08/12/2022

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Comentario de “El niño sirena”: amistad y agua salada para sanar heridas de gravedad

En 2019, Guillermo Baldo y La Mucca Teatro estrenaron La niña que fue Cyrano. En la obra, Valentina recordaba su niñez y su historia de amor con otra niña, Roxy. La propuesta tuvo un gran recibimiento entre el público adulto e infantil.

Como reveló el director en ese momento en diálogo con VOS, no tenían experiencia en teatro para niños previamente. De la inexperiencia y el éxito, Baldo pasó ahora a bucear en aguas turbulentas y profundas, y salió airoso de ese viaje al fondo submarino con cuidado, gracia y belleza: El niño sirena tiene como temática principal el abuso infantil. Estrenó en el Festival de Teatro Córdoba para la Infancia y la Juventud y le queda una función el próximo domingo 27.

Así dicho y sobre todo para quienes no estén al tanto de su trabajo anterior, escuchar eso puede disparar sentimientos encontrados. Por un lado, la curiosidad de ver cómo se cuenta un tema tan difícil. Por el otro, el impacto de pensar en pasar la tarde un domingo en compañía de tal temática.

Pero el agua salada cura todo, dicen. Y la obra de Guille Baldo (con codramaturgia con Ricardo Ryser) está repleta de la oscuridad inabarcable pero sobre todo de la belleza y fuerza del mar, del amor y la amistad.

La importancia de la voz propia

Adrián es un niño sociable y extrovertido con una gran voz y que ama cantar. Un verano va de vacaciones a la playa y se hace amigo de Greta. Al verano siguiente vuelve y Greta nota algo: su amigo está callado y no quiere jugar. Pero no le dice por qué. Luego, Adrián queda atrapado en las profundidades del mar y tendrá qué descubrir qué tiene que hacer para volver a la superficie.

El viaje de Adrián es acompañado por un trío de peces que son los narradores que hacían falta. Hablan en verso, riman, hacen preciosa música en vivo, son divertidos e hilan el paso de una escena a otra, de metáfora a metáfora, de cada paso que Adrián dará en su viaje, para que nadie se pierda.

Recuerdos de Adrián vuelven en ese viaje por las profundidades de un mar que tanto da miedo y amenaza con ahogarlo para siempre como también protege y es escape de la preocupación de los que lo quieren, que le pesa. Sus padres o sus maestros aparecen mitad peces, mitad personas, con interacciones medidas y claves. El humor tiene la medida justa, acompañado por las virtudes de la tonada cordobesa, por momentos.

Porque nada sobra, y pequeños detalles son clave. La escenografía, simple pero poderosa, se transforma para, junto con la iluminación, transmitir los cambios de ánimo de Adrián.

Aunque no hay canciones ni interacción con el público, no hay preguntas lanzadas a los pequeños espectadores, los niños no pierden ni un segundo de una obra necesaria, que con un pulso adecuado logra la difícil tarea de que no sea pesado hablar de abuso infantil. Como a su protagonista, invita a “recuperar la voz” y dispara otras charlas necesarias.

“En una sociedad donde constantemente se generan universos separados para las infancias y los adultos, que una función de una obra de teatro pueda ser un espacio de encuentro e intercambio entre generaciones resulta un gesto político”, dice Baldo. Y El niño sirena hace una invitación tan bella como ineludible a escuchar esas voces propias, cada una con su propio valor, y hacerlas dialogar.

Para ver

El niño sirena. Funciones los domingos de noviembre a las 18 en el Teatro Real (San Jerónimo 66). Duración: 55 minutos. A partir de los 9 años. Entradas: $500. Disponibles en autoentrada.com y en boletería del teatro hasta antes de la función.

Dirección: Guillermo Baldo. Dramaturgia: Ricardo Ryser – Guillermo Baldo. En escena: Matías Etchezar, Eugenia Hadandoniou, Diana Lerma, Lautaro Metral, Pedro Parolini, Eric Venzon, Florencia Boasso, Carolina Godoy. Xavier del Barco. Voz en off: Oscar Mercado. Asistente repositor: Eric Venzon. Diseño y operación de sonido: Horacio Fierro. Músico compositor: Juan Ceballos. Diseño lumínico: Estefanía De Gennaro. Diseño escenográfico: Kirka Marull. Diseño de vestuario y cabezudos: Carolina Figueroa y Billy Petrone. Asesoramiento físico: Matías Etchezar. Ilustración de gráfica: Kirka Marull y Horacio Fierro.

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