28/11/2022

Mirando la Hidrovía

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Promover el acceso a la red digital

La era digital dio al mundo la posibilidad de cambiar las formas de relacionarnos y de comunicarnos cotidianamente. Es casi imposible enumerar los beneficios y progresos en las más diversas actividades desde que esa revolución tecnológica cobró impulso entre las décadas de 1960 y de 1970, sobre todo en los países desarrollados.

Sin embargo, poco antes del nacimiento del siglo en curso, la digitalización también comenzó a mostrar su costado de flaqueza, de riesgos, de vulnerabilidad en el uso de sus plataformas.

La irrupción de los estafadores informáticos, de los inescrupulosos que utilizan las redes sociales para perpetrar delitos de instancia privada (por caso, la pornografía infantil) y de quienes denuestan a las personas amparados en el anonimato que dan algunos sitios de internet le bajaron en algo el precio a la confiabilidad del poderoso tiempo digital, también llamado Tercera Revolución Industrial.

Por eso la mayoría de los usuarios se ha puesto a resguardo de los embaucadores; de manera particular, las personas adultas mayores, quienes aparecen como las víctimas más vulnerables.

Pero, pese a las mencionadas contingencias, la conectividad digital ha dado pasos gigantescos en las comunicaciones de diverso orden y en facilitarle a la población la concreción de trámites de rutina que van dejando de ser patrimonio de la burocracia.

Como dimos cuenta en un informe periodístico que publicamos el lunes, la digitalización en la Argentina (y, por cierto, en todo el mundo) tuvo una aceleración impresionante durante los tiempos de confinamiento preventivo por la pandemia de Covid-19. Ello operó, como efecto, la disminución de personas que salen de sus hogares para ir a pagar un impuesto o la factura de algún servicio.

Pese a todo, siempre hay metas por cumplir. En este caso, vale mencionar a las familias que, por razones diversas, no tienen acceso a internet y quedan relegadas respecto de la mayoría digitalizada. Por eso se habla de los marginados digitales.

Por caso, chicos que no pueden conectarse a una clase virtual por carecer de una conectividad eficiente o por no contar con el dispositivo adecuado. Son, en rigor, los marginados de todo en un sistema social y económico perverso e inequitativo.

Es entonces cuando el Estado debe estar presente, de modo de congeniar las desigualdades y de proveer las herramientas indispensables para garantizar el derecho de todos a tener acceso a los beneficios de la comunicación y del aprendizaje. Son de elogiar, en ese contexto, algunos emprendimientos solidarios que abrigan esperanzas. En la citada nota del diario, se pone en recuadro la tarea que cumplen estudiantes de quinto año del colegio Ipem 156 José Manuel Estrada, de Río Segundo. Los alumnos brindan asesoramiento a adultos mayores con el fin de que aprendan a usar las múltiples plataformas disponibles en internet.

La sociabilización de la tecnología digital posibilitará que no haya excluidos ni que se agrave la brecha social que golpea en otros ámbitos de la vida.

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