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Qué es el don de madre

    Presenciar el don de ser madre te deja ver y ver la hermosura de la vida. Lo que se expresa mucho más precisamente que jamás a lo largo del desarrollo de desarrollo de su hijo. Y es en este día a día con su hijo que le devuelve muchas esperanzas de futuro.

    En el momento en que la Majestad del cielo vino con apariencia de criatura y fue encomendada a María, ella no tenía bastante que prestar por tan hermoso don. No podía enseñar regalos exóticos, como los reyes magos de Oriente que fueron a Belén. Solo trajo unos cuantos tórtolas, la ofrenda señalada para los pobres; pero el Señor lo consideró un sacrificio aceptable. La madre de Jesús no fue rechazada por la pequeñez de su oferta, por el hecho de que el Señor mira la intención del corazón. Su amor la transformó en una dulce ofrenda. Además, Dios aceptará nuestra ofrenda, por pequeña que sea, si es todo cuanto tenemos la posibilidad de darle con amor. —The Review and Herald, 9 de diciembre de 1890.

    La madre de Jesús, sostenida por el amado acólito Juan, prosiguió los pasos de su Hijo hasta el Suplicio.

    Ser madre, el milagro de realizar vida

    Y exactamente este es el punto insalvable, por el hecho de que la vida es el hecho mucho más prodigioso que creó la naturaleza. Y a la mujer se le dió el gran obsequio de llevar a cabo eso viable, y en este momento ser testigo coprotagonista del milagro que ocurre en ella.

    En esa mujer que comienza a ser madre, hay una célula fecundada que al unísono almacena el misterio de la vida. Uno que va a estar presente entre el resto en nueve meses. Esos 270 días forman un jalón para la pareja que concibió. Y la madre que transporta al bebé en su vientre siente cada modificación, cada avance, cada angustia, cada alegría, cada destello de vida. De esta madre brotará un ser capaz y hermoso, con conciencia y aptitud para llevar a cabo y modificar el mundo. Y quien lo parió lo sabe por el hecho de que indudablemente su hijo cambió el mundo para él.

    Rayo, madre del corazón

    María del Rayo, es niñera en Casa Hogar en el Estado DIF ya hace 4 años y medio. Resaltó que no tuvo hijos biológicos, pero el enorme amor que tiene se lo da a los pequeños que tiene bajo su precaución.

    “Merced a Elvira Barrantes llegué a trabajar. En el momento en que entré donde estaban los pequeños, sentí tanto amor por ellos y hasta la actualidad; para mí, los pequeños pequeños y los enormes son lo mismo y los amo”.

    Ser madre, el milagro de hacer vida

    Y este es exactamente el punto insalvable, pues la vida es el hecho mucho más prodigioso que creó la naturaleza. Y a la mujer se le dió el enorme don de llevarlo a cabo viable, y de ser testigo ahora la vez coprotagonista del milagro que se está generando en su seno.

    En esa mujer que comienza a ser madre, hay una célula fecundada que paralelamente almacena el secreto de la vida. Uno que va a estar presente entre el resto en nueve meses. Esos 270 días forman un jalón para la pareja que concibió. Y la madre que transporta al bebé en su vientre siente cada modificación, cada avance, cada angustia, cada alegría, cada destello de vida. De esta madre brotará un ser capaz y bello, con conciencia y aptitud para hacer y editar el planeta. Y quien lo parió lo sabe pues su hijo indudablemente cambió el planeta para él.

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