sino que además contradice todos los testimonios. Se insinúa que realmente no le importaban demasiado sus “cabecitas negras” y que les prometía cosas que luego no cumplía.

Asimismo, de la mano con el enfoque de la ficción, llama la atención que, una vez más, la historia de una mujer tenga como protagonistas a dos hombres: Carlos Moori Koenig (interpretado por Ernesto Alterio) y Mariano Vázquez (interpretado por Diego Vázquez).

En síntesis, con algunas tergiversaciones y atribuciones, la serie es una gran oportunidad desperdiciada, al volverse un relato audiovisual demasiado fiel al libro en el que se basa. De todas maneras, hay que rescatar que Santa Evita es atrapante y trasciende las apreciaciones políticas que se puedan hacer sobre los personajes presentados.

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