01/10/2022

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Homenaje a Alejandra Pizarnik: 50 años de su fallecimiento

El lunes 26 a las 19 la propuesta gira en torno a la performance de Fernando Noy sobre Alejandra Pizarnik. Será una escenificación y lectura de los textos de Alejandra Pizarnik en la voz de Fernando Noy, una de las personalidades más originales e inclasificables de la cultura argentina. Legendario protagonista del under porteño, poeta de culto, performer, agitador cultural, decidor, actor, letrista, dramaturgo, periodista y traductor. Escritor prolífico cuyos poemas figuran en antologías de varios países, en diversos idiomas. Además, ese día en el patio central de la biblioteca, se inaugura la muestra Alejandra, una exposición de primeras ediciones, libros, traducciones y revistas publicadas desde la década del 60 hasta la actualidad.

El martes 27 a las 17:30 habrá un Oratorio a Pizarnik por Fernando Noy donde el escritor abordará los textos de Alejandra Pizarnik a partir de un enclave performático y poético, recuperando la voz y los diversos tonos de la poética de quien representa una de las voces más destacadas de la literatura Argentina.

El mismo día pero a las 19 se presentará el libro Enjambre Poético, una obra que reúne poemas de Fernando Noy de todos los tiempos editado por El Brote Editora. Una selección y curación realizada por Flor López que permite recorrer una voz histórica y legendaria como la de Fernando Noy. La presentación contará con la participación de Florencia López, Griselda Gómez y Leandro Calle.

Para cerrar este ciclo homenaje, el miércoles 28 a las 18:30 se presentará la performance poético musical inspirada en la pluma de Alejandra Pizarnik y fragmentos de cartas que la escritora intercambió con su analista, León Ostrov. Con la participación del locutor, escritor y recitador urbano Favio Lorenzin, la psicóloga, psicoanalista y escritora Florencia Mina y el violinista Federico Codorniu.

Alejandra Pizarnik

Nació el 29 de abril de 1936 en Buenos Aires (Argentina), en el seno de una familia de inmigrantes de Europa oriental. Cursó estudios de filosofía y letras en la Universidad de Buenos Aires y, algún tiempo después, de pintura junto a Juan Batlle Planas.

Entre 1960 y 1964 residió en París, ciudad donde trabajó para la revista “Cuadernos” y algunas editoriales francesas, publicó poemas y críticas en varios diarios, tradujo a Antonin Artaud, Henri Michaux, Aimé Cesairé, e Yves Bonnefoy, y estudió historia de la religión y literatura francesa en la Sorbona.

Muestra Pizarnik

Cuando regresó a su ciudad natal, publicó tres de sus principales volúmenes, “Los trabajos y las noches”, “Extracción de la piedra de locura” y “El infierno musical”, así como su trabajo en prosa “La condesa sangrienta”. En 1969 recibió una beca Guggenheim, y en 1971 una Fullbright. El 26 de septiembre de 1972, en Buenos Aires mientras pasaba un fin de semana fuera de la clínica psiquiátrica donde estaba internada, falleció de una sobredosis intencional de seconal.

Muestra Pizarnik

Al respecto de su figura, la periodista y escritora Griselda Gómez directora de la Biblioteca Córdoba, la recuerda en estas líneas:

Decir Alejandra… Por Griselda Gómez Ni vivos, ni muertos, los silentes fueron o intentaron ser a través de la noche, paredes atestadas de vocablos dispuestos estéticamente con la fascinación de las letras pintadas. Desbordó la lucidez y llegó la locura, el saber extremo del límite dio sus frutos. Desmedrar el grotesco y enaltecerlo, quizás allí tomaba consistencia el poema, la línea, entrelíneas que muestran causalmente la nada y el absoluto. Palabras surgidas del insomnio; no había tiempos de parálisis para ese vertiginoso desborde poético. La noche ejercía una inefable atracción al mismo tiempo que provocaba un temor envolvente y despiadado. Desde esa conjunción, Alejandra Pizarnik dibujaba el poema, dando testimonio de las luces y las sombras desde las que reclamaba por abandonos, desamores y olvidos. Adjetivó con ingenuidad y crueldad, desde los estados más variables, desde los recuerdos de infancia y su tan mentado autoexterminio. Recuperada en bosques y jardines, atada al silencio, con “poseídos entre lilas” la desencantada encantaba silenciosa desde las entrañas del corpus poético, convocando a extraños personajes en torno suyo. Ese precipitarse hacia el interior es la constante en la obra de Pizarnik, y quizás en ese arrojo radicaban interrogantes y respuestas, la transgresión del orden, anunciando un todo con plena conciencia del dolor y del delirio; con la responsabilidad ética de quien habita el lenguaje y se inscribe para siempre en el eterno muro del poema que no cesa. El mundo celebra la poesía “pizarnikiana” traducida a decenas de idiomas; las academias, las escuelas de psicoanálisis, los editores, siguen indagando en su obra; pasaron cinco décadas de su ida y siempre está de regreso. La poética de Alejandra nació trascendiendo los designios y se volvió eterna, más allá de todos los tributos posibles. Fue incansable, y nombrar su obra es también decir: ensayos, dibujos, periodismo cultural, correspondencia, traducciones de los más destacados poetas surrealistas. Pero decir Alejandra, sin estruendos, es poema mayúsculo, antes y después de nosotros. La unción del alma, el desprendimiento, la ferocidad de su ida, la breve y profunda estadía en este mundo donde siempre vuelve.

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