07/10/2022

Mirando la Hidrovía

Noticias sobre la Hidrovía

Entre celulares y cuentos: cómo evitar la distracción

Miramos el teléfono celular a cada momento, queremos revisar todo, incluso sin tener ninguna notificación.

Según un estudio de la empresa finlandesa HMD Global (fabricante de celulares Nokia), un ciudadano común observa, en promedio, la pantalla de su teléfono móvil unas 142 veces por día.

Si tomamos en cuenta que, en general, nos mantenemos en actividad unas 16 horas diarias (las ocho restantes las dedicamos al descanso), estaríamos revisando el celular cada siete minutos.

Sensación de vulnerabilidad

Entonces, la realidad nos indica que si lo perdemos de vista o nos damos cuenta de que no lo tenemos a mano, es como que entramos en pánico, nos falta el aire, la respiración se nos corta.

Nos sentimos vulnerables.

Obviamente que alrededor de las aplicaciones del celular gira gran parte de nuestra vida: la comunicación con los demás, las relaciones laborales, las económicas, las bancarias, las administrativas, de salud, de educación, etcétera.

Ese pequeño aparato ocupa un lugar tan preponderante y decisorio en cada uno de nosotros, que su sola sustracción nos deja a la intemperie. Su presencia en nuestras vidas es omnipotente.

Ante este escenario, ¿qué lugar ocupa la oratoria?

La importancia de la oratoria

Según la Real Academia Española (RAE), la oratoria es “el arte de hablar en público con elocuencia”. Es decir, no se refiere al mero hecho de hablar con otros; su finalidad es ayudar a las personas para que puedan transmitir un mensaje de una forma ordenada, con el objetivo de informar, de persuadir, de conmover a su público

¿Cuál es la importancia de la buena oratoria en el desarrollo personal y profesional?

Al aprender oratoria, nuestros alumnos consiguen vencer el miedo, aprenden a expresar buenos discursos, a captar la atención de la audiencia, a controlar sus emociones y, finalmente, a lograr transmitir el mensaje causando el impacto deseado en el oyente.

Ahora bien, estamos ante un gran desafío que es alcanzar la atención del público (sea en una clase, en una conferencia, en una charla, etcétera) que muchas veces se distrae de manera voluntaria o involuntaria.

Las distracciones conscientes son aquellas decisiones propias; por ejemplo, alcanzar el teléfono móvil o sintonizar la radio. En tanto, las distracciones involuntarias se representan a través de lapsus mentales como, por ejemplo, dormitar o pensar en algún problema personal o laboral.

Acciones contra la distracción

La distracción consciente podría evitarse, quizá, con la separación momentánea del celular dejándolo en un cesto ubicado al ingreso de una clase o una disertación.

Esto tal vez se podría concretar en un núcleo reducido de personas. Por ejemplo, vez pasada observé cómo un grupo de jóvenes apilaba sus celulares en el centro de la mesa que ocupaban en un bar, actitud que les permitió mirarse y conversar animadamente.

Como esta acción es dificultosa en convocatorias masivas, deberíamos hacer uso de una “exposición oral hechizante” (técnicas para captar la atención del público).

Contar o narrar constituye un arte inherente al ser humano, y la persuasión es el éxito del fin perseguido.

Hay que saber qué contar y cómo contarlo. La verdad es que, en ese sentido, poco se hace en las facultades y terciarios de educación respecto de la formación de los futuros profesionales.

El arte de narrar

No es frecuente enseñar el desarrollo del arte y la ciencia de contar. Se insiste en la presentación de trabajos escritos, pero nada de la oratoria. Si bien, algunas personas tienen cualidades innatas, lo cierto es que todos pueden aprenderla.

Para que no nos falte olfato, deberemos guiarnos al buscar el repertorio por lo que me dijo un día mi hijo: “Mamá, cuéntame un cuento que tenga ’y de repente’”. Ese ‘y de repente’ quiere decir que disponga de algún ingrediente que conmueva, que tenga emoción”

Dice la escritora chilena Gabriela Mistral: “Contar es la mitad de las lecciones; contar es medio horario y medio manejo de los niños cuando, en adagio, contar es encantar, con lo cual entra en la magia. Quien sabe contar donosamente, tiene aprovechado y seguro medio programa”.

Como docente, he leído un cuento a mis alumnos sobre hadas obreras y los he tenido dos horas como debajo de un hechizo. Sé que después de esa lectura sus miradas serán miradas nuevas y, seguramente, no saldrán del recinto áulico de la misma manera que ingresaron.

Hoy más que nunca, con tantos “distractores”, tenemos que planificar minuciosamente qué y cómo contar, en las diferentes exposiciones que nos toque participar.

* Secretaria general adjunta de Sadop (seccional Córdoba)

Ir a la fuente

close

Suscribite a nuestro boletín informativo diario. Completamente GRATUITO.

¡No enviamos spam!