28/11/2022

Mirando la Hidrovía

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Los profesionales de la salud también somos trabajadores

Días atrás, un abogado cordobés publicó en este medio una columna de opinión titulada “El delito de abandono de persona y la atención médica”. En mi condición de presidente del Consejo de Médicos de la Provincia de Córdoba, no puedo permanecer callado frente a sus afirmaciones, que de manera lisa y llana agravian a todos los colegas que ejercemos la medicina con compromiso y pasión.

En primer lugar, sorprende el momento elegido para difundir su opinión sobre nuestro accionar: un contexto de alta sensibilidad, por el límite al que hemos llegado en cuanto al destrato y el magro reconocimiento económico a nuestra labor. En este escenario, en el que hay completa empatía con nuestra situación, es curioso este cuestionamiento injusto y agraviante, que suma un perjuicio más para nuestro sector.

Al aludir al delito de abandono de persona que establece el Código Penal, el abogado en cuestión, con total desaprensión e irresponsabilidad, supone –sin prueba alguna– que profesionales de la salud violamos por lo general nuestra “obligación ética y moral de atender, asistir y contener a toda persona en situación de crisis (de salud)”. Asombra la irresponsabilidad de tal presunción.

Toma alguna mera excepcionalidad –sustentada con un dato no probado– como la regla de conducta del profesional médico, y afirma con liviandad que “con alarmante frecuencia se advierten en distintos nosocomios conductas que exhiben de manera grosera el distanciamiento profesional o emocional y la ausencia de compromiso de los médicos, quienes en distintas funciones –sobre todo en institutos donde se ofrecen prácticas de alta complejidad, con inconveniente rotación profesional–, colocan en situación de peligro real a los pacientes; por lo general, individuos en situación de desamparo, indefensión y alta vulnerabilidad”.

Primero, no dañar

Primun non nocere, dice el adagio: primero, no dañar. La medicina moderna se ejerce intentando restablecer la salud, y en dicho proceso, evitar o minimizar los daños del paciente. La pandemia puso en evidencia cómo los médicos acompañan el sufrimiento y el dolor con su ciencia y con su humanidad.

Es inconcebible el abandono a sabiendas del paciente. No puede revalidar la praxis jurídica la creencia de ligar lo delictual al ejercicio profesional médico. Buscamos el bien, haciendo el bien. Aun cuando la ciencia no alcance, habrá un médico o médica en la soledad de una terapia para tomar la mano del paciente.

Desde que iniciamos nuestra formación, sabemos que es una de las pocas profesiones que se sustenta en un juramento que implica un sistema de valores y conductas solidarias con el paciente. A pesar de la crisis del sistema de salud –de la que no somos responsables sino víctimas, como los pacientes–, a los médicos nos encontrará en nuestros puestos de atención, en las guardias de los hospitales y exponiendo, como en el caso de la pandemia, la salud e incluso la vida al servicio de ese paciente que nos necesita.

No desviar la discusión

El abogado que escribió la mencionada columna se une así a una tendencia que comienza a generalizarse y que se expresa, por ejemplo, en la idea de que la “mala praxis” existe sólo para los médicos, a la que se une ahora una acusación de proclividad profesional al delito. Cada vez con mayor más frecuencia tenemos que salir a gritar que somos médicos (y antes que médicos, personas). Acusarnos de manera genérica es un atropello a la dignidad profesional, al tiempo que promover la judicialización atenta contra el ejercicio de la medicina.

Pretender desviar el eje de la discusión que atraviesa al sistema de salud provincial es, en el mejor de los casos, desconocer que los profesionales de la salud también somos trabajadores y que, como tales, merecemos condiciones dignas para el ejercicio de nuestra profesión y el mejor cuidado de la comunidad.

* Presidente del Consejo de Médicos de la Provincia de Córdoba

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